La declaración de condena al terrorismo de Hamás y reconocimiento al derecho de defensa de Israel, a nivel del Senado, fue más discutida de lo que hubiera sido lógico. Los legisladores oficialistas la defendieron en forma contundente, pero los opositores, con más o menos énfasis, repitieron los conceptos que el Partido Comunista había adelantado el fin de semana pasado, en el calor de los hechos: la confusión torpe o malintencionada de la vocación genocida de Hamás, con la defensa de una supuesta “causa palestina” que los terroristas son los primeros en traicionar.
Tratando de justificar lo indefendible, el otrora moderado Mario Bergara preguntó en la cámara si “¿no será que lo que se procura es utilizar una situación tan dolorosa para un juego político menor?”
Es un razonamiento que causa sorpresa, y más por provenir de una persona con experiencia en gestión política y elevado perfil académico. Porque se puede cuestionar que se utilicen con fin de persuasión electoral circunstancias fortuitas, como una pandemia que proviene de China o una sequía. ¿Pero es “menor” exigir a un partido político que se exprese fuerte y claro en contra de una organización terrorista que provoca una masacre como la del sábado? ¿Tan “menor” es, en un contexto donde se van multiplicando declaraciones de distintos colectivos de izquierda, relativizando la infamia y pretendiendo enmarcarla en una justificable disputa entre estados?
La del Partido Comunista fue solo la primera. Después vino otra de la Federación de Estudiantes Universitarios, que se limitó a “lamentar” las víctimas “producto de este conflicto que lleva más de medio siglo”, y se concentró en denunciar extensamente “los constantes intentos de expansión del estado de Israel sobre territorio palestino”.
El comunicado no dedica ni una línea a los civiles de todas las edades torturados y asesinados a sangre fría por esa banda criminal: elige invertir factores y concluye con un “Viva Palestina libre”. Habría que explicar a estos muchachos que para que ese sufrido pueblo se libere, tendría que empezar por deshacerse de la dictadura sanguinaria de Hamás.
Luego vino otro comunicado más, esta vez del Pit-Cnt, que dedicó diez palabras a condenar la masacre y más de cien a despotricar contra Israel, prácticamente en los mismos términos.
Apelando a una ironía trágica, el periodista Graziano Pascale tuiteó que “falta el de la Udelar, que aguardamos con impaciencia para llenar el cartón”.
Quienes integramos la lista de difusión del perfil de Whatsapp de la periodista Ana Jerosolimski, directora del Semanario Hebreo, recibimos las noticias desde Israel prácticamente en tiempo real. El último mensaje que envió, al momento de escribir esta columna, fue con las fotos de los 14 senadores que rechazaron la moción de condena al terrorismo islamista: “Qué terrible decepción”, escribe Ana. “Algunos no me sorprenden nada. Otros sí. Que no salgan después a hablar de democracia y derechos humanos. Vergonzoso”.
Ayer comparábamos la despistada valoración frenteamplista de la política internacional con la que los lleva a promover “libertad de acción” en torno a la iniciativa plebiscitaria contra la seguridad social. En realidad, respecto al terrorismo de Hamás es aún peor, porque ni siquiera habilitaron esa supuesta libertad sectorial: más allá de algún tuit aislado, como el de Yamandú Orsi, a nivel parlamentario coincidieron todos en una condena invertida que se preció descaradamente de victimizar al agresor y culpabilizar al agredido.
Si algo nos enseñó la pandemia fue que los problemas particulares de los países ya escalan a nivel global: un virus aparentemente surgido en un mercado de animales de China terminó causando un desastre planetario, que en nuestro país segó más de 7.000 vidas.
Los dirigentes del Frente Amplio deberían entender de una vez por todas que nuestra democracia ejemplar integra la comunidad occidental, el lado del mundo que respeta los derechos humanos y acoge la más amplia diversidad cultural y religiosa. No pueden seguir insistiendo en los prejuicios sesentistas que confundían utopías revolucionarias con dictaduras criminales. Es vergonzoso e indignante que continúen romantizando a asesinos de niños, mujeres y ancianos. Ojalá de una vez por todas se quitaran sus arcaicas orejeras ideológicas y comprendieran que, más tarde o más temprano, el terrorismo fundamentalista también podrá venir por sus cabezas, sin reparar en que antes lo hubieran disculpado o relativizado.
Como dice Ana: vergonzoso.