Oh! ¡Curioso! El F.A. y los grupos de izquierda, luego de haber hablado una y otra vez sobre la necesidad de la transparencia y de conocer toda la verdad, ahora están en contra de la decisión del gobierno de hacer públicos los últimos archivos aparecidos, atacando sin cesar al ministro de Defensa, Javier García, quien con solvencia e infinita paciencia responde los cuestionamientos de quienes no aceptan que se conozcan los archivos militares, la subversión, los muertos y los desaparecidos. Más allá de que cada tanto, se sabe de alguien que vive o acaba de morir, y cuyos deudos durante años han cobrado el resarcimiento económico asignado durante el primer gobierno de Vázquez.
Una situación diametralmente opuesta a la de los asesinados por la guerrilla, a los cuales nunca se le reconoció ningún derecho ni recibieron nada. Luego del tibio intento del presidente Tabaré quien no insistió en absoluto, al ser contrariado por su partido. Ahora el Poder Ejecutivo envió un proyecto de ley que pudo ser sancionado al no dominar la izquierda ambas cámaras, como en los 3 períodos previos. Al fin termina la injusta discriminación entre unas muertes y otras.
Aduce el FA y adláteres, que existen temas privados sobre las torturas y vejámenes infligidos por los interrogadores militares que no deben trascender, aunque se ha establecido que lo que sea de índole personal se resguarde. Da la impresión de que no aceptan la apertura sin que haya un filtro que impida conocerse lo que ideológicamente no les conviene. Por ejemplo, el interrogatorio de algún activista sospechoso de saber dónde estaría secuestrado, como ser, el fmbajador británico Jackson, algún empresario local, o quien guardaba el producto de los secuestros extorsivos, del atraco a una sucursal bancaria o el paradero de los lingotes robados al Sr. Mailhos. En los interrogatorios buscan información, sus métodos son horribles y si el cuestionado no tiene la respuesta buscada para librarse de los apremios, puede que denuncie a alguien o se ofrezca a informar sobre algo interesante para sus captores. Es posible que a muchos no les resulte oportuno que ciertas cosas se conozcan. Inclusive, algún dato comprometedor referido al cobro de dineros del Estado.
O simplemente podría tratarse de obstruir al gobierno como sea y en todos los escenarios. Aunque parezca un dislate el antagonismo a una decisión que concuerda con los habituales requerimientos de la izquierda. La gran ironía es que en una reciente marcha, donde habitualmente se reclama “conocer la verdad”, se oyeran encendidas críticas contrarias a esta iniciativa gubernamental que apunta, justamente, a transparentar lo vivido en ese triste pasado. Pero en cuestión de poner palos en la rueda a todo lo que haga o proponga el gobierno, los ejemplos abundan. Resistieron el anuncio de una rebaja de impuestos; el director por el FA en OSE, Ortuño, se opuso siempre a las medidas para enfrentar los problemas de la gran sequía; a la construcción de una nueva reserva preventiva, a pesar de que en los gobiernos anteriores fueron omisos en tomar precauciones. Impulsan un plebiscito para derogar la Reforma de la S.S. y proponen cambios no viables, aun cuando es una necesidad imperiosa adaptarla a las nuevas circunstancias. Y la lista continúa…
La extraña filtración de una abultada documentación llegada a manos del ministro, afirmó la postura que desde el 2022 hiciera conocer. García reiteradamente ha reivindicado la vocación clarificadora de esta Administración en lo que concierne al pasado reciente, (el cual nunca debiera aislarse de su contexto) siendo esta en la que más respuestas objetivas se han cursado a los pedidos de acceso a la información, tribunales de honor y todo tipo de esclarecimientos referidos a los derechos humanos. Sin embargo, hay otros archivos a los que hasta el día de hoy, casi nadie ha tenido acceso. Los llamados Archivos Berruti, así con nombre propio, salvo unas pocas personas que llegaron a ellos y una publicación parcial realizada por Brecha, ningún otro uruguayo los ha podido ver.
El grupo Crysol se queja de no haber ido a la comisión parlamentaria, denuncia que va muy rápido, aun cuando el ministro les aclara, y a los periodistas también, que “el proyecto ya tiene 4 meses de presentado. Un tiempo más que suficiente, aparte de que cualquiera puede pedir ser recibido en la Comisión”. Si bien nadie lo hizo. A excepción del propio ministro, dado que el trámite iba tan lento que percibió olor a “cajoneo”. Con su larga experiencia parlamentaria, lo detectó.