El manejo de los nombres

EN lo que tiene que ver con la participación de representantes nacionalistas en cargos de gobierno no se ha insistido lo suficiente sobre otro hecho importante como lo fue que, ya el viernes 7 de marzo, el Directorio del Partido había difundido por la prensa y hecho llegar al Poder Ejecutivo el nombre de dos prestigiosos ciudadanos para integrar el Banco de la República.

Si antes o después de firmarse el Acuerdo Programático, e incluso, si antes de enviarse la lista con los veintitrés nombres se hubiera advertido que el Frente Amplio quería disponer allí de cuatro cargos, quedando uno solo para el nacionalismo, el problema se hubiera discutido en su momento, evitándose, —tal vez— males posteriores. Pero luego de acordado un criterio y divulgado el nombre de los propuestos, constituyó una falta de respeto para con el Partido y con las personas involucradas cambiar las reglas de juego. Por la dignidad de nuestra colectividad política y por la consideración que ambas se merecen, no se podía tomar otra decisión que la adoptada por el Directorio. En esa actitud se encuentra, precisamente, la diferencia entre respeto y manoseo.

Para el Encuentro Progresista pareciera que las personas valen muy poco, siendo tratadas como piezas de ajedrez que se mueven desde arriba.

ALGO de ese temperamento se había esbozado ya antes de asumir las nuevas autoridades. En ese sentido merece recordarse que el M.P.P. propuso inicialmente al Sr. Luis Rosadilla como candidato único para la Intendencia de Montevideo, llegando hasta invadir con su nombre los muros de la ciudad, siendo borrado de urgencia cuando lo rechazaron otros grupos del Frente. Debió haberse negociado primero y difundido después, pero no pintado primero y tachado más tarde. El otro caso se dio a los pocos días con el Economista Guillermo Pomi, a quien el M.P.P. le había ofrecido en el mes de julio la Presidencia del Directorio del Banco de la República y que fuera cuestionado por el Ministro de Economía en un enfrentamiento público que terminó con el corte de su cabeza. Forma parte de otra historia agregar que ahora se la colocaron de nuevo en el lugar, proponiéndolo como embajador en Sudáfrica.

Esa notoria falta de respeto por las personas se vio, sin embargo, desbordada en su cauce al tomar el gobierno.

No tiene precedentes en la historia diplomática del Uruguay que el dictador de un país haya vetado públicamente el nombramiento de un embajador. Es cierto que constituye un proceso normal solicitar al país de destino el "placet" para la persona nominada y es cierto también que en varios casos ha habido oposición a las propuestas, pero ese procedimiento se manejó siempre con discreción y la opinión pública no llegaba a enterarse de lo sucedido.

CON la Sra. Elsa Methol Ferré ocurrió, sin embargo, un caso insólito, ya que la Embajada se le ofreció en el mes de octubre; se le reiteró en el mes de diciembre y, oficialmente, se divulgó su designación en febrero, llegando hasta a entregársele en la Cancillería un instructivo detallando las obligaciones del cargo. Ya había llamado la atención la impertinencia verbal de unos amanuenses de Fidel Castro que se encontraban en nuestro país para participar en la trasmisión del mando, cuando declararon a la televisión que hubieran preferido a otra persona. Era evidente que sabían que su Jefe no estaba de acuerdo ya que, en caso contrario, no se hubieran animado ni a insinuar la salvedad, por lo que vino a convertirse en un final casi esperado el nombramiento de otro camarada con destino La Habana.

LO ocurrido con el Sodre superó, sin embargo, todas las marcas. Alegando precipitación e ignorancia, el Ministro de Educación y Cultura difundió el nombre de tres personas para el Consejo Directivo ("Me equivoqué al designarlos tan rápido", dijo), sin darse cuenta que disponía de sólo dos lugares para el Frente. No tuvo en cuenta aquella vieja frase según la cual el que se precipita, se precipita. Y para salir del pozo en que había caído y mantener en su cargo a la Sra. Cristina Fernández, no se le ocurrió mejor solución que promover la sanción de una ley elevando de tres a cuatro el número de miembros del Consejo Directivo, lo que no sólo es innecesario sino que además, atenta contra el principio de contención de gastos proclamado por el Presidente y casi enloquece a unos abogados del organismo, a quienes se encomendó la búsqueda imposible de fundamentos lógicos para tan disparatada iniciativa.

No tuvieron la misma suerte la Sra. Laura Cabrera, que se dijo primero que iba a ser subdirectora de Sepredi y terminó designándose en el cargo al Sr. Gustavo Antúnez; ni la Sra. María Urruzola, que ya estaba cumpliendo tareas en la misma Sepredi, contribuyendo a la parafernalia de los actos del 1º de marzo, y que después quedó afuera; ni el Sr. Fernando Nopitsch, cuyo nombre se indicó primero para la Presidencia de O.S.E. y que terminó degradado a una simple vicepresidencia; ni —en parte— la Sra. Lilián D’Elía, candidata a integrar el Codicen, que resultó cuestionada por sorpresivos huracanes gremiales.

MAS de uno recordará que en el Congreso del Frente que tuvo lugar en el Palacio Peñarol, encargado de proclamar la fórmula presidencial y aprobar el "Programa del Cambio", circuló una moción, —que no llegó a presentarse—, donde se declaraba que, en el caso que ganaran las elecciones, ninguna persona que hubiera estado vinculada a la llamada reforma "Rama" podría ocupar cargos en los entes de enseñanza. Pese a la negativa tácita del Congreso al no considerarla, algunos sectores quisieron imponerla ahora, encontrándole a la ciudadana propuesta un remoto antecedente colaboracionista que casi le costó el puesto. Cualquier similitud con otros tiempos antisemíticos es pura coincidencia.

Un nombre es más que la persona que lo lleva; es su familia y su pasado; su presente y lo por venir; su país y su tradición. Coincidiendo con ese criterio, el democrático y tradicional Partido Nacional manejó discretamente el de sus candidatos y, por el respeto que se merecen, los defendió con energía.

El Frente Amplio, por el contrario, recurriendo más al manoseo que a la consideración, ha acreditado que es un partido político diferente. A cada lector corresponderá calificarlo.

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