En el 87° aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, B’nai B’rith llevó a cabo la conmemoración anual de aquel trágico suceso que abriera las puertas al Holocausto judío en la Alemania nazi. Como ha sido tradicional, invitó al presidente de la República a encender la vela central del candelabro de siete brazos, conocido como Menorá.
En la oportunidad, el presidente de B’nai B’rith Jorge Tocar denunció con firmeza el avance del antisemitismo que se está dando en sectores radicalizados, y no ahorró la referencia concreta a una directora del Mides que se manifestó en tal sentido en redes sociales. Por su parte, el escritor y presidente del PEN Club Ruperto Long evocó con emoción la valentía de Florencio Rivas, cónsul uruguayo en Hamburgo, quien en 1938 asiló a un gran número de judíos dentro del perímetro de la representación diplomática nacional durante aquella terrible noche, llegando incluso a plantarse en la puerta, con nuestra bandera en alto, para impedir el paso de las hordas nazis que querían atraparlos.
Ambos oradores tuvieron palabras críticas a la decisión del gobierno de haber dejado sin efecto el convenio de cooperación entre nuestra ANII y la Universidad Hebrea de Jerusalén.
En estas páginas ya nos hemos extendido sobre la gravedad de esa marcha atrás, que priva a nuestros científicos y emprendedores de una línea directa con uno de los países más avanzados del mundo. En el azaroso equilibrismo que caracteriza al gobierno, tanto en este como en otros temas, tuvo el recaudo de no dejarse persuadir por la izquierda antisemita, que reclamaba la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel y que se calificara a la guerra contra Hamás como genocidio; pero claramente le concedió una cancelación de aquel proyecto de intercambio académico, que hubiera traído enormes beneficios a nuestro país.
La referencia al tema por parte de Tocar y Long en sus discursos fue absolutamente pertinente; fue hecha con respeto y talante constructivo. Pero los representantes del oficialismo que estaban allí no lo interpretaron del mismo modo. Desde su entorno se hizo llegar inmediatamente a la prensa la “molestia” por el suceso, del que incluso se desmarcaron otros referentes de la colectividad judía. Sin embargo, como es habitual en las declaraciones del presidente, en estos días él mismo puso paños fríos a su reacción inicial. Se limitó a admitir su sorpresa porque “la actividad se trataba de otra cosa, pero ya está, ya está. No aporta nada lo que yo diga ahora. Prefiero dejarlo ahí. Es como en el truco: jugá callado, es lo mejor que podemos hacer. Ya está, ya pasó”.
La ciudadanía tiene derecho a preguntarse por qué está mal que una institución de la sociedad civil exponga frontalmente sus reparos a la gestión del presidente, si lo hace con altura. De un modo bastante más enérgico, la hoy Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, una vez enfrentó al presidente Hugo Chávez y este, aún con su estilo autoritario, hizo callar a los alcahuetes que la abucheaban, para que terminara de expresarse. Si comunicar cara a cara una discrepancia hace enojar a un jerarca, por más encumbrado que sea; si lo recibe como si le hubieran tendido una trampa, no se está entendiendo el funcionamiento del sistema democrático. Todos los presidentes han asistido con entereza a discursos muy críticos de la Asociación Rural o del Pit-Cnt y no se ofenden. Al contrario: tienen la oportunidad de oponer sus razones o prometer que atenderán los señalamientos.
El problema con Orsi es que prefiere “jugar callado”: no apunta a la confrontación de ideas, tal vez porque no se siente seguro de su habilidad retórica.
En los últimos tiempos, la colectividad judía se ha visto expuesta a todo tipo de afrentas. Soportó un escrache en la Escuela Integral Hebreo-Uruguaya, que obligara a los niños a escaparse por una puerta trasera. Aguantó que voceros oficialistas hayan reclamado un estado palestino “desde el río hasta el mar”, que no es otra cosa que la consigna de exterminio promovida por Hamás. La senadora oficialista Patricia Kramer fue reprendida públicamente por su grupo político, por cuestionar en una radio a esa organización criminal. Hasta no faltó un docente de la Udelar que hiciera mofa del tamaño de la nariz de los judíos, como lo hacían los nazis hace un siglo. Esa seguidilla de atrocidades, ¿no molesta ni enoja al presidente Orsi?
Cuando se trata de discursos de odio y discriminación étnica o religiosa, no hay equilibrismo que valga. Parafraseando a Popper, se está del lado de la sociedad abierta o del de sus enemigos.