Los nueve y Argentina

Es muy importante prestar atención al profundo cambio de política exterior que viene implementando Milei en Argentina. Uno de sus últimos anuncios en torno a la conformación de un bloque de diez países latinoamericanos alineados con “los valores de la libertad”, para retomar la ya clásica expresión del presidente argentino, es parte de ese cambio.

La iniciativa no parece presentar un formato muy novedoso. Hubo, en efecto, algo parecido con el grupo de Lima, formado en 2017, que tenía a Argentina como protagonista junto a países como Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, y cuyo principal objetivo era coordinar acciones en torno a lo que ya se sufría como una crisis venezolana grave en la región. Aquello terminó diluyéndose, y Buenos Aires se retiró del grupo en 2021.

Sin embargo, ahora hay tres novedades que plantean un panorama diferente al de hace casi una década. En primer lugar, es claro que el principal país del nuevo grupo, por peso demográfico, amplitud territorial, riqueza nacional, lugar histórico, y proyección internacional, es Argentina. En segundo lugar, ese protagonismo argentino cuenta, además, con una asociación estratégica con Estados Unidos que sitúa a Buenos Aires como el principal aliado de Washington en Sudamérica: alcanza con recordar la enorme ayuda financiera que la administración Trump brindó al gobierno de Milei en octubre del año pasado, en plena campaña de desestabilización kirchnerista para hacer fracasar al oficialismo, para tener claro la profundidad y fortaleza de ese vínculo bilateral.

En tercer lugar, los nueve países latinoamericanos que parece están dispuestos a formar un polo con Argentina -Bolivia, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú- cuentan con gobiernos que comparten ciertos valores que van más allá de la coyuntura regional en torno a tal o cual crisis política o económica. En palabras de Milei, Buenos Aires está trabajando para que ese bloque se “plante frente al socialismo” que, hoy en día, tiene esencialmente en la región a tres grandes protagonistas: Brasil, Colombia y México.

Hay un dato importante en toda esta coyuntura para este 2026: en los dos países sudamericanos representantes de ese “socialismo” al cual hay que hacer frente según la diplomacia argentina, habrá elecciones presidenciales. Puede ocurrir entonces que cambien de signo político por decisión popular. Por lo tanto, estarán naturalmente los dos llamados a integrarse a esta iniciativa argentina. Esa puerta abierta está esperando evidentemente también la normalización democrática de Venezuela para integrarla en un bloque regional que sirva de apoyo y sume esfuerzos para su reconstrucción económica, social y política, que es el enorme desafío nacional que tiene Caracas para los próximos años.

Habrá que ver qué éxito pueda lograr esta iniciativa diplomática argentina en el largo plazo. Empero ella brinda desde ya tres importantes señales. La primera refiere al retorno del protagonismo de Buenos Aires completamente alejado de la línea política fijada por Brasilia. Es una novedad muy importante que no ocurre en Sudamérica hace muchas décadas y que, obviamente, tendrá también consecuencias sobre el Mercosur.

En segundo lugar, si la iniciativa perdura Buenos Aires habrá encontrado una plataforma de expansión de su influencia en la región acorde a los nuevos tiempos. En definitiva, habiendo dejado atrás el marasmo económico y social del kirchnerismo en el poder, logrará liderar una agenda reformista y de desarrollo que la pondrá naturalmente en su lugar de liderazgo, ese que había estado opacado por el monopolio de Brasilia durante lustros.

Finalmente, toda esta iniciativa se alinea a la actualización de la Doctrina Monroe que Estados Unidos ha fijado para América en los próximos años. Desde su lugar de socio estratégico de Washington, Buenos Aires organiza así una coordinación diplomática que sin duda cuenta con el apoyo de la principal potencia mundial ya que, en definitiva, ella se plantea como objetivo conjugar valores de libertad y democracia que son los mismos que movilizan la acción del secretario de Estado Rubio para toda Latinoamérica.

Todo lo que está ocurriendo en este 2026 en materia diplomática en la región es muy importante. Cambia los paradigmas con los que se han interpretado las relaciones exteriores en las últimas dos décadas. Es necesario pues que nuestra cancillería tome nota de todo ello y actúe con pragmatismo.

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