La “grieta” informativa

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Los enojos contra El País no solo vienen de los sectores de ultraizquierda últimamente. En las últimas semanas, y a medida que crece la tensión política, nos han llegado algunos mensajes críticos del otro extremo del espectro ideológico.

Días atrás, recibimos la ira de algunos comentaristas por un artículo informativo sobre la llegada de un gremialista estadounidense que se reunió con el ex presidente Mujica. El visitante lanzaba acusaciones tan delirantes como previsibles contra la LUC.

La nota en cuestión no es importante. Uno podría discutir hasta cierto punto la relevancia periodística de la visita, claramente concretada en estas fechas para generar impacto en la campaña de cara al referéndum. O incluso su destaque. Pero el hecho ocurrió, fue cubierto por todos los medios importantes del país, más allá de su línea editorial, y a nadie debería sorprender que haya sido incluido en el menú informativo de un diario que aspira a ser generalista, y a llegar a la mayor cantidad de uruguayos posible.

Y, sin embargo, este tipo de reacción se vuelve cada vez más habitual. Hay un sector de la sociedad, identificado con ideas que están en las antípodas del Frente Amplio, que empieza a mostrar signos de una incapacidad de separar información de opinión, y un enojo con cualquiera que no se sume sin titubeos a su mirada de la política, casi tan preocupante como lo que vemos “del otro lado” desde hace años.

Empecemos por lo obvio. El País tiene una línea editorial muy clara, y que se puede leer todos los días en esta página. Más allá de eso, presenta a sus lectores con columnas de opinión bajo firma, de gente que tiene una manera propia y diversa de ver la realidad. Y a eso suma un menú informativo generalista, que aspira a dar soluciones a las necesidades informativas de toda la sociedad.

El clima caldeado de la campaña por la LUC ha llevado a que no solo desde la oposición se alienten miradas conspirativas y extremistas a la hora de valorar a los medios de comunicación.

Cualquier medio de comunicación que aspire a ser exitoso hoy, debe aportar esos tres niveles de contenidos. Pero muy particularmente el último.

Los motivos para esto son que hoy en día la información se ha vuelto un campo de batalla, existe una sobreabundancia de noticias de mala calidad, y la gente necesita que una marca con la que siente confianza, le aporte un resumen ilustrativo de lo que pasa a su alrededor para organizar su vida.

Históricamente ha habido una tensión entre las líneas editoriales de un medio como El País, y su contenido informativo. Una tensión saludable, entendemos nosotros, ya que por un lado es bueno que el lector sepa de dónde viene lo que está recibiendo, cómo se para en el mundo quien le está dando una visión de la realidad. Pero que la misma tiene un componente de honestidad y transparencia, que hace que pueda confiar en esa información. Que no le están pasando gato por liebre para que al final del día se sienta que lo llevan como a ganado, para compartir el punto de vista editorial de ese medio.

Pasa, también, por respetar la capacidad intelectual de los lectores, y las bondades de las ideas que se defiende, las cuales no deberían depender de que un obsecuente intente dibujar una realidad paralela y ficticia.

En El País confiamos mucho en la capacidad intelectual de los uruguayos, y en las bondades de las ideas que defendemos en esta página, como para pretender que nuestros periodistas dibujen una realidad inventada. Tal vez por eso, a diferencia de lo que sucede en otros medios, acá no se le pregunta a los periodistas qué votan, ni se busca hacer un corte maniqueo de la realidad.

Tal vez por eso, El País es desde hace mucho tiempo el medio de información preferido de los uruguayos, incluso de muchos que no comparten nuestra línea editorial. Eso no solo es bueno comercialmente para la empresa periodística que mantiene el diario, sino también para las ideas que defendemos, ya que nos permite llegar con las mismas a gente que no se siente 100% identificado con ellas.

Es muy probable que esa haya sido la gran diferencia que nos ha permitido sobrevivir y ser referentes, en contraste con muchos medios “de izquierda”, a quienes siempre se les ha hecho mucho más difícil separar realidad e ideología, y confiar que sus lectores estarán en condiciones de tomar las decisiones correctas, si reciben la información justa.

Es una pena que desde nichos pequeños pero ruidosos del otro extremo ideológico, se pretenda que repliquemos ese mismo error. Y que en vez de valorar lo positivo de tener un medio con el que se tiene afinidad ideológica, pero que puede ser leído por gente de distintas posturas, se pretenda que nos convirtamos en un panfleto unidimensional solo consumible por fanáticos.

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