A decir verdad, éste no es el primer papelón del gobierno y es probable que no sea el último. Para refrescar memorias podemos citar algunos, como la intrépida aventura de la ministra de Desarrollo Social, secundada por el senador Lorier, para arreglar el motín organizado por sus "chiquilines". O la ministra del Interior, transformada en amazona de floreado atuendo, pasando revista a los coraceros, con música de fondo previa, como el bolero Bésame Mucho, por no hablar de su foto en la ducha o las declaraciones del ministro Ganadería, Agricultura y Pesca, después de su excursión en helicóptero este verano, diciendo a posteriori que la sequía no era para tanto, habiendo visto charcos por varios lados.
Pero la anunciada conferencia de prensa de la ministra de Salud Pública el miércoles, además de papelonesca, resultó muy preocupante. Para peor, habiendo viajado a Europa la semana pasada a la reunión de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, para presentar ante los ojos del mundo, los planes de contingencia elaborados por la cartera a su cargo, para luchar contra la amenaza de la gripe A. Lo escuchado en dicha ocasión fue de una incompetencia manifiesta. Al punto de que en lugar de brindar tranquilidad a la población, como era de esperar, lo que provocó fue el efecto contrario. Avivó la desconfianza, al saberse que uno de los contagiados ni había sido puesto en conocimiento de su situación, ni se le había recomendado su aislamiento, para que no anduviera por ahí, contagiando a otra gente, en absoluta contradicción con lo expresado por la ministra ante los micrófonos.
Tanto así que el joven, quien había tenido la precaución de hacerse el examen al saber de gente que había estado con él en un torneo hípico en Argentina había enfermado con este virus, recién se enteró de su condición ¡al ver el informativo! Lo cual quiere decir que no se había cuidado especialmente para no agravarse y de haberse empeorado por ello, hubiera sido no sólo una consecuencia lamentable, sino una grave falta de responsabilidad de parte de Salud Pública. A esta inconsistencia se agrega un buen número de potenciales infectados, del momento en que el enfermo estuvo circulando y en contacto con varias personas.
No es admisible, que si la actual coyuntura se considera tan peligrosa, y la ministra hace una presentación internacional respecto de las medidas planeadas para combatir cualquier riesgo de epidemia, no haya tomado las debidas precauciones para asegurarse de lo que estaba informando y de que los cuidados para lidiar con este caso, uno solo, dado que el segundo se atendió dentro del sistema privado, se hubieran aplicado correctamente. Porque cuando está la salud de la gente de por medio, no es cuestión de "como te digo una cosa te digo la otra".
Una pandemia como la llamada gripe española de fines de la primera guerra mundial, que produjo un reguero de 50 millones de muertos, dejó algunas enseñanzas. Una de ellas fue, que tratar de ocultar lo que sucede, por el motivo que sea (no crear pánico, no ahuyentar turistas, momento electoral o lo que sea) es un error que se paga muy caro. Sin embargo, a partir del brote de este virus A N1H1 y la inmensa reacción mundial, se perciben asimetrías que no dejan de llamar la atención respecto de actitudes oficiales o de las reales motivaciones detrás de campañas de salud o alertas sanitarias. Como la producida anteriormente con la gripe aviar, cuyos malos efectos finalmente fueron mucho menos tremendos de lo que se vaticinaban, pero hicieron aumentar enormemente la venta de ciertos productos farmacéuticos. Muchas son las enfermedades infecciosas que atacan a los humanos, como la malaria, el cólera, la fiebre amarilla, etc. que no son una novedad muchas de ellas, pero siguen matando a millones de personas, sobre todo en las zonas más pobres del planeta.
Por ejemplo el dengue, sobre todo el hemorrágico que puede volver a contraerse, a diferencia de la gripe A y en esa instancia es letal. En Argentina, al 17 de mayo había más de 23.600 infectados y 5 muertes. Pero el gobierno no permitió la declaración de emergencia, mientras por otro lado provocó un fuerte entredicho internacional con México, a raíz de la gripe A, al prohibir los vuelos hacia y desde ese país, de compañías mexicanas y argentinas, si bien los viajeros de otras líneas aéreas, no tenían problemas. Así pasó a un segundo plano el problema con el dengue, que disminuyó con el frío, pero sólo por el invierno.