A esta altura, y cuando resta todavía un año para las próximas elecciones internas, Uruguay parece hundido ya en un anticipado y asfixiante clima electoral. Bueno, en cierta medida, nunca dejó de estarlo, ya que luego de la derrota del Frente Amplio en las últimas nacionales de 2019, tanto sus militantes, como sus organizaciones “amigas”, no han dejado un día sin operar, ante la frustración de haber sido desalojados del poder. Ni siquiera por la pandemia, o la seca.
Pero en los últimos días hemos tenido evidencia de que el clima político que se viene para el país, será de un nivel de virulencia y manejo opaco de la opinión pública, como nunca antes. Y no solo por una pugna entre los distintos partidos.
Esta semana tuvimos un ejemplo contundente de lo que se viene. Una entrevista radial a la candidata nacionalista Laura Raffo, derivó en un choque agresivo, virulento, agraviante... Donde un periodista llevó lo que puede ser un estilo frontal de preguntar, a superar todos los límites de lo aceptable.
Diga que se trata de una dirigente del Partido Nacional, y de un periodista que tiene mucha afinidad con la izquierda, porque si hubiera sido de otro partido más en línea con las simpatías de las organizaciones que supuestamente defienden los derechos de la mujeres, estaríamos en medio de un linchamiento por “machirulismo en primer grado”. Pero ya sabemos la renguera que afecta a esos grupos a la hora de defender a ciertas mujeres. Con el respeto del caso a los rengos, por supuesto...
Pero el episodio, en el cual un periodista deja su rol para transformarse en antagonista de su entrevistado, no es nuevo ni en el sujeto de marras, ni en el país. Parecería existir un conocido y aceptado doble estándar en muchos profesionales de este rubro en Uruguay, a la hora de dialogar con el sistema político. Y que pasa de las mieles almibaradas en algunos casos, a la confrontación directa en otros, según el color o partido del entrevistado.
En cualquier caso, vale elogiar la actitud de dignidad de Raffo para enfrentar el tema con firmeza, pero sin caer en el victimismo tan en boga.
Ahora, si es bastante notoria para la mayoría de la sociedad la forma en que el estamento comunicacional tiene debilidades por algunas ideas y partidos, y aborrecimiento por otras igual o más legítimas, hay otro fenómeno que hasta ahora ha pasado desapercibido, pero que ya empieza a mostrar su cara más opaca. Hablamos de la pugna en la interna del Frente Amplio, y los alineamientos que esto genera en el mundo de la comunicación.
La semana pasada fue noticia la salida del director de informativos de TV Ciudad, debido a supuestas presiones y exigencias que vulneran todo código profesional, en el canal municipal capitalino. Vale decir que el profesional en cuestión ha negado estas denuncias, fogoneadas por algunos colegas y organizaciones locales.
Ahora bien, cuando uno pasa raya empieza a ver algunos patrones preocupantes. Por ejemplo, varios de los profesionales y organizaciones que, de golpe, se ven altamente preocupadas por la pluralidad y apertura de la línea editorial de TV Ciudad (algo inexistente en la última década al menos), comprueba que todos están cercanos a la candidatura de Yamandú Orsi.
Es que el intendente de Canelones tiene montado (también a costo del contribuyente canario) un verdadero batallón de comunicadores y ex periodistas, destinado a incidir en la agenda en su favor. Se trata de un aceitado mecanismo que permite que tanto a nivel local, como con contactos internacionales de algunos ex jerarcas hoy a sueldo de Canelones, se imponga en la agenda pública la visión que más beneficie al candidato del MPP.
Cuando uno ve a una organización como Cainfo, que nunca dijo nada en años sobre los notorios desbalances de TV Ciudad, de golpe preocupada por el tema, alcanza seguir las migas de pan, para llegar al fondo del asunto.
Y esto es solo el comienzo. Como ocurrió con el llamado “caso Astesiano”, donde se operó desde los medios de comunicación de manera escandalosa para perjudicar la imagen del gobierno con cosas ridículas, tenemos por delante una de las campañas más sucias que se hayan visto en décadas. Lo insólito es que tantos comunicadores, muchos por filiación política, pero no pocos por simple mediocridad y afán de pertenecía a lo que se ha impuesto como correcto, se dejen usar de manera tan poco digna.
Si lo que vimos en los últimos días es un adelanto, habrá que atarse el cinturón para lo que se viene.