El odio a las Fuerzas Armadas

El problema con los menores que tienen conflictos con la ley, es apenas una parte de un dilema mucho mayor que tiene Uruguay. Que arranca por familias rotas, sin estructura ni valores, y que lleva generaciones en la marginalidad. A eso se suma el desastre de nuestro sistema educativo público, que ni entusiasma, ni contiene a los jóvenes de menores recursos.

Es en esa etapa, que el Inisa recibe a algunos de los frutos rotos de este problema mayor. Pese a los continuos cambios de nombre, de jerarcas, y de filosofía, ese organismo no ha logrado cumplir con el fin de ser una herramienta de reinserción social para una mayoría de esos jóvenes que le llegan con heridas, muchas veces incurables.

El nuevo presidente del organismo, Jaime Saavedra, es alguien con experiencia y valores humanos adecuados para intentar mejorar los resultados de esa misión imposible que le ha encargado la sociedad. Y entre las cosas que ha hecho, es firmar convenios con distintas instituciones, que puedan servir para colaborar en la reinserción de jóvenes.

Uno de esos convenios, naturalmente, ha sido con las Fuerzas Armadas. ¿Por qué naturalmente? Porque es una institución que tiene más años de vida que el país de independencia, porque tiene presencia en todo el país, porque funciona con un marco jerárquico especial, que se adapta muy bien a las necesidades de jóvenes que en muchos casos han sido criados en contextos de familias rotas, sin referentes, y sin posibilidades de un futuro razonable. Una institución vertical, meritocrática al máximo, y donde se ve un camino de mejora personal, basado en el esfuerzo personal y el cumplimiento de reglas claras.

Hasta ahí, sólo cosas que aplaudir del gobierno, y de los jerarcas involucrados.

Pero resulta que en las últimas horas, dos sectores del Frente Amplio han salido a criticar el acuerdo. Se trata del Partido Socialista y Casa Grande, grupos con caudal electoral inversamente proporcional a su soberbia y resentimiento social. ¿Por qué alguien se opondría a un acuerdo así? Según los dirigentes de estos grupúsculos, es porque no les gusta la forma de funcionamiento vertical y jerárquica que domina en las Fuerzas Armadas, una institución que directamente han llamado a destruir. Señalan, que fomenta conductas violentas, y una forma tóxica de relacionamiento humano.

La realidad es bastante diferente.

Por un lado, estos sectores, que siguen lucrando políticamente con las heridas dejadas por la guerra sucia interna que padeció el país desde principios de los 60, hasta el final de la dictadura militar, cultivan un odio visceral a las Fuerzas Armadas. Es la representación del sentimiento de personas que fueron derrotadas por el estado a través del estamento militar, cuando intentaron una revuelta para imponer un sistema a lo cubano en Uruguay. En otros casos, francamente minoritarios por un tema estadístico y generacional, gente que guarda rencor por la represión de la que fueron objeto en la dictadura, y en la guerra sucia previa.

Pero estamos en 2026. Mucha agua ha pasado bajo el puente, y las Fuerzas Armadas de hoy son muy diferentes a las de hace 60 o 70 años, por lo cual esos sentimientos ya no tiene razón objetiva de ser.

En cuanto a la forma de funcionamiento jerárquico y valórico de una institución castrense, la experiencia no deja dudas de que en muchos casos es justamente lo que precisan jóvenes que arrastran problemas como los que tienen muchos de quienes se encuentran en el Inisa.

Por supuesto que cada experiencia es diferente, y habrá que ver cómo se implementan estos convenios, y evaluar atentamente sus resultados. Pero hay una cosa que el país no puede darse el lujo.

Y es seguir perdiendo el tiempo en cuestiones banales, que responden a resentimientos ideológicos de grupitos que representan a 20 personas, y que defienden siempre todas las ideas equivocadas. Las defendieron en los 60, y lo siguen haciendo ahora. Grupos que privilegian sus cuotas de poder, y sus (micro) nichos electorales, por encima de los intereses de toda la sociedad. Gente que, además, son en buena medida responsables, por su penetración en gremios y su impulso a políticas nefastas, de que estos jóvenes no hayan recibido le cuidado necesario por parte del estado, cuando el contribuyente aporta cantidades pornográficas de dinero para sostener un sistema de ayuda social, y de educación y salud gratuitas.

Es de esperar que el gobierno de a estos grupos la atención que su caudal electoral amerita. Y que se siga adelante con este tipo de iniciativa.

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