La izquierda en degeneración

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Los síntomas de que la izquierda en nuestro país se encuentra en un proceso de degeneración a gran velocidad ya no pueden pasar desapercibidos para ningún observador atento de la realidad.

Un día sí y otro también se encuentran casos que involucran a sus principales dirigentes en extravíos ideológicos, exageraciones delirantes, mentiras patológicas, cuando no en sus propios viajes místicos.

Por cierto que el inventario podría comenzar con Esteban Valenti, uno de los casos más extremos, lindante con la parodia. Una persona que confesó hace algunos años que no podía integrar el mismo partido que Raúl Sendic y ahora volvió con las armas, bagajes y mañas de toda su vida a compartir partido con el vicepresidente procesado, evidentemente pierde toda credibilidad. Desde compartir video y fotos falsas a testimonios de gauchos prefabricados, a centrar su campaña en todos los temas del quehacer nacional menos sobre los que deberá expresarse la ciudadanía el próximo 27 de marzo, al jefe de campaña del Sí no le hace falta artimaña alguna.

En una posición similar se encuentran la mayoría de los legisladores, que como Carrera o Caggiani le pegan a todo lo que se mueve sin acertar un solo golpe. Hasta con una señora mayor que agredía a una caravana de autos del No intentó inventar un caso de agresión policial el ex experto en materia de seguridad pública Carrera que batió todos los récords de la historia nacional en materia de aumento de los delitos.

El propio presidente del Frente Amplio, otrora una persona respetuosa y tolerante cada día se parece más a Javier Miranda, casi que solo le faltan los lentes. Desde el desprecio y el desplante a un ministro de estado como Pablo Mieres a defender las mentiras de la campaña del Sí hasta los ataques destemplados todos los días en todos los noticieros de televisión, Fernando Pereira parece haber perdido los puntos de referencia más elementales en una sociedad pacífica como la uruguaya.

El Pit-Cnt no se queda atrás y en una actitud artera hacia todas las mujeres decidieron intervenir la marcha del 8 de marzo de manera patoteril. Lo que hasta el año pasado era una manifestación de las distintas vertientes del feminismo nacional, en que participaban desde los movimientos marxistas hasta los liberales se convirtió con fines espurios en una marcha rosada. Es evidente que la desesperación campea en un movimiento sindical que es de las organizaciones con peor imagen en el país y que no logra una manifestación popular genuina ni cargando gente en camiones.

El catalizador de este proceso parece estar siendo la campaña para el referéndum. Salvo para las encuestadoras nóveles y compañeras la ventaja del No en los sondeos es apreciable y ha aumentado, lo que debe haber ayudado a crispar los ánimos en la izquierda político-sindical. Todo parece valer para quienes promueven un referéndum absurdo desde todo punto de vista. Lo que comenzó siendo una campaña para derogar unos artículos de una ley, con el paso de los días se va convirtiendo en una campaña explícita contra el gobierno, para la que no hay artilugios que queden afuera.

Ya todo el mundo sabe que los combustibles aumentan porque aumentó el precio del petróleo, y eso ocurre en todo el mundo. Ya todo el mundo sabe que la nueva opción de alquileres sin garantías no cambia las condiciones para los que ya alquilan con otras formas de contrato. Ya todo el mundo sabe que los delitos bajaron en los últimos dos años gracias a la gestión del Ministerio del Interior y a los cambios legislativos. Ya todo el mundo sabe que la regla fiscal permitió al país ahorrar cuantiosos recursos en interés de deuda que se volcaron a fines sociales durante la pandemia. Sin embargo, desde la campaña del Sí escuchamos permanentemente que la suba de los combustibles en todo el mundo es culpa de la LUC, que todo el mundo va a ser desalojado en 24 horas a causa de la LUC. Que la baja de delitos en Uruguay de 2019 a 2020 y de 2020 a 2021 es por la pandemia y no por la LUC. Y que el buen manejo fiscal del gobierno con su nueva institucionalidad no es cuidar los recursos de los uruguayos sino mera maldad.

Lo que comenzó siendo una campaña para derogar unos artículos de una ley, con el paso de los días se va convirtiendo en una campaña explícita contra el gobierno.

Afortunadamente, los uruguayos son bastante más sensatos que las campañas de desinformación. Tampoco parece ser una estrategia especialmente inteligente convertir la consulta en un plebiscito sobre un gobierno popular y un presidente que ha dado la talla aún en circunstancias mucho más difíciles de las imaginables.

La izquierda está en un proceso de degeneración, que indudablemente se dejará sentir en las urnas en menos de dos semanas.

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