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Pocas cosas dejan más en evidencia la hipocresía que domina a la dirigencia y a la militancia intensa del Frente Amplio que el discurso sobre “las minorías”.
Desde hace años, han tomado como bandera la supuesta defensa de sectores postergados en nuestra sociedad, que de manera muy conveniente para su ideología, han pasado a ser llamados “colectivos”. Una perla más en el collar de causas que utilizan para sentirse moralmente superiores a cualquiera que se oponga a su visión.
En ese camino, han buscado convencer a la sociedad que en la historia del país nadie hizo nada por estos sectores hasta que llegó el Frente Amplio. Y usan la redacción de leyes malas, ineficaces, y que nunca se cumplen (tal vez el ejemplo más claro sea el de la llamada “ley trans”), para acaparar una especie de monopolio de la sensibilidad y la lucha por las causas de estas “minorías”.
Pero, en la mayoría de los casos, eso no deja de ser una pose electoralista. Y la verdadera naturaleza especulativa y partidista de estos tan promocionados buenos sentimientos, aparece cada poco tiempo, Alcanza que un referente de uno de estos grupos a los que supuestamente dicen defender, no se pliegue a sus estrategias electorales, para que pase a ser mala palabra, y a recibir toda la agresión y vilipendios de la turba militante.
Esta semana tuvimos un caso expresivo. El muy popular músico y empresario Carlos “Bocha” Pintos, creador del conjunto “Bola 8”, que tiene una dilatada carrera en el mundo musical y en el activismo de la comunidad negra, cometió el pecado mortal de colaborar en un grupo de trabajo creado por Laura Raffo, para recolectar ideas de qué hacer desde el estado para mejorar la situación de esa comunidad. No es candidato, no es dirigente político, no ha hecho manifestaciones política públicas. Apenas decidió aportar desde su lugar y conocimiento, ideas para el bienestar de su gente.
Pues a partir de ahí ha recibido todo tipo de agravios, insultos, ataques. El mismo lo denunció pocos días atrás en un programa de TV: “No entiendo qué es lo que hay que hacer. Uno quiere trabajar para lo nuestro. Obviamente sé cuál es la problemática de los negros... En muchos casos se nos utiliza, pero a la hora de la verdad la memoria falla”, dijo.
La denuncia del popular músico Carlos “Bocha” Pintos vuelve a poner sobre la mesa el problema que han padecido otros representantes de sectores postergados, cuando se atreven a salir de lo impuesto por el sector afín al Frente Amplio.
“Mañana me llamás vos, y me decís que tenés una idea para darle para adelante a los negros, yo no te voy a preguntar de qué partido sos”, agregó. “Lo más triste es que la mayoría que me han pegado han sido de los míos”, agregó.
Pero también sumó un argumento muy importante: “Yo siempre voté al Frente Amplio, pero ya no lo voto más. ¿Por qué? Entre otras cosas porque nunca se me tuvo en cuenta como referente de la cultura. Siempre se me vio como el de la música tropical y para el agite, para que lleve grupos siempre me llamaban, pero cuando se iba a hablar seriamente de cultura, de candombe, de la problemática de los negros, yo no existía”.
Porque detrás de este discurso, que dice defender a las minorías y a los sectores postergados, se esconde muchas veces una discriminación velada y dolorosa. Se dice querer defender a un sector, pero siempre que se mantenga dentro del cuadrante designado, de su rol preconcebido, casi tan estigmatizante como lo que se supone vienen a combatir. En cuanto la persona busca salir de ese encasillamiento, viene el conflicto.
Algo parecido la sucedió al comunicador y cocinero Sergio Puglia. Puglia ha sido un referente de la comunidad gay en Uruguay, alguien que se ganó un lugar en la sociedad a base de esfuerzo y talento, que supo apoyar medidas tomadas por los gobiernos del Frente Amplio cuando las consideró apropiadas, pero que con una visión independiente, criticó otras cuando no le gustaron. Y, lo peor de todo, reclamó cuando se sintió usado o manipulado. Ahora paga el precio de ser blanco permanente de críticas de parte de murgas, activistas en las redes, y dirigentes políticos que le enrostran una especie de “traición” imperdonable.
Algo parecido le pasó a Petru Valensky cuando “osó” apoyar aquella propuesta de seguridad del ex ministro Larrañaga.
Ahí está un poco el problema de pretender convertir el diálogo social en una especie de choque de “colectivos”. Que ignoran que no somos solo los rasgos que nos pueden convertir en parte de uno u otro grupo. Somos seres humanos, únicos e irrepetibles. Con nuestra independencia, inteligencia, y sensibilidades particulares. Pero, sobre todo, blancos, negros, asiáticos, gays, trans, capitalinos, del interior, son apenas etiquetas. Somos personas, que queremos avanzar, y defender nuestra libertad para hacer y decir lo que queremos. No respetar eso es la peor forma de discriminación y fascismo que se pueda encontrar.