A poco menos de un año de las elecciones internas se van resolviendo temas estratégicos claves para el posicionamiento de cada uno de los partidos. En particular, el Frente Amplio (FA) avanza en definiciones importantes.
Por un lado, el FA ha decidido que abrirá el juego a alianzas de centro-izquierda que le permitan acumular votos sin que ello implique una adhesión formal a la coalición fundada en 1971.
El escenario es conocido y ya fue puesto a prueba por Vázquez, que en 1994 inició el camino de la normalización de la imagen del Frente Amplio en un sentido de desradicalización con la formación del Encuentro Progresista y con la candidatura a la vicepresidencia de Nin. La suma ahora procederá de un proceso similar, que seguramente tendrá por nombre “nueva mayoría por Uruguay”.
Allí convergerán un conjunto de notables figuras izquierdistas o filo- izquierdistas que, o bien están dolidas con actuaciones pasadas del Frente Amplio, o bien no terminan psicológicamente de aceptarse frenteamplistas, y que por tanto les es humanamente más aceptable alinearse tras un conglomerado que no se llame FA, aunque en definitiva sirva electoralmente a los fines del FA.
Esa alianza podrá transmitir a la ciudadanía algo que es clave para captar voluntades en favor del FA: que vive y late con las prioridades y los sentimientos izquierdistas, pero que no acepta errores graves del pasado del FA.
Por lo tanto, suma sí, pero desde fuera. Así, algo tan sencillo que amaña identidad y prurito moralista-políticamente correcto, es valorado por el FA como un mecanismo útil para sumar votos pensando en octubre de 2024.
Por otro lado, ese mismo FA que procura estirarse hacia el centro con alianzas para ganar en primera vuelta, o al menos hacer del balotaje un mero trámite, recibe fuertes presiones para izquierdizar su discurso.
No solamente por el peso que los comunistas tienen dentro de la izquierda, sino también y sobre todo porque desde su aliado sindical se está gestando un plebiscito constitucional con el objetivo de anular la reforma de la seguridad social que acaba de ser aprobada en el Parlamento.
En efecto, ya el Partido Socialista ha dicho que está de acuerdo con esa iniciativa; y ya la precandidata Cosse ha señalado que podría transitarse ese camino.
Será cuestión de algunas semanas o meses más para que todo el FA termine así alineado tras el Pit- Cnt en esta iniciativa plebiscitaria constitucional.
Y el asunto no es sencillo, ya que entonces el Frente Amplio deberá decir a la ciudadanía que quiere voltear la reforma, pero también deberá decirle cómo es que estima que podrá efectivamente lograr un consenso dentro de la izquierda para llevar adelante una reforma distinta, cuando ya todo el mundo sabe que en los 15 años pasados no lo lograron y que, por cierto, hay diferencias importantes sobre este asunto dentro de la coalición de izquierdas.
Y ya todo el país entendió que la reforma del sistema que había era absolutamente necesaria.
La pregunta es por tanto obvia: ¿cómo hace la izquierda para aparecer sumando voluntades frenteamplistas y no frenteamplistas, es decir la “nueva mayoría por Uruguay” por un lado, y aceptar llevar adelante una campaña radicalizada por otro lado.
Campaña, además, en la que se dirá pestes de la reforma de la seguridad social aprobada -con declaraciones demagógicas incluidas, claro está-, en una aceptación de un plebiscito constitucional liderado por su aliado sindical con potentes voces comunistas?
La respuesta es sencilla y está en el fondo de la historia del Frente Amplio: esta coalición hará las dos cosas a la vez sin prurito ninguno, y serán los que ofician de moderados los que terminarán inclinándose tras las demandas de los más radicales.
Antes, cuando el astorismo era fuerte, ese papel de sumar desde el centro para que terminaran gobernando sobre todo los tupamaros, lo cumplía ese sector del FA. En 2024, serán los izquierdistas de la nueva mayoría los que harán ese trabajo, y a nadie le parecerá extraño ni equivocado.
El FA se alineará tras la reforma plebiscitaria y al mismo tiempo procurará seducir no-frenteamplistas moderados con el tinglado de la “nueva mayoría por Uruguay”: como te digo una cosa, te digo la otra. Y todos tan campantes como siempre.