Milei o Massa, he ahí el dilema

Habrá una segunda vuelta en Argentina y para quienes no votaron a ninguno de los dos candidatos que irán a ella, la alternativa es endemoniada.

Dos propuestas opuestas, es verdad, pero ambas presentadas en un mismo envoltorio de demagogia, populismo y escasa seriedad.

No dio con la talla Patricia Bullrich, la candidata perdedora que se presentaba como la más sensata y prudente en un país devastado por una inflación galopante, una devaluación constante, una temida inseguridad y crecientes índices de pobreza. Su grupo “Juntos por el Cambio” estuvo dividido por inexplicables internas y ninguno de sus líderes se ocupó de afrontar ese problema y presentar una coalición unida con un plan claro y un equipo cohesionado. A eso se sumó la total falta de carisma de Bullrich.

Milei o Massa. He ahí el dilema.

Visto desde esta orilla, solo se puede decir que tenemos suerte de no estar en esta encrucijada, ya que no es nuestra. Es que sin duda se trata de elegir entre dos candidatos que mejor hubiera sido que nunca llegaran a este lugar.

Hay analistas que hace rato vienen diciendo que las chances de que Sergio Massa termine siendo presidente, eran altas. No porque tuviera méritos para ello, sino por la forma en que se terminarían dando las barajas. Queda todavía una jugada más para ver si aciertan. Massa, a la vez que candidato, fue todo este tiempo ministro de Economía. Vino a acomodar las cosas y solo las empeoró. No arregló nada, pero se presenta como el mejor presidenciable. Y además, lo votan.

En la provincia de Buenos Aires, él y su correligionario Axel Kicillof sacaron 45% de votos y quedaron muy lejos de sus rezagados adversarios. Kicillof fue reelecto gobernador de esa provincia, la misma que todos los días es tema por sus escándalos de megacorrupción y por la cantidad de robos, asesinatos y otros crímenes que atemorizan a la población. La gente tiene miedo, se queja ante los noticieros que cubren esos hechos violentos, pero luego vota a los mismos que acusan de ser responsables de tanta inseguridad.

Si antes de la elección había dudas sobre la solidez e integridad de ambos candidatos, sus discursos tras la primera vuelta, aclararon todo.

Borraron con el codo todo lo dicho a lo largo de estos meses. Su afán de seducir a ese tercio que no los votó pero que define el balotaje, es tan descarado que no tuvieron empacho en dejarlo en evidencia.

Tras mostrar un rostro sereno y aplomado en contraste al delirante acto de cierre de campaña tres días antes, Javier Milei lanzó sus dados. “Tabula rasa” dijo al anunciar que había que empezar de nuevo y dejar atrás la larga lista de insultos groseros y soeces que lanzó a sus adversarios hasta hace tan solo tres días atrás. ¿Es tan fácil olvidar lo dicho?

Massa por su parte, envió señales a los dos candidatos menores y a los radicales, socios de Juntos por el Cambio. No mencionó ni una sola vez a Cristina Kirchner ni al presidente Alberto Fernández, de quien es su ministro de Economía. ¿Se trata entonces del fin del kirchnerismo? Tal vez, pero por cierto no termina el peronismo, que siempre se su-po reciclar. De Perón a Menem y de este a los Kirchner. Quizás haya ahora una nueva etapa con un peronismo de Massa.

De todos modos, lo que hizo el domingo de noche fue mostrar una realidad color rosa para seducir al tercio que ahora hay que atraer.

A ellos dijo que esperaba merecer su confianza. Massa, que estuvo con Cristina, que estuvo en contra de ella, que volvió al redil y que siempre tuvo una excusa para explicar por qué las cosas empeoraban en lugar de mejorar.

Ese es el panorama que deja la primera vuelta electoral argentina.

Milei dijo que era una elección histórica. Quizás lo sea: nunca antes Argentina enfrentó una elección (ni en primera ni en segunda vuelta), con candidatos tan pobres, con un nivel tan bajo.

Van ya casi 20 años (con el breve corte de Mauricio Macri) de populismo rampante en Argentina.

Es triste comprobar que cuando todo indicaba que se podía romper con el kirchnerismo nefasto, las opciones que se le ofrecen al electorado no hacen más que augurar o la continuidad del actual populismo peronista, o el surgimiento de otro tipo de populismo.

Este mes, en que la campaña se concentrará en Milei o en Massa, habrá que estar atentos a cómo ambos evolucionan, a si son capaces de generar algún tipo de esperanza.

No será fácil, pero por el bien de Argentina, es de esperar que pese a lo ominoso que parece todo hoy, al final surja algo bueno de todo esto.

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