El nerviosismo en el “búnker” de Yamandú Orsi debe ser muy grande, ante el crecimiento de su rival en la interna, Carolina Cosse. Solo así se explican algunas cosas que están pasando. Desde el silencio general sobre los temas centrales que muestra el candidato, amparado por el batallón de asesores en comunicación, pasando por la periódica nota elogiosa en algún medio escrito amigo, a la “kermesse” organizada en su departamento con todo el cuerpo diplomático para mostrarlo “presidenciable”.
Pero lo más ilustrativo de esta preocupación es la última salida de su principal soporte político, el senador Alejandro Sánchez. Sánchez, que es el hombre que lleva Orsi a todos lados para que le saque las castañas del fuego en los temas complejos, dijo esta semana algo incomprensible. “El próximo gobierno debe blindar la infancia, somos el país con niveles de pobreza infantil más alto en la región”. Esto a la vez que el batallón de cuentas truchas y dirigentes del FA en las redes, alertaban sobre lo que denuncian como un proceso de “infantilización de la pobreza” en nuestro país.
Como con las ollas populares, el agua de OSE en sequía, y tantos otros temas, esto muestra hasta dónde es capaz de usar cierta dirigencia del FA la precariedad de algunos compatriotas, para ganar algún voto.
Lo primero que cabe decir es que lo que sostiene Sánchez es mentira. Exactamente al revés de lo que dijo el senador del MPP, Uruguay es el país con nivel de pobreza infantil más bajo de América Latina. Y para esto no hay que creer siquiera en los datos oficiales uruguayos, sino que se comprueba con números hasta de la propia Cepal.
A lo que quiso referirse el senador Sánchez, y que después intentó aclarar, es que Uruguay sería el país donde cada año un porcentaje mayor de los niños vive en hogares pobres. Algo que es muy pero muy distinto, y que tiene que ver con un problema crónico del país, que viene desde hace años. Y que, por supuesto, no fue enfrentado en los gobiernos del FA. Todo lo contrario.
¿Por qué ocurre esto? Por varios motivos muy simples. El primero, que los hogares más pobres son los que están teniendo más hijos, mientras que los de clase media y alta, demoran el proceso, y reducen la cantidad de descendencia. A esto hay que sumar otro tema, que es que la falta de un sistema educativo funcional, y que permita a los jóvenes insertarse con éxito en el mercado laboral, conspira para que esos niños que nacen en hogares humildes, puedan romper el cerco de pobreza. A lo que se agrega un mercado laboral rígido al extremo, y donde contratar a alguien es tan caro y riesgoso, que las empresas se cuidan mucho a la hora de dar oportunidades a jóvenes de contextos difíciles. Así se genera el círculo vicioso en el que estamos inmersos hace un par de décadas al menos, donde los sectores medios y altos son cada vez menos proporcionalmente en la sociedad, deben soportar el costo de un estado pesado e ineficiente, y un proceso de subsidios a los sectores vulnerables que solo retroalimenta el proceso.
La pregunta que habría que hacerle al senador Sánchez, y a los defensores de su postura, es qué hicieron los gobiernos del FA para revertir este proceso. ¡Nada!
Perdón, hicieron para potenciarlo. No solo no hicieron nada para reformar la educación, sino que han sido aliados incondicionales de quienes no quieren cambiar nada. No solo no hicieron nada para flexibilizar el mercado formal de trabajo, sino que han sido aliados incondicionales de la casta sindical que solo quiere mantener sus privilegios. En realidad solo hicieron una cosa en sus 15 años de gestión, con viento a favor y plata en la billetera. Tirar dinero al problema, para así maquillar los datos de pobreza por ingreso, ocultando la realidad que seguía, terca y pertinaz, creciendo bajo las estadísticas.
Es más, la reforma de la seguridad social tal vez sea el primer paso en muchos años para intentar derivar el foco de la asistencia social, de los sectores más envejecidos, a esta juventud que crece huérfana de salidas reales. Porque libera fondos que pueden ser usados por el estado para focalizar en los niños de contexto crítico. Pues el Frente Amplio, o la quiere derogar o se lava las manos.
Si algo ha mostrado la oposición en estos cuatro años es un nivel de hipocresía y cinismo sin precedentes. Una capacidad no solo para mentir, sino para usar de manera indigna las causas y momentos más complejos que han tocado al país, para intentar regresar al poder. Los uruguayos, que bobos no son, toman nota de todo esto.