Fueron 24 horas (un día entero) de interpelación al ministro del Interior y al final de cuentas, nada quedó demasiado definido. El Frente Amplio y Cabildo no quedaron conformes y así lo expresaron.
¿Por qué no quedaron conformes? ¿Qué cosas harían ellos mejor en caso de estar en el gobierno? Nada de esto quedó claro. Más llamativa aún fue la postura de Cabildo Abierto, que es parte del gobierno, o al menos eso seguimos creyendo.
Una interpelación puede o no terminar en la censura al ministro llamado a sala. Pero también puede ser una oportunidad para intercambiar ideas sobre cuales son las mejores respuestas para enfrentar un desafío alarmante que sacude a la sociedad.
Y vaya si la criminalidad motivada por el narcotráfico es un desafío enorme. Crece día a día pese al esfuerzo desplegado para enfrentarla.
Este gobierno logró devolver a la ciudadanía más tranquilidad en lo que tiene que ver con delitos que afectan al común de la gente en su diario trajinar. Falta aún mucho para hacer, pero sin duda hay un cambio grande y la gente lo percibe. Eso quiere decir que la estrategia utilizada está funcionando; quizás hay que perfeccionarla pero ese es el camino.
Sin embargo crecen los asesinatos. Todos los días alguien muere en las calles, por lo general baleado por sicarios que tienen claro su objetivo. También aparecen en lugares insó-litos, cuerpos de gente que fue muerta tiempo antes sin que nadie se enterara.
El gobierno intenta poner fin a todos esos asesinatos (y lo que hay detrás de ellos) pero hasta ahora no encontró cómo hacerlo. Es que nadie, ni aquí ni en el resto del mundo, todavía dio con el mejor método. La lucha contra el narcotráfico es dura, es cruel y por ahora se viene perdiendo.
Hace unos años, cuando Eduardo Bonomi era ministro del Interior, el problema de la seguridad se presentaba en sus dos caras. Uno era enfrentar los robos en comercios, los copamientos, las rapiñas, los arrebatos de carteras en la calle. Y otra cosa era manejar los enfrentamientos y asesinatos por “ajustes de cuenta”.
El mensaje era que a estos últimos no había que darles mucha atención porque se trataba de una criminalidad “interna”, acotada a bandas de narcos y nada tenían que ver con la seguridad de la gente común y corriente.
El resultado fue nefasto. No se puso fin al primer tipo de delitos, y al subestimar el segundo tipo, se lo dejó crecer.
No solo fue un gravísimo error sino que tuvo consecuencias irreversibles. La única manera de terminar con el narcotráfico es poniéndole fin cuando recién empieza a emerger. Es cortarlo de raíz apenas da sus primeras señales.
No se hizo, y ahora se reclama al siguiente gobierno que ponga fin a un drama que otros, por inoperancia, dejaron crecer. Exige que en poco tiempo se ofrezca una solución definitiva a un drama que ninguno de los países que lo tienen (y son muchos) encontraron la manera de terminarlo.
Por eso tiene poco sentido que quienes no supieron frenar este fenómeno a tiempo pretendan censurar al actual ministro en lugar de dar una mano.
La pregunta se extiende a Cabildo Abierto, supuesto socio del gobierno. No está de acuerdo con la estrategia actual, pero no expone una solución mejor. Si no tiene alternativa, entonces por qué cuestiona la que hay. ¿Se trata acaso del repetido recurso de poner “reparos” a todo lo que salga del gobierno? ¿Es esta una respuesta a la situación que llevó a la renuncia de la ministra de Vivienda? Presumimos que ello no pesó en la bancada de Cabildo, más cuando se trata de un tema tan complejo y sensible como el de enfrentar al narcotráfico.
Lo cierto es que el Frente Amplio una vez más no tiene mejores propuestas pero sí se atreve a pedir la censura del ministro. Tampoco ofrece alternativas Cabildo Abierto.
En ningún lugar del mundo apareció la estrategia perfecta para tener éxito en la lucha contra el narcotráfico. Mientras ella no aparezca, habrá que confiar en los paliativos, y ante esa realidad, los socios de la coalición deberían apuntalar al gobierno y no dejarlo solo. Asimismo, la oposición debería ser prudente, más cuando pesa sobre sus espaldas la ligereza de haber dejado crecer el problema habiendo podido frenarlo.
En este drama del narcotráfico, hay que dejar de lado toda lucha política por el poder. La prioridad es garantizarle a la gente, a los uruguayos, la seguridad que reclaman, amenazada todos los días por este ominoso fenómeno que es el comercio de la droga.