Jugando a las escondidas

El reloj electoral está en su cuenta regresiva. Apenas quedan dos fines de semana de militancia para los partidos políticos antes de que los uruguayos concurran a las urnas el domingo 27 de octubre para elegir al próximo gobierno. Las encuestas dibujan un panorama ajustado, con Álvaro Delgado y Yamandú Orsi en una competencia reñida. Sin embargo, la estrategia del Frente Amplio ha sido sorprendente por su falta de presencia: han optado por jugar a las escondidas, evadiendo la confrontación pública y los espacios de debate que son claves en una democracia vibrante.

Es claro que el Frente Amplio ha apostado por una no-campaña. El enfoque parece ser el de esquivar cualquier oportunidad de enfrentar directamente a sus rivales o de exponer sus propuestas. Ni Orsi ni Carolina Cosse han hecho apariciones relevantes en los medios. Lo mismo ocurre con figuras claves como Gabriel Oddone, quien sería su ministro de Economía en un eventual gobierno. A este silencio, debemos añadir una declaración preocupante de la propia Cosse la semana pasada, admitiendo que el Frente no tiene un programa de gobierno definido. Este es un hecho que resulta alarmante para quienes valoran la transparencia y la claridad en los proyectos políticos.

Si no existen propuestas nítidas el contrato entre electores y elegidos que representa el voto queda trunco, pierde valor y calidad y nos deja con una democracia devaluada.

La no-campaña del Frente Amplio parece ser una apuesta deliberada: confiar en que el desgaste natural del oficialismo y las mínimas diferencias en las encuestas les den el triunfo sin la necesidad de presentarse ante el escrutinio público. Pero esta táctica, que puede tener alguna chance de funcionar en el corto plazo, omite un aspecto esencial: el resultado de esta elección no da lo mismo.

Las diferencias entre la Coalición Republicana y el Frente Amplio son profundas, y afectan aspectos cruciales de la vida nacional. Desde la postura ante el régimen dictatorial de Venezuela -que el Frente ha sido reticente a condenar- hasta las políticas económicas, donde el debate sobre bajar o subir impuestos marca una línea clara entre las propuestas. Mientras la Coalición propone abrir Uruguay al mundo, fortaleciendo la inserción internacional y buscando acuerdos comerciales, el Frente ha mostrado un enfoque más conservador y proteccionista. La diferencia es clara también en cuanto a las libertades individuales, donde una parte busca ampliar los márgenes de acción de los ciudadanos y otra, bajo un discurso pseudoprogresista, tiende a imponer mayores regulaciones.

Jugar a las escondidas puede parecer una estrategia válida en tiempos donde la política está llena de ruido, suele parecerse cada vez más a un espectáculo y los debates profundos parecen ser cosa del pasado. Pero en un momento tan decisivo como este, no presentarse al diálogo y al debate público no es solo una señal de debilidad, es una falta de respeto a los ciudadanos. Quedan poco más de dos semanas para que los partidos muestren sus cartas, para que los candidatos se enfrenten cara a cara con las inquietudes de la ciudadanía y, sobre todo, para que demuestren que están preparados para gobernar con claridad de ideas y responsabilidad.

La reciente negativa de Orsi de ir a programas periodísticos en serio como Santo y Seña o Desayunos Informales, pero sí ir a los afines donde las preguntas son meramente centros, como los de TV Ciudad, demuestra que ocultarán sus debilidades todo lo posible. Ante un candidato que mete la pata cada vez que abre la boca puede parece una estrategia razonable, pero tiene un costo democrático innegable. Para la segunda vuelta, sin embargo, se verá obligado a debatir, y allí, en el peor momento para sus intereses puede quedar muy expuesto, lo que podría representar un golpe fatal en un momento crítico.

De todas formas, lo fundamental es tener presente que lo que está en juego no es solo quién ocupará la presidencia, sino la orientación que tomará el país en temas esenciales: la educación, la seguridad, el empleo y la proyección internacional. La falta de propuestas concretas por parte del Frente Amplio no puede pasar inadvertida, porque gober- nar requiere más que eslóganes y evasivas.

Los uruguayos merecen candidatos que estén dispuestos a debatir y a comprometerse con soluciones claras. No podemos permitir que una campaña de sombras y silencios defina el destino de Uruguay para los próximos cinco años.

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