Publicidad

La “ultraderecha”

Compartir esta noticia

El reciente resultado de las elecciones europeas, donde se ha producido un impactante avance de los grupos calificados como de “ultraderecha”, en especial en Francia y Alemania, obliga a reflexionar sobre algo mayor, más trascendente. ¿Será que estamos ante el fin de una era? ¿Una era donde la sensibilidad “socialdemócrata”, está terminando?

No se trata de una pregunta banal, ya que esa sensibilidad ha sido hegemónica en las sociedades occidentales durante al menos medio siglo. Y lo sigue siendo, en mayor medida, en los círculos académicos, mediáticos y la dirigencia política. Alcanza para comprobarlo analizar la reacción de estos círculos ante los resultados electorales europeos de este fin de semana.

O ante otros fenómenos que apuntan en la misma dirección, como puede ser la victoria de Javier Milei en Argentina, o el más que probable regreso de Donald Trump en Estados Unidos.

Para empezar, corresponde analizar cuál es la ideología y qué plantean estos grupos europeos victoriosos, a los que de manera algo liviana se ha atribuido el mote “ultra” por parte de la mayoría de los analistas internacionales.

Porque a poco que se analiza, las plataformas de estos grupos están lejos de lo que la mayoría de la gente imagina cuando se dice “ultraderecha”. Salvo algunos casos muy puntuales, no hablamos de neonazis, ni neofascistas, ni de gente que esté proponiendo poner fin a las reglas de la representación democrática. Más bien todo lo contrario.

En Europa, este fenómeno se caracteriza por un discurso fuerte contra la inmigración masiva de países islámicos, que está poniendo en cuestión la tradición cultural judeocristiana que ha marcado la historia del continente. También por un rechazo a las agendas ambientales extremas y a la corrección política impuesta como pasaporte de “bienpensantismo”, y que choca de frente contra tradiciones y prácticas culturales que definen la identidad europea.

Por último, una crítica severa al sistema político europeo, donde una casta de dirigentes sin ninguna validación democrática, suelen decidir desde Bruselas, más que los propios parlamentos democráticos de cada país miembro.

¿Es eso ser de “ultraderecha”?

Pero el fenómeno va más lejos que Europa. Lo que ha generado Donald Trump en Estados Unidos, más allá de las caricaturas propias del personaje, es un revulsivo político que va mucho más allá de su figura. Se trata de un movimiento político que mezcla un conservadurismo social tradicional, con un liberalismo económico que se rebela contra un establishment que parece no defender los intereses de amplios sectores de la sociedad.

Los mismos que dice defender.

Y algo parecido ocurre con Milei en Argentina. Los analistas se distraen hablando de sus peculiaridades, de sus perros, de su pelo, de sus salidas de tono. Pero Milei represedenta algo mucho más profundo, y es el hartazgo de amplios sectores sociales, sobre todo los más humildes, ante la soberbia y petulancia de las élites que han gobernado el país durante décadas, con ropajes de distinto color político.

El problema de fondo es un malestar general, que atraviesa a casi todos los países occidentales, y que ataca el consenso político y económico que ha gobernado a estos países por más de medio siglo.

Un consenso que comenzó siendo una respuesta exitosa a las demandas sociales y económicas en los años 80 y 90 tras el fin de la Guerra Fría. Pero que viene mostrando déficits notorios para enfrentar los desafíos del mundo actual.

Estados elefantiásicos, aparatos burocráticos más preocupados por su bienestar que por el general, agendas ideológicas ridículas que han tomado causas nobles como las de las minorías sexuales, los temas de género, o de identidad, para desatar un conflicto interno que es completamente ajeno a las sociedades.

Lo que complica este análisis es que los medios de comunicación, más dominados por sus comunicadores profesionales que por su agenda política de base, son parte de ese establishment que ve amenazado su rol, y se niega a ver la realidad. De ahí el enojo, y la frivolidad en el análisis de muchos de estos temas. Y la demonización infantil de fenómenos políticos como los mencionados, que tienen un sustento popular y democrático, igual o mayor que muchos otros que son festejados por estos sectores.

Los años por venir serán tumultuosos, como todo cambio de era. Lo importante es sacarse las vendas caducas y frívolas, para poder analizarlos con precisión y justicia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar

Publicidad

Publicidad