Gobernabilidad o rechazo? La decisión de los partidos de la Coalición Republicana de no votar la Rendición de Cuentas presentada por el gobierno al Poder Legislativo, nunca fue sencilla. No es fácil, por opositores que sean estos partidos, negarle al gobierno de turno la posibilidad de contar con el instrumento que le permitirá avanzar en su gestión durante los próximos años.
Es posible, y así sucedió en el pasado, que la oposición, teniendo serios reparos respecto a la Rendición de Cuentas la apruebe para permitir la gobernabilidad.
Esta discusión se dio en la Junta Departamental de Montevideo (y también en las juntas de otros departamentos) que llevó a que unos pocos ediles blancos (pero los necesarios para alcanzar la mayoría especial requerida) le dieran luz verde a la Intendencia para sus planes de obras. Esto causó ruido en la interna nacionalista pero no es fácil dirimir lo que está en juego. Por un lado, el dilema es si hay que negarse a un continuo endeudamiento de la Intendencia al pedir recursos para hacer obras, cuando es notorio que las gestiones frentistas han sido desastrosas.
Por otro lado, si es válido negarse a darle ese voto sabiendo que de ese modo se perjudicará a los montevideanos que podrían beneficiarse con esas obras. A eso se suma un tercer factor: una negativa radical puede eventualmente tener su revancha en el hipotético caso que la Coalición sea gobierno en Montevideo. Para tener éxito necesitará recursos y una minoría hostil en esa eventual Junta Departamental podría obstaculizar sus pretensiones
Tras anunciar su voto negativo a la Rendición de Cuentas, la oposición debió enfrentar la airada reacción de un oficialismo que actúa con teatral sensiblería, pero olvida que cuando Luis Lacalle Pou fue presidente tuvo una actitud parecida a la de una “resistencia”. Resistencia es lo que se antepone a dictaduras o a potencias extranjeras que conquistan un país. No a un gobierno surgido de las urnas, que tendrá ideas diferentes pero que tiene la legitimidad para estar donde está.
La oposición quiso en aquel entonces voltear la Ley de Urgente Necesidad (LUC) mediante una consulta popular, sabiendo que era el plan de acción del gobierno. Se opuso a las medidas para enfrentar la pandemia, y se rehusó a negociar la Reforma Jubilatoria a la que, disimulada bajo los ropajes del sindicalismo, intentó derogar mediante un plebiscito pese a que en sus filas hubo tímidas voces que creían que le ley era mejor.
Por eso sorprende que ahora se muestre ofendida con la Coalición. Es más, desde que está en el gobierno el Frente tampoco buscó negociar con la Coalición. El famoso Diálogo Social fue organizado de tal modo que de haber aceptado integrarlo, la oposición hubiera sido neutralizada por el sindicalismo (verdadero dueño de ese Diálogo) y hubiera quedado pegada a sus peores propuestas.
A eso se suma la estrategia oficialista de desarmar uno por uno, todos los logros obtenidos por su antecesor. Tanto desprecio no es gratis.
Sin embargo, no es por revancha que los partidos de la Coalición se oponen a esta Rendición, sino que es por convicción. Hace tiempo vienen advirtiendo al gobierno que se cuide en sus gastos, dada la delicada situación económica que atraviesa el país y el mundo.
Cuando este debate recién empezó, se hablaba de no incrementar gastos ni crear nuevos impuestos. En el proceso, se optó por hacer algunos ajustes impositivos muy específicos, es cierto, pero que implican cambio de reglas para los sectores afectados. Además, la Rendición incrementó en 31 millones de dólares el gasto público. En la medida que el gasto público no se cuida, es obvio que la oposición no acompañe. No quiere sentirse cómplice de algo que entiende será perjudicial para el país.
Por ahora, el gobierno se apoya en el solitario diputado del Cabildo Abierto, Álvaro Perrone, dispuesto a dar su voto. En lo que va del gobierno de Yamandú Orsi, Cabildo Abierto estuvo más abierto a dar una mano a la bancada oficialista que al gobierno anterior, cuando era socio de la Coalición.
Es posible aceptar que los partidos opositores den un apoyo de mala gana con tal de facilitar la gobernabilidad, si el gobierno y el partido que lo sostiene muestran flexibilidad en su relación con la oposición. No es lo que ha estado ocurriendo. Es entonces razonable que la Coalición anuncie a los cuatro vientos que no apoyará esta Rendición. Los efectos de esta decisión se irán viendo a medida que el proceso avance en el Palacio Legislativo.