Encierro, memoria y poder

El período de la pandemia de Covid 19 fue uno de los más oscuros de la historia. Antes que nada, por supuesto, debido a la cantidad de muertes y pérdidas humanas, sin que todavía esté del todo claro cómo comenzó, ni si hubo responsabilidades políticas en su abordaje inicial. La OMS, pese a su lamentable trabajo, sigue funcionando como siempre, y su cantinflesco director, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, continúa en su cargo lo más campante y exigiendo más plata.

Pero el tiempo transcurrido ha permitido un análisis más profundo de lo ocurrido en los inicios de la pandemia. En particular es muy revelador un estudio realizado en conjunto por la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, y la Lund University de Suecia, que analiza el impacto de los “lockdowns”, o encierros forzosos, que implementaron algunos países durante la pandemia. Política que en Uruguay fue impulsada de manera muy potente, (alguien diría más bien prepotente), por instituciones como el Sindicato Médico, el Pit-Cnt, el Frente Amplio, y algunos matemáticos de triste memoria.

El resultado de estos estudios es lapidario. Los investigadores dijeron que los hallazgos mostraban que los encierros habían sido “un fracaso político global de proporciones gigantescas”. Según los autores, los “lockdowns” fueron una promesa fallida. “Tuvieron efectos insignificantes en la salud, pero costos económicos, sociales y políticos desastrosos para la sociedad. Lo más probable es que los confinamientos representen el mayor error de política en los tiempos modernos”, se concluye.

El primer confinamiento de Gran Bretaña, en marzo de 2020, se introdujo sobre la base de modelos matemáticos del profesor Neil Ferguson, que había predicho que podría haber más de 500.000 muertes si no se toman medidas para detener la propagación del virus. Los hallazgos sugieren que los confinamientos en respuesta a la primera ola de la pandemia evitaron tan solo 1.700 muertes en Inglaterra y Gales. En una semana promedio hay alrededor de 11.000 muertes en Inglaterra y Gales.

Como contrapartida, el impacto perjudicial del confinamiento en la salud y la educación de los niños, en el crecimiento económico y su contribución a los grandes aumentos de la deuda pública se ha vuelto cada vez más claro desde que se introdujo la política.

En particular, resulta impactante ver en ese estudio los estragos que estos confinamientos generaron sobre todo en la salud mental de los niños.

Tres años después, todavía esperamos algún comentario de las autoridades del Sindicato Médico, del Pit-Cnt, del Frente Amplio, y los matemáticos de triste memoria sobre los efectos perversos de las políticas que ellos no solo impulsaron. Sino que quisieron imponer a un gobierno democrático, usando las herramientas más viles de presión social, azuzando el miedo, y enfrentando a uruguayos contra uruguayos.

Pero esta pieza no intenta ser una pasada de factura por cosas de hace ya años. El problema de fondo es otro, y muy actual.

Pasados ya tres años del inicio de la pandemia de Covid, nuevos estudios confirman que los encierros forzosos fueron “fracasos de proporciones gigantescas”, lo cual ayuda a repensar otras cosas más actuales.

El hecho de que una cúpula, una elite política y académica, pretenda tener el monopolio de la verdad, e imponer a la población en general su sensibilidad y forma de ver las cosas, es algo que afecta a la política nacional y global todos los días. Un elitismo disfrazado de solvencia intelectual, que no es la primera vez que genera este tipo de daños en el Uruguay y en el planeta en general.

Hay incontables ejemplos de cómo estas elites ensoberbecidas buscan imponer su visión al resto. Desde las políticas de movilidad urbana a los impuestos, pasando por políticas sociales como las referidas a las cuestiones de genero, de diversidad sexual, y hasta el medio ambiente. En todas estas causas se puede detectar cómo una minoría con aspiraciones de superioridad intelectual busca imponer a la sociedad su sensibilidad, su canon moral.

Y cualquiera que osa mostrar un atisbo de duda es inmediatamente tildado de “facho”, retrógrado, conservador, y otras linduras. Así como cuando alguien se mostraba contrario a los confinamientos, se lo acusaba de asesino masivo, o de ser responsable de “muertes evitables”. ¿Se acuerda?

Es que en las sociedades de hoy existe un germen profundamente antidemocrático que anida en cierta elites académicas y políticas, que es la principal amenaza al diálogo constructivo y civilizado que ha llevado al avance de la humanidad. Algo que la gente de a pie debe tener muy en cuenta, para evitar ser arreada como ganado, rumbo a caminos que solo provocarán tragedias.

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