Lo que nos muestra Ancap

La semana pasada cerró sin ofertas el proceso licitatorio que había emprendido Ancap con el fin de buscar un socio privado que remodelara e hiciera viable su negocio de producción de pórtland y cal. Fue una mala noticia para el país que, seguramente, haya sido muy festejada en los círculos sindicalistas e izquierdistas que están absolutamente enfrentados al gobierno en este tema.

Se trata de un enfrentamiento tan grave como ilustrativo de qué sindicalismo y qué izquierda están vigentes hoy en Uruguay. Ancap dejó en claro, con cálculos serios e incluso en algunas dimensiones conservadores, que en los últimos veinte años sus pérdidas por el negocio de cal habían significado al país la friolera de 800 millones de dólares.

Es una cifra enorme, que como los recursos del Estado son limitados, implicó que esos mismos centenares de millones de dólares faltaron para, por ejemplo, la salud pública o la infraestructura en educación pública: lo que siempre hay que entender, es que lo que hubo que poner en Ancap en todos estos años salió de otra parte y perjudicó por tanto el desarrollo de otras áreas del país.

Además, se trata de un negocio que sigue dando pérdida: este año Ancap deberá volver a poner 25 millones de dólares en ese rubro deficitario. Esto quiere decir que toda la sociedad uruguaya, a través del encarecimiento de sus combustibles, por ejemplo, financiará el déficit de la producción de cal que hace ya más de 20 años que da pérdidas, y lo hará en una cifra que sería un ideal formidable, por ejemplo, como refuerzo presupuestario para la Universidad de la República o para cualquiera de las dependencias estatales que tanto bregan por obtener más recursos para sus tareas.

El sindicalismo y la izquierda no solamente han apoyado este modelo de pérdidas millonarias en Ancap y con costos sociales enormes para los que más precisan, sino que decidieron boicotear lo más posible este proceso de alianza que viene procurando ser una solución para resolver el problema a largo plazo. Y tan ha sido ese el objetivo izquierdista, que se aprovechó una parada técnica obligatoria de la refinería de La Teja para tomar medidas tales que multiplicaran por cinco y en cientos de millones de dólares los costos de la empresa, al obligar a hacer mucho más lentamente esa tarea técnica específica.

En concreto, la resolución sindical fue que como Ancap no paró el proceso licitatorio, el régimen de trabajo definido por los agremiados terminaría encareciendo en cerca de 400 millones de dólares el reacondicionamiento técnico de la refinería de La Teja.

Mientras que todo esto ocurrió a vista y paciencia de todos los uruguayos, la izquierda política no solamente no se alineó del lado del sentido común y de la defensa de los intereses del país, sino que criticó cambios en el proceso de licitación y dio siempre señales de estar alineada con las posiciones del sindicato de Ancap.

Y esto es muy importante, porque uno de los motivos centrales que seguramente hayan decidido a los potenciales interesados en la licitación de Ancap a finalmente no presentarse, es el clima de confrontación que la izquierda ha generado con este tema.

En efecto, ¿qué empresario va a querer asociarse en un negocio de largo plazo que precisa de fuertes inversiones y que además ya vive en un mercado de competencia, cuando su futuro aliado vive una especie de revolución proletaria -hecha por los gordos sindicalistas locales- que es capaz no solamente de tomar medidas que perjudican tan fuertemente a Ancap, como en el caso de las demoras en los reacondicionamientos de la refinería de La Teja, sino que, además, cuenta con el apoyo tácito (cuando no incluso explícito) del principal partido de oposición que compite con chances de alcanzar nuevamente el poder el año próximo?

Francamente, la respuesta evidente es ninguno: nadie va a querer meterse en un berenjenal de enfrentamientos sindicales y políticos que incluso pueden llegar a ser más graves en un futuro cercano.

La irresponsabilidad que desde hace tantos años muestra toda la izquierda en Ancap es algo que debe ser señalado con fuerza y vigor por parte de los partidos de la Coalición Republicana. Hay que explicar y hacer entender que la montaña de plata que se ha perdido allí, y que se sigue perdiendo, perjudica al país en sus políticas sociales -que no pueden contar con esos recursos-, y en su mundo productivo -que sufre el encarecimiento de uno de sus insumos de producción-. Es muy importante que quede muy claro.

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