España vota

Hoy los españoles van a las urnas para elegir un nuevo gobierno, en que parece soplar un claro viento de cambio. Luego de una campaña que parece haber cambiado poco el panorama electoral que se presagiaba cuando el actual presidente del gobierno decidió adelantar las elecciones ante la debacle que sufrió el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones municipales y autonó-micas de hace dos meses, el Parti- do Popular (PP) aparece como favorito para volver al Palacio de la Moncloa.

Los promedios de las últimas encuestas muestran un panorama favorable al partido de Alberto Núñez Feijoo con el 34%, seguido por el de Pedro Sánchez con el 28%, apareciendo mucho más atrás los partidos radicales de izquierda (Sumar) y de derecha (Vox) con el 13% cada uno. Las otras formaciones, que incluyen partidos menores y locales alcanzan un 11% que puede ser decisivo a la hora de formar mayorías.

Existió en la campaña un único debate entre los principales candidatos en el que, para sorpresa de muchos, Feijoo salió mejor parado que Sánchez.

En efecto, en un debate que recordó al primero televisado que tuvo la democracia española entre el entonces presidente Felipe González y el candidato popular José María Aznar, el desafiante que venía de punto terminó triunfando sobre el que venía de banca. El aplomo y sensatez gallega de Núñez Feijoo le ganó al nerviosismo patoteril de Sánchez, en una instancia que, de todas formas no movió mucho la intención de voto.

La campaña del PP ha sido muy buena, en especial en términos de plantear los principales problemas que enfrenta España y lograr la unidad del partido.

Para la base electoral del PP Feijoo podía aparecer como más moderado de lo que las circunstancias requieren pero logró abrir la cancha para que tuvieran un lugar destacado dos mujeres como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo y los expresidentes Aznar y Rajoy, así como cada uno de los dirigentes locales.

Por su parte, un PSOE desgastado, que no ha logrado responder a los problemas económicos de la madre patria, que ha impulsado leyes insólitas como la que logró dejar en libertad a cientos de violadores y adoptó una radicalización del discurso y la acción en temas sociales de escaso o nulo interés para la mayoría de la población parece destinado a la derrota. Mientras que Sánchez parece interesado en dirigirse a minorías radicalizadas en temas que no despiertan pasiones fuera de esos círculos, Feijoo habla de empleo, ingresos y oportunidades, y parece que le puede funcionar.

Quizá el principal debate de fondo, y el que esté decidiendo el voto de la mayoría de los españoles, es si están a favor de mantener las bases que sentó la democracia restaurada después del franquismo, con su Constitución como principal pilar institucional, y si quiere volar por los aires la unidades del Estado, su declaración de derechos y la prosperidad económica que posibilitó en todo el territorio. Con sentido histórico, pero también de lo que desean los españoles el PP se ha posicionado como el partido que defiende el proceso de transición liderado por Adolfo Suárez y Felipe González, mientras que el PSOE no tiene problema en dividir a España en distintos estados y en pactar con los partidos radicales que defienden el terrorismo. Ante esta disyuntiva, no es raro que los electores prefieran el sentido común y el camino que les ha permitido que España se integre a Europa como un país moderno y pujante.

Del lado de los partidos menores, que son castigados en las bancas parlamentarias por la falta de proporcionalidad en su asignación, luego de la desaparición de Ciudadanos tanto la extrema izquierda como la derecha no han logrado despegar. Con algunas diferencias por cierto, mientras que Vox ha logrado extenderse por todo el país con cargos de representación en la mayoría de los gobiernos locales de España, Sumar, la nueva etiqueta de la extrema izquierda luego del colapso de Podemos, parece sostenerse en base a acuerdos precarios y un fino equilibro de intereses diversos insostenible en el tiempo.

En definitiva, hoy es el día en que las encuestas ya no importan porque los españoles concurren a las urnas a decidir su futuro. Para Uruguay, y para América Latina, es muy importante que vuelva al gobierno de España una administración centrada que mire hacia el Atlántico.

Eso también está en juego en las elecciones cuyo resultado conoceremos en la tardecita uruguaya.

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