El pecado de hacer las cosas bien

Parece que “hemos cometido el pecado de hacer las cosas bien” dijo el presidente Lacalle Pou al dirigirse a las Naciones Unidas en su Asamblea Anual, el pasado 19 de setiembre. La frase, a la vez de sorprender a la audiencia y a la prensa, se despegó con una resonancia especial, más allá del rico contenido de su concisa pero sustancial oratoria.

Aunque parezca una ironía, lo cierto es que Uruguay es hoy víctima de su éxito. ¿Por qué se ha apreciado tanto su moneda, fortaleciéndose en forma continua? En lo que va del año, el dólar ha retrocedido más del 5% y seguimos atrayendo inversiones por varias razones. Una de ellas y para nada menor, es contar con una democracia plena y estable con pleno respeto institucional. Han aumentado los extranjeros que se radican en nuestro territorio, empresas que deciden instalarse por aquí y los uruguayos por su parte, huyen menos de nuestro dinero e invierten en títulos locales en sus distintas variantes. Es un Estado que se aprecia como confiable, tal como lo indican las calificadoras internacionales de riesgo. Las más reconocidas le han mejorado la calificación, incluso Fitch, siempre la más dura al momento de poner una nota.

Además, tenemos una tasa de inflación descendente que si bien sigue siendo alta comparada con otros países, por su nivel y tendencia es envidiable. Refuerza las perspectivas de estabilidad monetaria para aquellos que traen dólares y se da cumplimiento a la ley de la oferta y la demanda; cuanto más billetes ingresan, el valor a lo que se convierten aumenta. Por ejemplo, un nuevo residente argentino que construye su casa debe cambiar las divisas en pesos uruguayos para comprar materiales, tierras, pagar sueldos, etc. Se crea demanda de pesos al tiempo que crece la oferta de dólares. Lo más escaso y requerido sube de valor, mientras lo que abunda, baja.

No se desea evitar el influjo de inversiones obviamente, pero para evitar las consecuencias negativas el ahorro y el capital que entran debe tanto generar bienestar, como bienes y servicios con mayor productividad. Uruguay tiene hoy ahorros y posibilidad de captar capitales para importar máquinas, equipos y tecnología que permitan producir más y mejor, agregando valor a nuestras exportaciones. Pero si seguimos haciendo lo mismo, el riesgo es que con una mejor tecnología se produzca con menor mano de obra y ahí perciben posibles problemas. El futuro pasa por encontrar nuevos filones de actividad donde invertir y crear trabajo. El desafío se encuentra en qué sectores avanzar. En lo tecnológico, en capital humano preparado en el campo de la ingeniería y en actividades distintas a las tradicionales.

Nuestra actividad económica padece lamentablemente, de falta de flexibilidad y compromiso gremial a causa de un sindicalismo vetusto y radicalizado que trunca las posibilidades de aggiornamento. En la industria, los servicios o la producción. Se da a menudo el absurdo de que la fuerza sindical pretende no dejar a la dirección cumplir con su cometido, en una chocante confusión de roles.

El presidente Lacalle hizo hincapié en que se ha logrado un desarrollo humano y económico aceptable en nuestro país y gracias a esos estándares muchas veces quedamos afuera del acceso a determinada cooperación, a sistemas de preferencias o a determinados instrumentos de relacionamiento comercial.

Agregó que aunque se comparta el espíritu por el cual han sido creados esos mecanismos, se invita a buscar la manera de rediseñarlos. En la actualidad Uruguay suele ser considerado en la esfera internacional no como un país en desarrollo, sino en “transición”. Figurar en esa categoría le dificulta la solicitud de cooperación. Es un reclamo que tiene ya un tiempo y se replica en otros casos como ser el de Costa Rica.

No se trata de mendigar, dijo el presidente, “pero aspiramos a que si hacemos las cosas bien, se actúe en consecuencia y se nos abran las puertas hacia mayores oportunidades”. El empleo ha mejorado bajo la presente administración, hay una inversión pública histórica en infraestructura y se ha adherido seriamente a los compromisos de la agenda sustentable que implica el concepto de progreso económico y cuidado del ambiente como factores íntimamente relacionados. La emisión uruguaya de un bono verde es parte de las acciones concretas en esa línea, con premios y castigos según se cumplan los parámetros establecidos en el Acuerdo de París. Aparte de otros datos tangibles, como el hecho que en Uruguay el 90% de su energía es renovable; o que hay una muy considerable reforestación y procesos productivos sostenibles.

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