Los sindicatos y el Frente Amplio

Y el Pit-Cnt habló. Con voz que parece venir del más allá, como si fuera una poderosa divinidad pagana, anunció que convocaría a un plebiscito para que mediante reforma de la Constitución, se pusiera fin a la ley Jubilatoria aprobada hace pocos meses.

No todos los sindicatos estaban de acuerdo con esa decisión y tenían buenos argumentos para ello. Pero desde lo alto del Olimpo, los grandes dirigentes lograron que no hubiera vuelta atrás en lo resuelto.

Con esto, la central sindical demuestra dos cosas. La primera, una carencia total de imaginación. Ante cada escollo que no le gusta solo sabe hacer dos cosas: paros y juntar firmas. Por lo general, las dos a la vez. No se le ocurre nada más y además se cree genial por el solo hecho de repetir siempre la misma fórmula.

La decisión puso en un brete al Frente Amplio cuyos principales dirigentes no están de acuerdo con esta estrategia o, en algunos casos, no emiten opinión. Hay excepciones que provienen de dirigentes sindicales devenidos en políticos. Por lo tanto, siguen pensando como sindicalistas que no saben como operar en el terreno político, que es uno muy distinto.

Hay hechos viejos que es bueno recordar. El Pit-Cnt ya llevó adelante una campaña de recolección de firmas para liquidar las Afap (su actual estrategia también apunta a lo mismo) y le fue mal. No solo porque las firmas no alcanzaron sino porque dejaron en evidencia sus métodos poco honestos para alcanzar el objetivo.

Ya nadie habla de eso, pero fue algo vergonzoso que hubiera desprestigiado a cualquier otra organización. Por un lado se hicieron sorteos con premios para “atraer” más adherentes, pero más grave aún fue que se duplicaron firmas, casi todas ellas truchas. Quien tenga memoria recordará que el entonces líder frentista, Líber Seregni, firmó varias veces. No es que haya sido él, sino que alguien lo replicó. Casos así hubo varios, con lo cual en medio de una celebración triunfante, entregaron las firmas a la Corte Electoral, haciendo creer que las tenían pero sabiendo que no era así. Si después en el recuento faltaban, el problema ya no era de la central sindical, sino de la Corte.

Aquel fue el mismo Pit-Cnt que hoy convoca a una nueva recolección. Poca confianza entonces, se le puede tener a un sindicalismo que va a contracorriente de la población.

La decisión de convocar un plebiscito para eliminar las Afap puso en un brete al FA, cuyos principales dirigentes no están de acuerdo con esta estrategia o, en algunos casos, no emiten opinión.

Habrá que ver que hace el Frente Amplio. Dice que no quiere la consulta pero los antecedentes muestran que al final termina cediendo. Le tiene miedo al Pit-Cnt. Ya pasó con la LUC y así le fue.

Por ahora, sus argumentos son contundentes. No se cambia una ley con una reforma constitucional, como bien lo sostuvo el senador por el MPP Alejandro Sánchez.

Es que el Frente Amplio sabe que no hay alternativas a la ley vigente. Es esto o el sistema de previsión social se funde. Sabe que estando en el gobierno eludió el bulto, con la esperanza que otro lo arreglara. Tenía las cosas claras, pero no asumió su responsabilidad. Basta ver los dichos en aquella época, tanto de Danilo Astori como del expresidente José Mujica. Ambos hablaron de que había que subir la edad de retiro. Astori llegó a decir que las modificaciones debían ser tanto en la edad de jubilarse como en los montos.

Yamandú Orsi, precandidato por el Frente a la presidencia, se pronunció en contra de este intento. No fue el único; otros fueron el propio Mujica, Alejandro Sánchez, como ya mencionamos, y el senador Mario Bergara.

Orsi aclaró, sin embargo, que se atendría a lo que el Frente Amplio decidiera. Mala señal. Si quien pretende ser candidato y por lo tanto, eventual presidente de la República, está dispuesto a acatar una decisión partidaria que va en contra de lo que piensa, ya está indicando que será un presidente débil y sumiso, incapaz de convencer a los suyos.

En su camino a esa pretendida presidencia, el primer paso para Orsi debería ser el de convencer al Frente que tiene razón. Que sus argumentos corresponden a los de un partido que no se someterá a los intereses de un sindicalismo radicalizado e irracional, sino que actuará con la responsabilidad de quien entiende las complejidades del arte de gobernar.

La gente, le guste la ley o no, sabe que no puede, con su firma, avalar una condena a las generaciones venideras. No habrá un apoyo entusiasta y militante hacia la ley, pero sí una racional comprensión de que esta es la solución y que el gobierno hizo bien en asumir que había que hacerla ya. Eso explicaría por qué el Frente prefiere no ir al plebiscito: le iría mal.

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