La consigna parece ser destrozar la tradicional identidad de los uruguayos, arrebatarles personajes, símbolos y acciones que durante años fueron pacífica y orgullosamente aceptados por las distintas generaciones y eran un elemento de unidad, reconocimiento y regocijo de todos los ciudadanos. El objetivo parece apuntar a quitar todo aquello que viniera desde el fondo de nuestros tiempos, que era sagrado y común a todos, ideas o estereotipos que nos hacían sentir como hermanos, dentro de un pequeño territorio, pero con un alma que palpitaba con sentimientos similares, se emocionaba y nos daba el perfil de una Nación, nuestra Nación.
Este país ha sido referente en el mundo de seriedad, respeto a valores y principios democráticos, compromiso con ellos. Que en los últimos cincuenta años se vio empañado por una guerrilla, es cierto; que ella nos trajo una oprobiosa dictadura, es cierto; pero que el pueblo uruguayo se plantó firme frente a ella, le abrió la puerta y la empujó para que se fuera, también es cierto. Que recuperamos nuestra democracia, la plena vigencia de nuestras instituciones republicanas, que perdonamos a los que se habían alzado contra ellas -de un lado y del otro-, es parte de nuestra mejor historia.
Eso lo hicimos los orientales. Los mismos -si creemos en la existencia de una continuidad histórica- que empezamos a pelear por la independencia tras la huella de José Artigas, que el 18 de mayo de 1811 obtuvimos nuestro primer y resonante triunfo militar en la batalla de Las Piedras, que con los 33 Orientales, un 19 de abril de 1825 desembarcamos en la Agraciada para continuar la lucha, que el 25 de agosto del mismo año declaramos nuestra independencia en la Piedra Alta de la Florida y que un 18 de Julio de 1830 juramos la primera Constitución y consolidamos esta República, libre e independiente.
Pero en forma lenta, meticulosa y artera se ha ido minando todo eso que se había construido desde los albores de nuestra independencia, la lucha heroica contra los opresores, los jefes que la encabezaron hasta llegar a la creación de nuestra República Oriental del Uruguay y luego, con errores, excesos (¿quién no los ha tenido?) y también muchas virtudes y un formidable cariño por la Patria, forjar nuestra nacionalidad.
Así vimos como de un plumazo desaparecieron los grandes fastos de nuestra historia de las celebraciones oficiales, concentrando todo, sólo en el 19 de junio, fecha del nacimiento del prócer José Artigas, a la que se pretendió agregar el compromiso del Nunca Más.
Las otras fechas fueron relegadas. ¿Acaso porque en ella fueron protagonistas los jefes artiguistas que luego dieron vida a los Partidos Fundacionales? ¿Molesta que Lavalleja, Rivera y Oribe hayan jugado un papel principalísimo? ¿Era necesario escribir otra historia sin la presencia de ellos?
No fue un hecho aislado; la embestida había empezado antes desde la Intendencia de Montevideo con el cambio de su tradicional escudo; luego se eliminó el Escudo Nacional de las comunicaciones oficiales y se lo sustituyó por un medio Sol (¿símbolo de un Uruguay partido en dos?) y ahora escuchamos el Himno Nacional en ritmo de murga. Lisa y llanamente nos pareció una brutal falta de respeto. El argumento de que en Estados Unidos o en otros países se hace lo que se quiere a la hora de cantar el himno, es tan ridículo como estúpido. Es un problema de ellos y que lo hagan no significa que haya que copiarlo, ¿o acaso somos tan cipayos del "imperio"?
No hay crítica a Freddy Bessio, que cantó en forma maravillosa y con extraordinario respeto. El tema no es ese. Se trata de respetar los símbolos de la Patria tal como son, porque si cada cual lo hace a su antojo se presta a una confusión con tufillo a manoseo. El Himno es el Himno. También la Bandera Nacional puede modernizarse, modificar sus franjas o el Sol, pero sería una falta de respeto o no sería nuestra bandera. Lo mismo que al Escudo, si le sacamos la balanza de la Justicia porque tiene "hedor a venganza", o el caballo de la Libertad, porque ésta es una creación burguesa. Sólo faltaría que cambiamos el nombre de República Oriental del Uruguay por República Popular Frenteamplista. Sería más coherente ya que la historia de nuestro país parecería haber empezado el 1° de marzo de 2005 y todo lo anterior es basura.
Mientras no se haga, convendría recordar que los símbolos patrios están para ser venerados y respetados. Que forman parte de nuestra identidad, algo que a todos nos une -no que nos separan- y son propiedad de la Nación no de algunos intelectuales que sumidos en su confusión quieren hacer con ellos lo que les plazca..
Que hay muchas maneras de hacer historia, aunque nunca tantas como para deshacerla.