El Pit-Cnt perdió el juicio

El Pit-Cnt presentó la propuesta de reforma constitucional por la que juntará firmas con vistas a destruir el sistema previsional uruguayo y la economía nacional. Si el amable lector piensa que estamos exagerando aguarde a observar el detalle de las medidas y sus consecuencias.

Se podría argumentar, con razón, que los uruguayos le hemos ido perdiendo el respeto a la Constitución a lo largo de un período bastante extenso, en que hemos ido agregándole chirimbolos como si fuera un árbol de Navidad sin tener en cuenta si tenían mayor sentido con el conjunto de la Carta Magna o si revestían suficiente jerarquía. Partiendo de la formidable Constitución de 1830, una carta liberal por excelencia que contaba con los mejores artículos que aún hoy sigue teniendo, la hemos ido degradando con el tiempo, a impulso de reformas sustantivas o de plebiscitos específicos.

La Constitución de 1917 consagró la posibilidad de crear empresas públicas o realizar estatizaciones, un grave retroceso en términos de nuestra involución económica. La de 1934, imbuida del fascismo de su tiempo, creó órganos de gobierno corporativo como el consejo nacional de economía o artículos de signo totalitario, como que “la Ley reglamentará la distribución imparcial y equitativa del trabajo”. Se fueron incorporando luego derechos que no son tales, como el “derecho a la vivienda” que responde a un problema económico de escasez de recursos, no a que exista un derecho a la posesión de un determinado bien, con lo que, de paso, se degrada la consideración de los verdaderos derechos fundamentales.

Más adelante hemos tenido reformas al golpe de plebiscitos absurdos, como el que propuso la forma en que se actualizan las jubilaciones en 1989 o el que estatizó el agua en 2004, introduciendo rigideces absurdas en la Constitución y errores gramaticales. Es evidente que no se ha hecho ningún favor al texto fundamental de nuestro contrato social con las modificaciones caprichosas o impulsadas por modas del momento. Al irle perdiendo el respeto al faltárselo flagrantemente una y otra vez se explica cómo cualquier corporación o partido se anima a proponer reformas constitucionales deplorables.

El Pit-Cnt propone varios disparates en la campaña de recolección de firmas que se apresta a comenzar. En primer lugar, fija la edad de retiro a los 60 años, algo que no ocurre en ningún país del mundo porque significa el fin de los sistemas previsionales. Es imposible sostener la carga de las jubilaciones y pensiones si las personas, afortunadamente, cada vez viven más, pero queremos dejar incambiada la misma edad de retiro de cuando se vivía 20 años menos. Cada vez hay menos trabajadores activos para sostener a los pasivos, por lo cual no dan los números y ese es un problema real al que escapa el realismo mágico del Pit-Cnt.

Se agrega que no se podrán disponer leyes que empeoren las condiciones actuales de jubilación, lo viene a grabar en piedra los privilegios de la llamada caja militar o la bancaria y no permitirá ningún tipo de reforma que tienda a unificar los sistemas de pensiones.

Se eliminan las AFAPs, lo que implica el fin de la capitalización individual parcial que tenemos por el regreso al sistema de reparto puro del BPS previo a 1996. Esto será otro golpe tremendo a las finanzas públicas que tornará al sistema en insostenible, pero con un problema adicional; confiscará el dinero que cada trabajador hoy tiene ahorrado en una administradora de fondos y que le pertenece y es heredable por su familia en caso de fallecimiento. Ese dinero que le pertenece a cada persona pasará al BPS, vale decir, es una expropiación lisa y llana sin resarcimiento, no a las AFAPs, a cada persona, a cada uno de nosotros. Vale decir, quieren robarnos nuestra plata y ponerlo en la Constitución para hacerlo legal ¿qué le parece?

De aprobarse este adefesio nuestro país retrocederá enormemente en beneficios sociales y deberá afrontar un problema fiscal gravísimo que solo se podrá resolver con un brutal incremento de impuestos que afectará a los trabajadores inevitablemente, directamente y a través del empleo si la carga se pretende poner a las empresas. ¿Comparte el amable lector ahora la preocupación por la locura que pretende llevar adelante el Pit-Cnt? El pueblo uruguayo es demasiado sabio como para aprobar esta reforma y si nuestros argumentos le resultaron escasos lea el excelente informe de AEBU oponiéndose al planteo del Pit-Cnt. Entre la demencia ideológica caprichosa del Pit-Cnt y los mejores intereses nacionales, la decisión para los uruguayos parece muy clara.

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