Los “ejemplos” de Boric y Petro

Los dirigentes e intelectuales que orbitan en torno al Frente Amplio tienen un defecto habitual. Casi una perversión. Y es enamorarse de cuanto demagogo y cantamañanas aparece por América Latina defendiendo las virtudes morales del socialismo.

No importan sus antecedentes. No importa su preparación. No importa de quién se rodea, o cuáles son sus propuestas. Alcanza con que meta un par de veces la palabra “solidaridad” en sus discursos, que hable bastante de “colectivos”, y defenestre a los empresarios y a Estados Unidos, que se compran el paquete entero. Ni hablar si el líder en cuestión llega a ser alguna apelación a temas sentimentales, o se pone romántico hablando de las magníficas intenciones que tendría de llegar al gobierno. Ahí, cualquier atisbo de sentido común va a la basura.

Las evidencias concretas dejan en claro que este tipo de liderazgo termina siendo nefasto para los países. Solo que cuando estos se dan cuenta, a veces ya es tarde, como estamos viendo hoy en Colombia y Chile.

En Colombia, por ejemplo, acaban de concluir las elecciones territoriales, en las cuales el presidente Gustavo Petro recibió una paliza. La abrumadora mayoría de las gobernaciones, y la totalidad de las ciudades más importantes del país, han quedado en manos de la oposición. Incluso en Bogotá, el opositor Carlos Fernando Galán (hijo del Galán asesinado por Pablo Escobar) se impuso al candidato apoyado por Petro por una diferencia tan amplia que no hizo falta una segunda vuelta.

Este resultado no puede ser sorpresa para nadie que siga la política colombiana. Petro viene siendo un desastre desde que asumió el poder, con una economía en caída, denuncias de corrupción por todos lados; un presidente que vive obsesionado por pelearse con mandatarios y figuras extranjeras en las redes. El apoyo popular a Petro se ha desbarrancado desde que asumió, y hoy más del 60% rechaza su gestión.

Casi la misma cantidad de gente que rechaza al gobierno de Gabriel Boric en Chile, donde su desaprobación “mejoró” en las últimas semanas de 63% a 61%. Todo en el contexto de un gobierno que también viene barranca abajo, con la economía cayendo, la violencia subiendo, y un clima de crispación social doloroso.

Algo a lo que no ha contribuido el propio presidente Boric, que apelando a las páginas más oscuras de la izquierda regional, se ha dedicado las últimas semanas a arremeter contra los diarios, a los que acusó de pintar un panorama siniestro de la realidad de Chile. Mientras que el mandatario cree que todo va bárbaro.

La realidad es que Chile, que supo ser la economía más pujante de América del Sur, verá contraer su PBI este año, en el marco de una caída de la inversión, y el temor de muchos empresarios al futuro del país. A esto hay que sumar los fuertes focos de violencia en las regiones del sur, que han llevado a Boric a declarar estado de emergencia en esas regiones, pese a que en campaña aseguraba que eso era una muy mala medida.

Claro que el gran golpe que se llevó Boric fue con el famoso proyecto de reforma constitucional, un delirio colectivista y refundador, al que la abrumadora mayoría de los chilenos dio la espalda. Pese a lo cual, los sectores vanguardistas iluminados que siempre acechan en cualquier conglomerado de izquierda regional, insisten en que todo fue un tema de mala comunicación o un complot de “la derecha”.

Pero la situación política de Chile y de Colombia es problema de los chilenos y los colombianos. Aquí el tema nos interesa porque hay amplios sectores del Frente Amplio que festejaron las victorias del Petro y Boric como propias. Y los pusieron como ejemplo del camino que habría que seguir en nuestro país.

No hablamos aquí solo de los delirantes de siempre, los líderes del PCU o del Partido Socialista, o los dirigentes del puñado de ONGs “compañeras” que siempre están con el mismo discurso filochavista. Hablamos incluso de gente que suele posar de “moderada”, formada, y que no se cansaban de elogiar el sensible y emotivo liderazgo de estos personajes, así como sus opciones para conducir la economía de sus países. Cuando Petro eligió a José Pedro Ocampo como ministro de Economía, algún prestigioso economista local dijo que “había encontrado a su Astori”. Le duró 10 minutos.

Si algo hay que aprender de estos fracasos, es que los discursos como el de Petro y el de Boric, más allá de emotivas intenciones, llevan al desastre. Y que hay que cuidarse mucho de sus aplaudidores locales, porque cuando la cosa se da vuelta, miran para otro lado.

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