La reforma jubilatoria y el Fapit

El Frente Amplio se negó a dar sus votos en el Parlamento para reformar el sistema de seguridad social y el Pit-Cnt resolvió cuestionar esa ley aprobada por el Poder Legislativo.

No hubo sorpresas, sino solo simplemente una piedra más de todas las que se han encargado de poner en el camino de este gobierno desde el 1° de marzo de 2020. A lo largo de estos tres años y pico que llevan el Presidente Lacalle Pou y la coalición republicana, jamás se logró que el Frente Amplio y el Pit-Cnt (el famoso Fapit) apoyaran una de sus iniciativas.

Y cuando decimos que no hubo sorpresas es -y vamos a reiterar lo que todos ya saben- por qué el Pit-Cnt y el Frente Amplio o el Frente Amplio y el Pit-Cnt son la misma cosa. Son los mismos dirigentes, tienen los mismos reclamos, defienden las mismas posturas, coinciden en las mismas manifestaciones y la ideología es la misma. Puede haber algunos matices, pero en lo importante no difieren: ni siquiera en los países “ejemplo” del mundo, como Cuba, Venezuela y Nicaragua. No son independientes, son funcionales: caminan por la misma senda tras los mismos objetivos. Y el remate fue levantar la candidatura del presidente del Pit-Cnt, Fernando Pereira, para presidir el Frente Amplio y de inmediato al comunista Marcelo Abdala como presidente del Pit-Cnt. ¡Qué casualidad!

Aclarado este punto volvemos al tema de la reforma de la seguridad social. Este tema estaba incluido en la LUC, en sus artículos 392 a 398, pero cuando el Fapit se movilizó para derogar esa ley (que fue ratificada por el pronunciamiento popular) no incluyó esos artículos.

Nada cuestionó sobre ellos la organización sindical y menos el Frente Amplio, tal vez porque consideraban (a veces unos piensan que les puede interesar y preocu-par el futuro del país) que una ley de reforma de la seguridad social -que en los últimos años tuvo un déficit constante de 600 millones de dólares- era imprescindible para el país. El Frente Amplio es consciente que mientras fue gobierno se hizo el distraído, escurrió el bulto y no asumió su responsabilidad, pensando que otro lo podía arreglar. José Mujica y Danilo Astori hablaron en más de una oportunidad de la imperiosa necesidad de modificar la ley (sobre todo la edad de jubilación), pero no se animaron a dar el paso. Siempre puede haber leyes que son imprescindibles y al mismo tiempo impopulares y es obligación de los gobiernos serios asumir esa exigencia aunque duela. Pero el FA no se animó porque su socio eterno no lo dejó.

Aprobada la ley, el Pit-Cnt empezó a movilizarse para derogarla. Estaba cantado, pero en definitiva era una ley y las leyes pueden modificarse o también, pueden llegar a derogarse parcial o totalmente y hasta hacer una nueva ley. Pero no fue así y lo grave de la movida resuelta por el Pit-Cnt es que sobrepasa el ámbito de la ley y aspira a cambiar el texto de la Constitución de la República. Lo que se resolvió es recolectar firmas para impulsar un plebiscito que derogue las AFAP, que la edad de jubilación se permanezca en 60 años y establecer que los montos de las jubilaciones y pensiones mínimas estén por encima del salario mínimo nacional.

La reacción (por el momento) es que hay algunos sectores del FA que quieren salir del Fapit porque han manifestado su inconveniencia de avanzar en un mecanismo de democracia directa que encorseta la solución futura del sistema jubilatorio.

Allí están (y reiteramos, que por ahora) el MPP, la Vertiente Artiguista y la Convocatoria Seregnista Progresista que encabeza Mario Bergara. Yamandú Orsi, precandidato del Frente a la presidencia, se pronunció en contra de este intento y también lo hicieron el mismo Mujica, Alejandro Sánchez y el histórico dirigente sindical Richard Read.

En cambio hubo otros que se manifestaron a favor del dislate como el Partido Socialista, el Partido Por la Victoria del Pueblo y Casa Grande (Constanza Moreira), en tanto el Partido Comunista no oficializó su posición, pero no hay dudas de que ha sido el impulsor del Fapit y mantendrá su apoyo a lo resuelto por la central sindical.

El problema que se les plantea es que con vista al año electoral, el Frente Amplio deberá decidirse. El tema es tremendamente importante como para dejarlo sin una decisión oficial y que sus integrantes quedaran en libertad de acción para hacer lo que quieran y eso les puede costar muy caro.

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