Concentrados en nuestros propios avatares, a veces deberíamos prestar más atención a lo que pasa en los países vecinos, pues serviría para aprender que las cosas no son tan lineales como parecen. Serían lecciones que servirían, por ejemplo, a la Coalición Republicana.
Hasta hace unas semanas, la gente daba por seguro que la oposición en Argentina ganaba las elecciones. Hoy muchos ya no lo apostarían. La coalición opositora, Juntos por el Cambio, se presenta a las elecciones internas de agosto (las “PASO”) con dos precandidatos duramente enfrentados al punto que parecen ser de partidos antagónicos.
En un país sumido con una pobreza que abarca al 40 por ciento de la población, una inflación galopante, con reservas que se van drenando día a día y una economía paralizada, las divisiones internas de la oposición alarman. Se precisa mucha fortaleza política no solo para ganar, sino para gobernar. Y nada de eso muestra Juntos por el Cambio con sus precandidatos viviendo en mundos enfrentados.
Asimismo, lo que al principio fue una desconcertante jugada del oficialismo, se transformó en una interrogante: ¿y si al final gana Javier Massa? ¿Si ante una oposición que se destroza a sí misma, se abre una rendija para que el oficialismo siga por un período más?
Insólita como parece, la pregunta empieza a tener asidero. A esa realidad deberían prestar atención los partidos políticos de acá y en especial los de la coalición de gobierno. Habrá internas en un año y cada partido hará competir a sus precandidatos a la presidencia. Esas son las reglas y es bueno que quienes aspiran al más alto cargo dentro de un mismo partido, rivalicen para conseguir el favor del electorado. Mostrarán matices en sus programas y personalidades. Hasta ahí, lo razonable. Pero no pueden destrozarse unos a otros al punto de alejar a quienes desean que la coalición continúe con lo iniciado en 2019.
Por lo tanto, no pueden emular lo que ocurre con la coalición opositora en Argentina.
La designación del candidato kirchnerista sorprendió. Lo avaló la vicepresidenta Cristina Kirchner, aunque no era su candidato preferido. La presión de los gobernadores provinciales peronistas que creían que el ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro, que ella proponía, no atraería votos, llevó a una solución resuelta entre gallos y medianoches.
Sin embargo, en pocos días esas desordenadas filas peronistas comenzaron a reorganizarse y se instaló la idea de que Massa, al final de cuentas, no era tan mal candidato como parecía. Sí, es alguien que vuelve tras haber renegado del kirch-nerismo y es el ministro de Economía que prometió reducir lo inflación y no lo logró. Pero con todos esos defectos, sin embargo fue aceptado por las huestes peronistas y se lo muestra como un candidato potable y hasta agradable.
Es muy raro todo, pero si ese proceso se afianza, mucho tendrán que agradecerle los peronistas a Bullrich y a Rodríguez Larreta.
El clima de enfrentamiento en la coalición opositora, podría eventualmente ceder. Pero los plazos son cortos (internas en agosto y elecciones en octubre) y es lícito preguntarse cómo se zanjarán diferencias tan abismales en poco tiempo y al hacerlo, convencer de que son genuinas.
La coalición gobernante en Uruguay tiene características diferentes a la de Juntos por el Cambio, pero si se parecen es en su complejidad.
La forma en que una coalición que pretende volver al gobierno, decanta sus candidaturas es aún más complicada. Habrá una primera interna en la que cada partido definirá a su candidato. Pero la primera vuelta tiene visos de segunda interna al imponer al candidato definitivo.
A diferencia de 2019 ya no se trata de una elección donde deba criticarse a un gobierno desgastado que hacía los cosas mal. A pocos le importará que se insista en los pecados cometidos entre 2005 y 2020. Los hubo y algunos muy serios, pero no serán parte del debate que viene. Lo que importará es marcar por qué es bueno que la coalición siga gobernando, por qué los logros deben ser defendidos, mantenidos y mejorados, por qué no le hará bien al país el retorno de un Frente Amplio que querrá (parafraseando a Carlos Real de Azúa) ponerle un freno al impulso que tiene la actual gestión de gobierno.
Para que ello no ocurra, debe evitarse el ejemplo de la coalición opositora argentina y saber que es bueno marcar los matices, pero sin dejar de levantar la bandera de una causa común, que no solo es ganarle al FA, sino transformar el país.