Habiendo recibido en octubre 392.592 votos, y con una representación de 17 diputados y 5 senadores, idéntica a su resultado de 2009, el Partido Colorado (PC) terminó el ciclo nacional de elecciones con buenas perspectivas.
En primer lugar, logró algo que venía siéndole muy difícil y que es fundamental para hacer pervivir a una colectividad política: renovar sus cuadros dirigentes, tanto en perfiles personales como en edades. En efecto, si bien somos un país al cual el Frente Amplio ha hecho creer que se puede ser una joven promesa contando con más de 60 años de edad, lo cierto es que la actividad política y la conexión con distintos electorados precisan del protagonismo partidario de las generaciones menores a 50 años.
Sin duda, el liderazgo de Ojeda representa bien a esa nueva generación que llegó al destaque en el PC y que le asegura un futuro. Hay allí diputados, senadores y dirigentes que van a hacerse notar en estos años, y que habrán surgido de esta campaña electoral en la que los colorados eligieron a un candidato a la presidencia de 40 años. En este sentido, baste recordar la importancia de la generación de los jóvenes formados en torno a Luis Batlle hace setenta años, o la de los que rodearon a Jorge Batlle hace treinta años, para darse cuenta de que un desafío mayor de renovación acaba de ser llevado adelante con éxito por el partido de la Defensa.
En segundo lugar, todo partido precisa siempre de varias corrientes para poder asegurar su papel de “catch- all”, es decir, para poder representar a distintas voces y sectores de la opinión ciudadana. Aquí el PC termina su ciclo electoral nacional con dos alas bien desplegadas, definidas y complementarias.
Por un lado, está el sector en torno al liderazgo de Bordaberry, que ya está mirando el horizonte de 2029, con su extensión territorial amplia en base a sus éxitos en elecciones de Diputados y también a su representación en Senadores. Por otro lado, está la federación que ha terminado de conformar Ojeda, con sentido aperturista e integrador, y que se traduce en una actuación coordinada del sublema mayoritario del PC y con un liderazgo legítimo que nació de las urnas internas del pasado mes de junio. Ambas corrientes servirán así al crecimiento de todo el partido, ya que llegan a diferentes sectores de la opinión y se complementan incluso en formas de liderazgos y perfiles de actuación pública.
En tercer lugar, el PC tiene por delante un desafío clave que tanto Bordaberry como Ojeda tienen muy claro: la representación del partido en las distintas elecciones departamentales de mayo de 2025. En efecto, es evidente que en los casos de Salto, Canelones, Montevideo y Rivera ese desafío está resuelto: en los tres primeros, porque funcionará allí la Coalición Republicana como lema, lo que permitirá a todos los sectores colorados marcar sus perfiles y encontrar así representación local que asegure la vitalidad de todo el partido. Para el caso de Rivera, porque el departamento colorado del país tiene, una vez más, como favorito al partido de la Defensa para renovar su Ejecutivo departamental el año que viene.
El asunto parece más complicado en los demás departamentos. Es que de manera general existe allí una polarización blanca- frenteamplista que hace muy difícil la expresión de la representación colorada. Con sentido pragmático, es evidente que el liderazgo de Ojeda en particular, desde la secretaría general del PC, tendrá allí una prueba política y electoral desafiante: lograr cada vez, en esos departamentos, acuerdos particulares para que las expresiones de los nacionalistas se enriquezcan de perfiles colorados. Así, para los candidatos blancos la contienda con los frenteamplistas se verá más aliviada, y para los dirigentes colorados la batalla electoral redundará en mayor representación en las Juntas Departamentales, y también en el ejercicio concreto del poder en las intendencias en cargos ejecutivos que reflejen el apoyo colorado al triunfo del lema Partido Nacional.
Si a fines de otoño de 2025 el PC termina pudiendo presentar una fotografía de renovación generacional amplia, encarnada además en el liderazgo principal de Ojeda como secretario general del partido; dos alas bien desplegadas y complementarias, que suman al crecimiento de todo el conjunto colorado; y varias representaciones departamentales más numerosas que en 2020, incluso con la chance de ganar la intendencia de Salto, es claro que se habrá procesado un renacer colorado que, sin duda, le hará bien a toda la Coalición Republicana.