El presidente Mujica ha tenido una actitud positiva que no suele ser bien valorada. Nada menos que su relación con los medios de prensa. Lejos del clima de confrontación de algunos colegas regionales, Mujica ha encauzado esa relación siempre conflictiva entre gobernante y periodismo apostando al contacto personal, a su carisma, a su llegada con la gente, y nunca a la presión, a la amenaza, o a lanzar el aparato estatal en contra de quien lo critica. Ha habido excepciones desagradables a esta política, pero está claro que en la comparación con el entorno, gana cómodamente.
Y es una postura que le ha dado resultado. Su presencia en los medios es abrumadora, incluso desde mucho antes de ser Presidente ha sido el gran definidor de la agenda de discusión política, y desmintiendo a muchas teorías de comunicación, su omnipresencia mediática no ha afectado (aún) su popularidad.
Por eso llamó la atención que su principal espada política, Eduardo Bonomi, en su reciente interpelación, acudiera al mito de la "sensación térmica" en materia de inseguridad, y a acusar a los medios por instaurar ese tema en la opinión pública. En los días siguientes quedó claro que esa percepción es la que domina en "la izquierda" uruguaya.
En ocasión de la ola de delitos que abrió el año en Uruguay, una andanada de comentarios inundó los medios oficialistas para explicar que en materia de violencia, seguimos viviendo en el mejor país del mundo, y que lo demás es invento de la prensa y la oposición. En la cima de ese disparatario, un artículo publicado en Brecha denunciaba que quienes hablan de la inseguridad difunden un discurso "simplista y paranoico", impulsado por los que "dirigen los medios de comunicación ya que brinda las mayores ganancias y supone los menores costos". Para explicar el asunto, equipara la realidad uruguaya con Argentina, en una construcción absurda en la que Bordaberry es Macri, "la derecha" azuza el terror de la violencia para afectar al gobierno, y Kirchner fue un genio que logró que mozos y taxistas comprendan la compleja realidad detrás del turbio manejo mediático.
Aunque es probable que Bonomi no lo sepa, hay un sustento teórico detrás de esta visión. Es el que construyeron a principio del siglo pasado las corrientes de investigación en comunicación influenciadas por el conductismo y de profunda raíz marxista. Estas teorías, con nombres sugestivos como "la bala mágica", o la "aguja hipodérmica" hablaban de la omnipotencia de los medios, y sostenían que los individuos de una sociedad estaban indefensos y eran manipulados por el mensaje de los medios. Estas teorías, tan propias de una era marcada por la revolución industrial, tuvieron desarrollos posteriores en versiones como el "agenda setting" o los "usos y gratificaciones" hasta la teoría de las "diferencias individuales" que van reconociendo cada vez más espacio a la individualidad, admitiendo que el mensaje mediático pasa por diferentes filtros según quien lo recibe, y que no todos reaccionamos igual ante los mismos estímulos.
Pero que desde las alturas morales de la "izquierda" se insista con estos mensajes deja en claro dos conclusiones desoladoras. La primera es la falta de actualización de este sector del pensamiento nacional, que sigue anclado en lo que se pensaba en el mundo hace más de 50 años. Y que no termina de asumir que ese ideario marxista en el que la masa es un conglomerado idiota y lumpenizado, que debe ser guiado por un selecto grupo de pastores intelectuales para alejarlo de los manejos de la clase dominante y de su propia estupidez intrínseca fue, por encima del fascismo político y la ignorancia económica, la gran causa de la debacle del socialismo real.
La segunda es la absoluta ausencia de construcción de pensamiento propio de esta corriente, siempre desesperada por encontrar semejanzas con lo que sucede fuera, para así poder aplicar esas recetas preempacadas por las intelectualidades foráneas. Da la impresión de que muchos en esa izquierda realmente desearían que Bordaberry fuera Macri. Que los blancos y colorados, que generaron este país amortiguado socialmente que ahora se descubrió era fenómeno, sean un conjunto uniforme de "fachos y "gorilas". Y que sueñan con descubrir en los medios uruguayos a un pérfido Magnetto propio, que dé razón de ser a su cruzada por una sociedad y un periodismo más justo y solidario. Todo aunque la realidad se empeñe cada día en ser un poquito más complicada que eso.
Según los voceros oficialistas, en materia de seguridad seguimos viviendo en el mejor país del mundo, y lo demás es invento de la prensa y la oposición.