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La Intendente de Montevideo carece de sentido republicano. Esta afirmación no se realiza a la ligera, en su breve y torpe gestión se encuentran ya varios episodios que demuestran el aserto, del que por cierto ya tenía antecedentes en sus cargos públicos anteriores también.
La dificultad que tiene para distinguir lo que es la acción del Estado con la de su partido y la burla a las normas básicas del Estado de Derecho ya no sorprenden, pero deben llamarnos a reflexionar qué gobernante elegimos para nuestra capital y tenerlo en cuenta si es que aspira a mayores responsabilidades.
La semana pasada, tomó estado público gracias a la prensa que la Intendencia de Montevideo había donado equipamiento, remeras y mochilas, al partido político Frente Amplio para apoyarlo en su campaña en favor de la derogación parcial de la ley de urgente consideración. Así, sin medias tintas, la Intendencia de Montevideo entendió que podría regalarle recursos públicos al mismo partido que la gobierna, y el partido político aceptó esta donación sin miramientos. Hasta que el tema llegó a la prensa.
Conocidos los hechos, tanto la Intendencia como el Frente Amplio salieron al unísono a manifestar que se trataba de un “error” y que la donación debía retornar a 18 de julio y Ejido. En un primer momento, la intendente Cosse declaró que el autor reconoció su error y que con eso el tema estaba cerrado. Al otro día se supo que Marcelo Signorelli, director de la Secretaría de Educación Física, Deporte y Recreación, a quién se adjudicó la ejecución de la donación, había presentado renuncia. La Intendencia también informó que se realizaría una investigación administrativa para conocer mejor los hechos.
Este hecho, minimizado por Cosse quien incluso en un primer momento manifestó que con un reconocimiento del “error” era suficiente, es de una gravedad inusitada. No se puede entender como a alguien se le puede haber ocurrido que estaba bien transferir recursos públicos al Frente Amplio, salvo que se confundan estos bienes con los del partido y lamentablemente, esta confusión entre lo estatal y lo partidario es habitual en Cosse.
Basta recordar acontecimientos anteriores, como el reparto de donaciones de canastas del Frente Amplio con cartas de esta organización política que iba a realizar la Intendencia que finalmente también fue abortada. O la incorporación a la intendencia de personal que había trabajado con Tabaré Vázquez justificado en que era un favor político.
O haber pintado todos los semáforos del color de la campaña de Cosse, ese verde fluorescente que hasta pintó por entero una plaza pública, al peor estilo de los gobernadores provinciales argentinos.
Este populismo típico del peronismo argentino que combina la apropiación indebida del Estado con la propaganda partidaria desde las instituciones públicas es extraordinariamente grave.
También hay que recordar que puso a TV Ciudad al servicio de su partido, con programas partidarios, guionados, conducidos y con invitados solo de su fuerza política, algo nunca visto en la historia del Uruguay y que ni el propio Frente Amplio había hecho a nivel nacional en los 15 años previos. Quienes no aceptaron ser títeres de las autoridades de la intendencia debieron renunciar, lo que también fue público y notorio.
Los antecedentes, entonces, se suman, y dejan de ser casos aislados. Carolina Cosse tiene tendencias absolutistas, su equipo cercano comparte o se ha adaptado a esta mentalidad de la que Signorelli, aparentemente si fue realmente el responsable de la donación, no era ajeno.
Este populismo típico del peronismo argentino que combina la apropiación indebida del Estado con la propaganda partidaria desde las instituciones públicas es extraordinariamente grave y la sociedad uruguaya no se ha alarmado lo suficiente.
Ni Tabaré Vázquez ni José Mujica tuvieron estos “errores”, los suyos eran de otro tipo. El peronismo a la uruguaya de Cosse es una importación peligrosa para la democracia y la República y no debe subestimarse. Un “error” puede entenderse como una excepción o un caso aislado, una serie de “errores consecutivos” no. “Dos es una mera coincidencia; tres, una confirmación.” escribió el genial escritor Jorge Luis Borges.
Cinco, seis o siete como en el caso de Cosse es otra que confirmación, es una acción contumaz.
Los ediles de la oposición hacen bien en marcar a fuego estos temas. Las autoridades de los partidos a nivel departamental también. Pero es un tema de suficiente entidad para trasladarlo a otros ámbitos nacionales, antes de que la podredumbre y la corrupción conceptual siga avanzando haciendo un daño terrible a nuestras mejores instituciones y costumbres.