La polémica de cada carnaval

A esta altura, ya resulta tedioso. Es que cada año, cuando comienza el interminable carnaval montevideano, aparece una polémica por las letras de alguno de sus conjuntos. Por lo general lo que despierta las discusiones son ataques o insultos a dirigentes blancos o colorados, o a algún empresario, lo suficientemente apátrida como para tener algo de éxito.

Este verano, agravando todavía más la cuestión, la polémica estalló por algunos textos de la murga Doña Bastarda, que banalizan de forma aberrante nada menos que el Holocausto judío de mediados del siglo pasado a manos de los nazis.

Es verdad que algunos de los reclamos pecan de excesiva literalidad, y que el texto de alguna forma usa palabras chocantes para criticar de forma oblicua a “las derechas”, y al nazismo. Eso sí, siempre obviando de forma nada sorpresiva los abusos y crímenes a la humanidad que en esos mismos tiempos cometieron los regímenes de izquierda en todo el planeta, de Cuba a Camboya, de la Alemania “Democrática” a Afganistán.

Es ahí donde la defensa de los señores que hacen las letras de esta murga hace agua por todos lados.

Según uno de los letristas, ellos no querían emitir un mensaje antisemita, ya que él mismo está en pareja con una mujer judía. Y eso, según sus palabras, le ocasionaría serios problemas domésticos. Si el argumento le suena parecido al del señor racista y homófobo que dice que él no puede ser nada de eso porque tiene un amigo gay o negro, es porque es la misma línea dialéctica.

El segundo argumento que usa el señor de las letras es que ellos no están haciendo un llamado a convertir a gente en jabón (porque eso dice uno de los personajes en el texto), sino que lo usan de forma retórica para mostrar el extremismo de ese personaje “de derecha”. Eso sí, reconoce que ellos querían abordar el tema de la guerra en Gaza, porque son extremadamente críticos del rol de Israel en ese conflicto.

¡Chocolate por la noticia! Seguramente a nadie se le habría ocurrido que el letrista de una murga, que es la quintaesencia del pensamiento de la izquierda urbana pretenciosa e ignorante, era crítica de Israel. Semejante rapto de originalidad ideológica debe haber pasado inadvertido a todo el que va a escuchar eso que ellos definen como “espectáculo”.

Uno se podría preguntar qué profundidad de información maneja esta gente sobre la realidad de Medio Oriente para tener posturas tan drásticas al respecto. Pero, la respuesta no sería nada tranquilizadora, todo lo contrario.

Lo que ahí queda en evidencia es el problema doble que representa la actitud de estos señores, que disfrazan sus posturas políticas de sensibles expresiones artísticas.

Lo primero es la ignorancia de saber lo que implica para cualquier persona que haya tenido un amigo o un familiar que haya padecido el Holocausto, la referencia banal a las prácticas que usaron los nazis para exterminar a un pueblo. Es increíble que gente que suele hacer ostentación de una sensibilidad extrema frente a casi todo lo que ocurre en el planeta, y ante la afectación que casi cualquier cosa puede producir en un “colectivo” o en una “minoría”, se permitan hablar frívolamente de “hacer jabón” con seres humanos.

Y ahí viene lo más grave de todo esto, que es la hipocresía y el doble discurso chocante que ostentan estos supuestos representantes del sentir y el arte popular.

Es que siempre, todos los años, las letras y críticas van sobre las mismas personas, contra los mismos partidos, contra las mismas formas de ver el mundo. Nunca se permitirían hacer chistes respecto a lo padecido por los familiares de los desaparecidos en Uruguay. Tampoco tienen la misma crudeza cuando se trata de criticar los abusos de los políticos de izquierda, ni hacer parodias sobre cómo Fidel Castro torturaba a homosexuales, o Chávez llevó a la ruina al país más rico del continente.

El gran tema de fondo es que quienes se amparan en las reglas del arte para impactar con mensajes rupturistas siempre rompen para el mismo lado. Es ahí que lo que hacen deja de ser arte, para convertirse en un folletín ideológico de baja estofa. En combate político perezoso vestido de sentimiento popular. Y en la manipulación de cosas tan importantes como la libertad de expresión y de creación artística, para mandar un mensaje rastrero, ramplón y agraviante. Francamente, a esta altura tales cosas no sorprenden a nadie. Y por eso este carnaval montevideano es cada vez más un reducto de fanáticos partidarios que expulsa a cualquiera con un mínimo de apertura mental, y espíritu crítico.

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