Una nueva Cumbre del Mercosur atrajo a cientos de periodistas, fotógrafos, comentaristas, delegaciones, burocracia de variados niveles, medidas de seguridad, generando decenas de artículos, noticias, entrevistas y opiniones técnicas y políticas. Ha sido el sexto encuentro del bloque en el período de gobierno de Lacalle Pou y nuestro Primer Mandatario volvió a hacer un planteo tan educado como firme, sobre la aspiración del Uruguay respecto del tratado. Quedó de manifiesto una vez más su anhelo de abrir de una vez por todas “la jaula”, al decir del académico Ignacio Bartesaghi, cuya voz crítica de la posición hasta ahora predominante del “statu quo”, es conocida.
El espíritu detrás de la creación del Mercosur se ha apartado de los fundamentos que le dieron origen 30 años atrás. Pensado el acuerdo transnacional como estímulo y herramienta para una reactivación comercial y económica en esta zona del continente, luego se introdujo otra visión de parte de ciertos gobernantes, a fin de darle un giro hacia lo político, desvirtuándose de esta manera su cometido primigenio. La unión aduanera en realidad es hoy un agujereado arancel externo común, al mejor estilo queso gruyere, a la vez que la coordinación de las macroeconomías brilla por su ausencia. Al tiempo que la idea otra vez propuesta por el Presidente Lula de una moneda común, levanta más reparos que apoyos. El comercio intrarregional representa solo alrededor del 10% de su comercio externo total, una cifra ridícula comparada con las transacciones comerciales entre los socios de la Unión Europea y del área asiática.
Mientras tanto, Estados Unidos y la UE han firmado Tratados de Libre Comercio con varios países de América del Sur y de América Central. El Mercosur ha abandonado el pragmatismo y tiene que lidiar con dificultades en lo social, lo productivo y lo digital, a pesar de los logros en los dos últimos sectores y los esfuerzos del gobierno para apuntalar al primero. Empezando por las dos grandes reformas que este gobierno decidió emprender, a pesar de los embates que tendría que enfrentar. La de la Educación, que avanza a pesar de todas las trancas gremiales orquestadas por la Federación de Profesores, integrada por un reducido número del amplio universo docente, pero cargada de activismo. Y en paralelo la de la Seguridad Social, imprescindible para evitar un default en el área de las prestaciones, provocando un desastre a nivel de futuras jubilaciones y pensiones. A su vez desde el Ministerio de Bienestar Social se hace una gran labor para ayudar a los más necesitados.
Pero el Presidente Lacalle tiene claro que la población mejora genuinamente su vida si hay crecimiento económico, inversiones y el capital humano está capacitado. De ahí la insistencia para liberarse de las maneas del Mercosur. Para un país chico, abrirse al mundo es vital.
En esta temática hay distintas apreciaciones y la interrogante es qué opciones hay. El desafío se encuentra entre los temores y el arrojo. Salir o no salir (del Mercosur) es la cuestión. ¿Cuáles los perjuicios y cuáles las ventajas? ¿Dando un portazo o negociando? ¿Se puede o no se puede? Como es habitual, hay dos bibliotecas. Quienes aseguran que es judicialmente desaconsejable apartarse y que no es posible la flexibilización debido a la norma 32-0 aprobada por el Consejo del Mercado Común -máximo órgano del Mercosur- en el año 2000. En ella se mandata a los países a negociar en forma conjunta con terceras economías. Según el catedrático Bartesaghi, es una decisión polémica ya que no está vigente, aunque los estados la han considerado como un impedimento para negociar individualmente. El mejor de los mundos sería dejar de ser miembro y permanecer como nación asociada. Así, buena parte de las preferencias actuales, opina Nicolás Pose, Magíster en Economía y Política Internacional, se podrían arreglar, aunque con un menor acceso al mercado, posiblemente.
En caso de dejar el Mercosur se podrán hacer acuerdos bilaterales, (China, el Transpacífico) si contamos con negociadores capaces, pero las ventas a los vecinos tendrían que pagar aranceles, a no ser que se acuerde, por ejemplo a través de Aladi, como sugieren algunos. En el horizonte aparece una oportunidad con EE.UU. si camina el proyecto de ley de los parlamentarios norteamericanos que visitaron Uruguay hace poco, algo sobre lo que nuestro Embajador en Washington, Durán Hareau, tiene grandes esperanzas.
Uruguay exportó al Mercosur en 2022, US$ 3208 millones, siendo Brasil el tercer destino, detrás de China y la Unión Europea.