Esta semana hemos tenido dos ejemplos muy claros de una estrategia electoral de la oposición, que no solo es insostenible, y nefasta para el país. Sino que es reveladora de una ética ambigua, y que pone los intereses electorales por encima de cualquier valor moral.
El primero tiene que ver con el proyecto de reforma constitucional para no solo destruir la reforma de la seguridad social votada en el Parlamento, sino condicionar a futuro el régimen jubilatorio de manera insostenible. Allí, el Frente Amplio vuelve a jugar con una ambigüedad inaceptable, habilitando una supuesta “libertad de acción”, para que sus sectores más a la izquierda puedan impulsar este proyecto, teóricamente sin comprometer al resto de la coalición.
Y decimos teóricamente, porque semejante desdoblamiento es imposible en un tema como el que estamos hablando.
La propuesta del Partido Comunista y el Pit-Cnt (en los hechos, hace años que son la misma cosa), no solo implica desconocer una decisión democrática de un Parlamento soberano. Determina condicionar al país a un sistema económico inviable, donde habrá que aumentar impuestos de manera asfixiante para poder sostener algo parecido a un sistema jubilatorio.
Esto sin mencionar el directo robo a los fondos que muchos uruguayos han ido acumulando en sus AFAP, y que serían confiscados por el Estado, sin el pago de una indemnización previa y justa, como marca la Constitución.
No estamos hablando aquí de cuestiones superficiales, o detalles programáticos en el que una fuerza política pueda desentenderse, y dar libre acción a su gente como si todo diera lo mismo. Aquí estamos ante un proyecto que se da de trompa con la Constitución, con las leyes de la economía, y con los valores y principios que han marcado a nuestro país por décadas. Todos los expertos legales y económicos del país, incluidos los simpatizantes más o menos racionales que quedan en el FA, han dicho que la propuesta es inviable. Y, sin embargo, para el Frente Amplio da todo igual. Usted vote lo que quiera, que lo único que importa es que el año que viene apoye a la oposición y le permita volver al poder.
El segundo ejemplo tiene que ver con la agresión terrorista del grupo Hamás contra Israel.
Todos vimos las imágenes, todos vimos los videos. Terroristas masacrando mujeres, niños, abriendo fuego de forma indiscriminada contra una fiesta donde miles de jóvenes llamaban a la paz. Y, sin embargo, grupos integrantes del Frente Amplio como, de nuevo, el Partido Comunista, relativizan el hecho, e igualan estos actos aberrantes, con la postura de un país como Israel que desde su creación en 1948, ha debido defenderse de los intentos por borrarlo del planeta.
No es el momento de profundizar en temas históricos, pero quienes no respetaron la ley internacional desde el primer día de la creación de Israel fueron los árabes. Y para quienes hablan frívolamente de “ocupación”, es bueno recordar que justamente la Franja de Gaza, desde donde se lanzó este ataque criminal, fue entregada unilateralmente por Israel a los palestinos como gesto de buena voluntad y paz. Solo para ser convertida en un reducto del terrorismo de la peor calaña.
La cuestión de fondo aquí es que de manera insólita, grupos internos del Frente Amplio (que por su ideología serían colgados de una grúa al instante en Gaza), buscan “facturar” electoralmente con el antisemitismo que anida en ciertas mentes, relativizando la gravedad de este ataque.
Eso mientras que, por supuesto, otros grupos que posan de “razonables” dentro de la estructura del FA, condenan el terrorismo y se muestran solidarios con Israel
La pregunta es, ¿puede haber “libertad de acción” cuando hablamos de una postura frente al terrorismo? ¿Puede un partido político al mismo tiempo condenar y amparar a un grupo terrorista? ¿Cómo se consigue equilibrar esas dos posturas moralmente irreconciliables?
Y aquí hay que hacer una consideración superadora. Ya no hablamos de que, como en otros tiempos, estamos ante grupos menores, que no tienen capacidad de incidir sobre las posturas generales del Frente Amplio. El Partido Comunista, y el MPP, los dos grupos que juegan frívolamente con estas concepciones morales, son hoy quienes mandan dentro del Frente Amplio. Y quienes definirán al próximo candidato a presidente de esa coalición. Más allá de sonrisas de cartelería electoral, esto es lo que piensan esas personas que aspiran a gobernar el Uruguay.
No hablamos de matices. Hablamos de diferencias de fondo.