En los últimos días, a partir de que el “experto” en seguridad del Frente Amplio fuera por lana a declarar como testigo por el caso Astesiano y saliera esquilado como indagado, las opiniones del partido opositor sobre la Justicia y la fiscal Gabriela Fossati dieron un giro de 180 grados. Desesperados por el cambio de situación, en que el Frente Amplio queda en el barro luego de la insólita operación de Leal intentado algo con el padre de Astesiano “de apariencia delictiva” que aún no se dilucida pero que huele feo de Montevideo a la Barra del Chuy, salieron en malón a atacar a una fiscal que días atrás alababan por la condena lograda al excustodio presidencial.
Entre la dirigencia frenstista, a puertas cerradas, se reconoce que lo de Leal fue un error grave y absurdo, ya que no se explica -pensando bien- que pudo haber ido a buscar viajando cientos de kilómetros para reunirse con el padre de Astesiano. Lo reconoció con hidalguía públicamente Danilo Astori, pero fue el único. Los demás dirigentes frentistas decidieron respaldar a Leal, uniendo la suerte de su partido a la oscura maniobra del agresivo “experto”.
El inefable Fernando Pereira, que hace rato perdió toda credibilidad en su grotesco esfuerzo por encontrar algo cada día para pegarle al gobierno, defendió con firmeza la desleal acción de su correligionario. Haciendo el ridículo manifestó que toda persona es libre de reunirse con quien quiera, lo que va de suyo, pero eso no quiere decir que reunirse con el padre de un delincuente al que conoce en medio de un proceso judicial no se parece demasiado a una reunión social. Quizá Leal y Astesiano padre simplemente tomaron caipirinha y comieron ticholos, pero dado que no tenían una relación previa no parece lo más factible. Algo pasó que la fiscal Fossati encontró de “apariencia delictiva”, que más temprano que tarde sabremos de que se trata y, una vez más, Pereira quedará en una posición insostenible pero que no deja, a esta altura, de provocar hilaridad.
Más preocupante aún fueron las declaraciones del senador Alejandro Sánchez que directamente arremetió contra la Justicia. Fiel a su sector, que es demócrata cuando ganan las elecciones y va a las armas cuando le conviene más, se habla bien de la Justicia cuando le gustan sus fallos y se la atropella cuando no le simpatizan. Sánchez opinó que el acuerdo alcanzado fue “raro y sorprendente” y que “a mí me genera muchas dudas”. Lo cierto, sin embargo, es que el acuerdo alcanzado está muy cerca de la máxima pena posible para el imputado, por lo cual las críticas muestran un gran desconocimiento del tema o una intencionalidad política manifiesta. Si lograr una pena mayor era prácticamente imposible, incluso yendo a juicio y embarcándose en un proceso que podía durar años, ¿a cuento de qué viene el cuestionamiento del legislador tupamaro?
A cuento de que unas horas antes saltó el escándalo de Leal y el Frente Amplio pasó de acusador a acusado. Insólitamente, por la impericia o vaya uno a saber que más de Leal, el principal partido de la oposición se encuentra que por sus propios errores el primer político indagado de este celebérrimo caso viene a ser un político frentista. A partir de esta incómoda situación es que se critica a una fiscal que ha actuado en forma impecable y que no había merecido ningún reparo de nadie hasta este momento. Que al Frente Amplio le duelan prendas es natural, su credibilidad ha quedado comprometida al embanderarse con la lóbrega actuación de Leal, pero de allí a cuestionar a la Justicia media un paso que no debería haber dado un partido político equilibrado y sereno. Por el contrario, tanto Pereira como Sánchez demuestran el enorme nerviosismo y radicalización que domina a un partido que de aquel profundamente equivocado pero principista que supo liderar Líber Seregni solo le queda el nombre.
Lo interesante del caso es que ahora nos encontramos otra distinción clave entre la Coalición Republicana y el Frente Amplio. Los primeros respaldan el funcionamiento y la independencia de la Justicia, como corresponde al buen funcionamiento de un sistema democrático liberal y los segundos la cuestionan, tratan de amedrentar a una fiscal impecable y no creen en las instituciones republicanas. Los mismos que homenajearon como visitante ilustre al sangriento dictador nicaragüense Ortega y hoy se niegan a quitarle esa condecoración, atacan a la Justicia uruguaya cuando no les gusta lo que hace. La diferencia, al fin y al cabo, es entre demócratas y quienes solo lo son en apariencia cuando les conviene, pero no creen en la libertad como sí lo hace nuestro actual gobierno.