EDITORIAL

Las elecciones en Venezuela

Al adelantar los comicios para el 22 de abril, Nicolás Maduro complicó a la oposición cuyos principales candidatos, Henrique Capriles y Leopoldo López, no pueden presentarse por imposición del autoritario régimen chavista.

Las encuestas dicen que la impopularidad de Nicolás Maduro supera el 70% pero él cree que en las elecciones a realizarse dentro de pocas semanas resultará vencedor y gobernará Venezuela por seis años más. Tanta fe tiene fundamentos puesto que sus dos rivales más temibles, Henrique Capriles y Leopoldo López, están inhabilitados políticamente por una justicia electoral manejada por el propio Maduro. Por si fuera poco, su abrupta decisión de anticipar las elecciones para el 22 de abril complicó a la oposición que apenas tiene tiempo de organizar unas primarias o elegir por consenso un candidato único.

En tanto, la arbitrariedad impera en Venezuela con arrestos permanentes de opositores al chavismo. En los últimos días fue detenido por la policía política Enrique Aristeguieta, de 84 años, último sobreviviente entre los políticos que en 1958 derrocaron a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Al parecer, ese hombre, símbolo de la lucha contra los tiranos, es una amenaza para el régimen bolivariano.

En ese país con la economía destruida, azotado por la inseguridad, en donde faltan alimentos y medicamentos, se estima que la inflación de este año alcanzará el 13.000%, un récord absoluto en la materia. Una reciente y desesperada maniobra del gobierno consistió en inaugurar un nuevo sistema cambiario que en los hechos debilitó a la moneda local en casi un 100 por 100%. Con la devaluación se busca contener el ascenso del llamado "dólar negro" al que se responsabiliza por la inflación.

Semejante panorama supone hambre y penurias para la población, excepto para los privilegiados que rodean a Maduro o sus partidarios, los poseedores del llamado "carné de la patria" que les otorga ventajas económicas. Son comunes las historias de gente que fallece por la falta de medicinas o por la carencia de aparatos médicos en los hospitales mientras que la pugna por conseguir alimentos en los almacenes y los supermercados desprovistos de mercancías evocan la situación habitual de la empobrecida Cuba.

Ante ese desastroso cuadro la emigración es la solución para decenas de miles de venezolanos que se radicaron en países como la vecina Colombia o en Brasil, Perú y Chile de manera preferente. Incluso en Uruguay los emigrantes de esa procedencia aumentan mes a mes. El tristemente célebre "socialismo del siglo XXI" postulado por Hugo Chávez ha provocado esta sangría de recursos humanos, en particular de jóvenes que buscan labrarse el porvenir que hoy su país no les ofrece.

Estados Unidos, comprador del petróleo venezolano a la par de China, parece haber reforzado su inquietud respecto a Venezuela. El secretario de Estado Rex Tillerson, acaba de realizar una gira que abarcó varios países latinoamericanos en donde pidió que se presionara al "régimen corrupto de Maduro para que retorne el orden democrático". Como es sabido, el gobierno de Donald Trump aplicó sanciones a unos 50 altos funcionarios del régimen. Del mismo modo, la Unión Europea y Canadá tomaron medidas para presionar al gobierno de Maduro para que adopte medidas democráticas y respete los derechos humanos. Sostenido por las Fuerzas Armadas, con una Asamblea Constituyente elegida a su gusto y superpuesta al Parlamento, Maduro fanfarronea y asegura que ganará las elecciones. Con un dominio casi completo de los medios de comunicación trata de vender la imagen de una Venezuela pacífica y feliz. Pero en ese país tan afligido cada vez hay menos venezolanos que se tragan la píldora y sólo los paniaguados del chavismo le cantan loas a Maduro y su pajarito.

Desde diciembre se desarrollaba en Santo Domingo un diálogo entre el gobierno y la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que acaba de quebrarse. Julio Borges, delegado de esa Mesa, le pidió a Maduro que "no cometa el absurdo error de convocar a elecciones de forma unilateral" al tiempo que recordó que ese gobernante autoritario "no es el dueño de la democracia en Venezuela sino que lo son los venezolanos que deben ser respetados". Ya se sabe que sus palabras caerán en saco roto dado el empeño de Maduro en convocar a elecciones sin darle a sus competidores tiempo para prepararse. A ellos les corresponde ahora resolver si se presentan a elecciones en condiciones desventajosas o si deciden abstenerse y dejar que el chavismo corra solo y su carácter dictatorial quede más en evidencia.

El ideal sería que la oposición pudiera organizarse y dar batalla al gobierno porque sería trágico para Venezuela y para América Latina que ese pichón de dictador se saliera con la suya y lograra perpetuarse en el poder.

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