Los pasos dados en comercio

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Al comenzar un año nuevo y pese a que aún estamos en pandemia, hay algunos balances que se pueden hacer respecto a decisiones y rumbos tomados por el gobierno, que son positivos.

Esto es notorio en cuanto a la política de apertura comercial al mundo y también a posturas que definen una firme política exterior. De ambos temas hemos hablado en editoriales anteriores, pero no está demás revisar los hechos a modo de balance. La verdad es que lo se ve es muy promisorio.

Cuando asumió el gobierno, se enfrentó a una realidad compleja. Su antecesor había intentado abrirse a nuevos mercados y acordar tratados de libre comercio, pero con escaso éxito (a no ser el acuerdo con Chile). Ello se debió, en parte, a una cerrada negativa del partido al que pertenecía ese gobierno (el Frente Amplio) a fomentar una apertura comercial. Pero en parte también había un razonable temor a que de ir en esa dirección, crujiera la pertenencia uruguaya al Mercosur, sin contar con una alternativa en caso de que estallara una crisis.

Esto cambió con el nuevo gobierno al aplicar una sutil y delicada estrategia aún en curso. Por un lado estableció en el Mercosur, la idea de que era necesario flexibilizar su funcionamiento y que no cedería en su objetivo. Si bien ello no parece haber gustado a todos los socios, por ahora Uruguay mantiene su determinación de abrirse al mundo sin irse del Mercosur.

Tal postura tiene un alto grado de fragilidad y siempre hay que considerar la posibilidad de recurrir a un plan B llegado el caso. Pero en ese contexto, Uruguay comenzó conversaciones con China, se interesó en la posibilidad de hablar con Turquía y en un viaje presidencial a Catar, mostró interés en negociar también allí. Por esa vía mandó además una clara señal de su disposición a conversar con otros países.

La pandemia no frenó a Uruguay. Al contrario, aprovechó para ganar terreno cuando el mundo estaba quieto. Sacó ventaja de las desventajas.

Ante algún indicio de celos por parte de Estados Unidos, Uruguay también dejó claro a Estados Unidos que su proyecto no era quedarse con un único socio comercial pero que para ello los norteamericanos debían dar un paso. Y si bien parece aún lejano, el país no debe descartar un eventual tratado con el Reino Unido y ya debería tender puentes en esa dirección.

Firmado y sellado, no hay aún ningún tratado. Pero si se considera que hace dos años no había ni siquiera la pretensión de abrirse comercialmente, lo avanzado impresiona. Lo interesante además, es que todo se hizo cuidando el flanco del Mercosur, a quien se le envía un claro mensaje de que a Uruguay le interesa seguir siendo parte del bloque, pero que a la misma vez le es vital hacer acuerdos bilaterales con otros países.

Nada se improvisó. Basta repasar cronológicamente el proceso desde que comenzó: el encuentro de Lacalle Pou con Alberto Fernández en Anchorena, su viaje a Brasilia para hablar con Bolsonaro, la venida del presidente paraguayo Mario Abdo a Punta del Este, los planteos en las cumbres virtuales de Mercosur y lo que derivó de ellos, el anuncio de las tratativas con China, la visita de jerarcas norteamericanos a Montevideo, el viaje a Catar y el anunció de un posible interés turco. A eso se suman viajes del canciller y de la ministra de Economía. Hay todo un proceso que responde a un objetivo claro y definido.

La pandemia no frenó a Uruguay. Al contrario, aprovechó para ganar terreno cuando el mundo estaba quieto. Sacó ventaja de las desventajas. Hubo determinación, en especial del presidente que además encontró un canciller dispuesto a acompañarlo.

El otro tema que importa señalar en materia de política exterior ha sido el de enviar a la comunidad internacional un claro mensaje de que Uruguay, por ser un país de fuerte matriz democrática, cuestiona la presencia de dictaduras en América Latina: las de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

El mensaje implica decir por un lado, que no se rompen relaciones diplomáticas con esos países ni se cortan los intercambios comerciales en caso de haberlos. Sí se cuestiona en cambio que estos países puedan tener voz en los organismos regionales, más cuando en ellos rige la “clausula democrática”. Y se insiste en señalar la gravedad de que en dichos países, regidos por déspotas, se violen los derechos humanos, se encarcelan opositores, se cercenan las libertades y se opriman a sus pueblos.

Con esas credenciales Uruguay participó de una cumbre promovida por el presidente Joseph Biden con el objetivo de fortalecer la democracia, que en muchos países del mundo pasa por una fase crítica.

En esos asuntos está Uruguay.

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