"Lo compadezco..."

NO se puede decir todavía cuál será el resultado de las reuniones interpartidarias que se llevan a cabo buscando entre las colectividades políticas con representación parlamentaria, el consenso necesario para poder elaborar políticas de Estado en materia económica, de relaciones exteriores, y educación. Se conoce el origen de la convocatoria de Tabaré Vázquez a este diálogo. Se había trabado prácticamente de salida la segunda fase de la transición —la integración de los órganos de gobierno y administración luego de completarse el gabinete— cuando sorpresivamente Vázquez condicionó a la segunda fuerza política del país, al Partido Nacional, la integración de estos organismos por representantes de los demás partidos, a la concreción de acuerdos programáticos en lo referente a los bancos oficiales y a la educación. Entonces, al tocarle el turno al Partido Colorado, el Dr. Julio María Sanguinetti propuso esta idea que ahora se está ejecutando. Algunos piensan que el ex Presidente procuró de esta manera desempantanar el estancamiento político, otros que lo hizo con la intención de recuperar un protagonismo político muy comprometido debido a un colapso electoral importante de su Partido y puede ser también, que las dos sean las motivaciones que inspiraron la propuesta que de inmediato aceptó y puso en práctica, el Presidente electo.

ES evidente que como el propio Dr. Sanguinetti lo señaló, no se van a conseguir ni debe ser esa la intención, unanimidades. Ya son notorios los puntos en los cuales se manifiestan las mayores discrepancias: la introducción del Impuesto a la Renta a las Personas Físicas o su inclusión en el sistema tributario como gravamen eje del equilibrio del mismo. La idea de politizar el Mercosur y poca cosa más en un país que forma parte de un universo en el que hay mucho por hacer, pero muy poco para inventar. Nadie se va a oponer por ejemplo, a un Plan de Emergencia Social para contemplar a los más necesitados, que pueda además financiarse razonable y equilibradamente. Pero permítasenos tres reflexiones como al pasar, con relación a este punto. Primero que el nombre de la intención cae muy bien, pero no se conoce en detalle cómo se va a implementar, y se corre el riesgo que se transforme en un mero ejercicio de asistencialismo, lo cual no solucionaría nada. Segundo, que llama la atención que las futuras autoridades del Ministerio a crearse, que tendrá por cometido llevar el plan adelante, recién ahora se hayan dedicado a recorrer el país para el relevamiento de datos que se deberían conocer de sobra, vista la insistencia con que se machacó este compromiso en la campaña electoral. Y tercero, que en un país como el nuestro, reconocido como de los más destacados en el mundo en lo que se refiere a la justa distribución de ingresos, sin dejar de admitir que existe pobreza y marginalidad, habrá que poner mucha atención para que la ejecución del plan en lo inmediato, no se transforme en una compra de votos para el Frente Amplio, con miras a las próximas elecciones departamentales. La tarea se la ha encargado a los comunistas, que son especialistas en estos fichajes. No estamos afirmando nada, pero el derecho a la sospecha no nos lo puede quitar nadie.

LO cierto es que Uruguay está dando un ejemplo de civismo al mundo, al transmitir la imagen de todo el sistema político dialogando entre sí, para buscar la mejor manera de ingresar a la etapa de cambio político más significativa de su historia, y procurando superar las rispideces naturales a las discrepancias y a las secuelas que seguramente dejó, como las dejan todas las de su género, la pasada campaña electoral.

Por supuesto que no se lograrán unanimidades. El problema consiste en saber qué actitud adoptará el gobierno ya pronto para asumir, en tanto se mantengan ésas y quizá alguna otra discrepancia que pueda surgir. No está clara la actitud del gobierno en lo que refiere a la representación en estos directorios de los partidos tradicionales, quienes de no estar no podrán ejercer en consecuencia, el contralor de gestión que corresponde a las minorías. Y que no se argumente con que anteriormente, salvo en el período de la primera presidencia del Dr. Sanguinetti, el Frente estuvo ausente de dichos organismos. Fue así, efectivamente, pero esa actitud respondió a la decisión sostenida e inquebrantable de la izquierda que ahora reclama "lealtades institucionales y oposiciones constructivas", rechazar sistemáticamente y sin excepción, todo lo que desde el gobierno del país pudiera plantearse, entre lo cual su integración en estos cargos. Pero si ahora no se diera acceso a los partidos a la tarea de contralor de la gestión política de la administración en su conjunto, y ni qué decir en cuestiones de la trascendencia de la educación, el gobierno electo se equivocará.

COMO bien se le señaló en la sesión inaugural de estos diálogos, el primero que está muy lejos de concitar unanimidades en su propio seno, es el propio Frente Amplio —porque si algo ha quedado en evidencia desde las elecciones en adelante es que los desacuerdos y los enfrentamientos son permanentes y nada hace prever que no continúen a partir del primero de marzo— y lo que con altanería política amenaza hoy con prescindir, mañana podría tener que salir a buscar para poder gobernar. Y esta, insistimos, no es una hipótesis de fantasía. En 1974, cuando López Michelssen asumía la Presidencia de Colombia, Harold Wilson le preguntó cómo se manejaría con el Parlamento y el requerido contestó que bien, pues su partido tenía mayoría. "Lo compadezco", reflexionó el Primer Ministro inglés. Ello sin perjuicio de reiterar una vez más, que las mayorías absolutas, si logran continuar siendo mayorías sin descomponerse por dentro, se sostienen mucho mejor cuando conceden garantías a los demás, que cuando las niegan.

Por eso, al estilo de la película de James Bond, "nunca digas nunca".

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