La rendición de Montevideo

Acaba de aprobarse la rendición de cuentas que presentó en la Junta Departamental de Montevideo el Ejecutivo departamental encabezado por Carolina Cosse, dejando en claro que su período será recordado como el peor de todos los nefastos años que ya lleva gobernando el Frente Amplio la capital del país. Cuando no parecía fácil batir la desidia y abandono que sufrió la ciudad con administraciones como las de Ana Olivera o Ricardo Ehrlich, Cosse demuestra una vez más su capacidad de superación alcanzando límites hasta ahora desconocidos.

Algunos números aportados en el informe en minoría presentado por los ediles del Partido Nacional son suficientes para apreciar el desmanejo general de la comuna: “Lo verdaderamente preocupante de esta Rendición de Cuentas es que la administración Cosse no ha podido romper con la tendencia en cuanto a la distribución de los recursos. Las retribuciones personales se llevan un 47,42% del presupuesto; los gastos de funcionamiento, 36,76%; y las inversiones, apenas 10,66%” A partir de estos datos asombrosos concluyen los curules blancos: “Mientras el reparto de la torta siga incambiado, Montevideo va ser un departamento que no progresa en cuanto a las obras de infraestructura que necesita”.

Es insólito que se presenten esos números que demuestran que se gobierna para la oligarquía de Adeom y no para los ciudadanos de Montevideo y al mismo tiempo se niegue el pésimo manejo presupuestal como hace la intendenta Cosse. Solo 1 de cada 10 pesos que los montevideanos pagan en impuestos se les devuelve en obras y eso explica el lamentable estado de la ciudad. Las plazas públicas son un desastre de iluminación, suciedad y abandono, las calles están en mal estado y los vehículos van brincando como cérvidos, las calles están oscuras, encontrar una vereda sana es más difícil que trébol de cuatro hojas y las obras de infraestructura brillan por su ausencia. Sin el balde político frentista en la cabeza es imposible negar que la administración de Cosse es un completo desastre que no solo no puede mostrar un solo logro sino que además va a entregar al departamento en peor estado del que lo encontró, que ya es mucho decir.

La forma en que Cosse lidia con el horror de su gobierno es evitándolo. Nunca habla de temas de Montevideo siempre se inmiscuye en temas nacionales en los que no tiene arte ni parte, buscando generar enfrentamientos con el gobierno nacional hasta donde no los hay y no los puede haber. Evidentemente no tiene la menor idea de lo que ocurre en la ciudad y no le importa, está enfocada en una campaña presidencial a la que se comprometió a no entrar cuando buscaba votos para ganar la Intendencia. Cuesta entender que alguien que camine por cualquiera de las calles de la ciudad piense en votar a Cosse, más cuando estamos a minutos de ciudades del interior en mucho mejor estado o ahora que más de 100.000 uruguayos fueron a Buenos Aires solo en el fin de semana pasado. El contraste con la capital argentina solo puede llenarnos de vergüenza a los montevideanos que parecemos vivir en un chiquero oscuro sin que nos importe demasiado a juzgar por cómo votamos.

Cambiar esta realidad, naturalmente es posible, existen numerosas experiencias nacionales y extranjeras que lo demuestran. Sin ir más lejos es notable cómo ha logrado cambiar el presupuesto para mejor el intendente Nicolás Olivera, en Paysandú. En efecto, desde 2020 a 2022 logró disminuir el pago de remuneraciones del 60% al 30% y las inversiones pasaron de menos del 20% a más del 40%. A eso se suma la realización de importantes proyectos de inversión revolucionarios, la inversión en recuperación del patrimonio histórico y la realización de obras importantes de conectividad vial.

Si el intendente Olivera con un presupuesto mucho más reducido pero con creatividad, trabajo y esfuerzo, logró mejorar sensiblemente en solo dos años lo que se vuelca en su departamento en beneficio de los ciudadanos, ¿cómo no se va a poder hacer en Montevideo donde diariamente se dilapidan millones de dólares?

El fracaso de Cosse es inocultable, tanto como su desinterés por mejorar la ciudad, lo que es un antecedente de primerísima importancia de cara a 2024. Si resulta espantosa como intendenta de Montevideo, ¿qué puede esperarse a nivel de un gobierno nacional donde los desafíos son enormemente más complejos? Si no puede cambiar una bombita o mantener limpio el Parque Batlle ¿cómo va a manejar las relaciones exteriores o mejorar cualquier política pública sensible a la calidad de vida de los uruguayos?

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