Las víctimas de la guerrilla

Tuvieron que pasar más de 50 años para que se haga justicia con las víctimas de la guerrilla. Aunque no se pueda creer, recién después de tanto tiempo se ha votado una ley de reparación histórica que faltaba. Tardía pero válida, porque es mejor ahora que nunca. Mejor que la indiferencia en buena medida cómplice o el relato mentiroso de quienes o no han querido reconocer el daño infligido a muchas personas a raíz de su mesianismo desvariado. O de los que cínicamente piensan que su causa les otorgaba el poder de decidir sobre la vida de los otros. De secuestrar, de matar y lesionar, a veces para toda la vida. Físicamente o psicológicamente. El accionar cruel y terrorista del grupo del MLN, de los Tupamaros, no hay que olvidarlo. Esa nefasta herencia del movimiento subversivo que desestabilizó a nuestra democracia e hizo salir de los cuarteles a los militares, con todo lo que bien sabemos vino después.

Fue ante el caos y el temor extendidos en los que vivía la gente que podía morir de pronto de un balazo o convertirse en rehén, que el gobierno de la época pidió auxilio a las Fuerzas Armadas para combatir los peligros de la escalada guerrillera.

La que a consecuencia desembocó en otra tragedia, una dictadura de once obscuros años. Si bien debe ser destacado que no fue como otras que se entronizan en su poderío “per saecula saeculorum”, como por ejemplo, el régimen comunista de los hermanos Castro en Cuba. Con delfín heredero (Días Canel), incluido.

Sobre la tan vilipendiada (por la izquierda) teoría de los dos demonios, no habría más que pensar en el hijo de ese señor Burgueño, quien pacíficamente esperaba en una parada la llegada de un ómnibus hasta caer repentinamente asesinado. Muerto solo por encontrarse en el camino de aquellos que se sentían grandes héroes del momento.

Y como si hubiese sido una gran obra, la de estos jóvenes engreídos o de los ilusos engañados con el cuento de que se gestaban planes dictatoriales en la cúpula gubernamental, en vez de dejar en el pasado el desgraciado episodio, todos los años se organizan celebraciones en recuerdo de lo que se ha dado en llamar la to-ma de Pando. Como si de una hazaña heroica se tratara.

Es justo compensar de alguna manera, después de tres intentos fallidos, a quienes sufrieron la pérdida de algún familiar a manos de la guerrilla.

Ni que se asemejaran a los valientes ucranianos que desde hace más de un año luchan contra los invasores rusos en defensa de su patria... Para quien por razones profesionales tuvo que adentrarse en cuclillas hasta la maloliente y claustrofóbica mazmorra donde ni siquiera podían estar de pie los secuestrados, absurdamente bautizada como “cárcel del pueblo”, donde estuvieron durante interminables meses encerrados el embajador Jackson, de Gran Bretaña, el banquero Frick Davie u otros varios como el presidente de UTE, Ulysses Pereira Reverbel, (cautivo en dos ocasiones) o el empresario Ricardo Ferrés en otros inhumanos cubículos, es evidente que atrocidades hubo de ambos lados.

Pero hay que tener claro que fueron “aquellos polvos los que trajeron estos lodos”.

Lo cual contrasta con una constante narrati-va que entre otras cosas se propuso silenciar a los damnificados por la actuación guerrillera. Se ha ocultado su existencia en los libros de historia, relativizado su importancia por no haber sido atacados por la represión del Estado.

Se impidió en varias legislaturas que el país les reconociera sus derechos tan humanos como los de los suyos. La izquierda y los simpatizantes de la guerrilla, infiltrados en los distintos sectores culturales de la sociedad como los centros de estudio de Primaria, Secundaria, Magisterio y la Universidad, sumados al de los artistas, la intelectualidad y la academia, se han dedicado a implementar las instrucciones filosóficas del comunista Antonio Gramsci en pos de inculcar sus ideas a todo nivel.

Es justo compensar de alguna manera, después de tres intentos fallidos, a quienes sufrieron la pérdidas a manos de la guerrilla. Como con Carlos Burgueño, cuyo hijo con todo derecho y gran dignidad ha insistido en un reclamo de reparación moral.

Lo han sufrido otras familias, como las de los jóvenes soldados acribillados por estar cumpliendo con su trabajo. O la fría “ejecución” del hombre que se encontró en un campo, con una tatucera excavada por el grupo terrorista.

La Coalición Republicana presidida por Lacalle Pou dio lugar al proyecto presentado por Cabildo Abierto y aunque sin los votos del Frente Amplio, se ha convertido en ley. En el año 2023, una mayoría en el Parlamento acaba de esta forma con una inaceptable discriminación.Editorial

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