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En pocas horas comienza la veda en materia publicitaria respecto a la LUC. Un plazo verdaderamente necesario, en medio de una de las campañas más sucias que se haya visto en mucho tiempo.
Si alguna vez hizo falta un “período de reflexión”, como son estas horas previas a una elección, es ahora. Apenas en la última semana hemos visto que la oposición ha lanzado arremetidas tan delirantes para intentar minar el apoyo a esta ley que van desde vincular una supuesta agresión de parte de guardias de seguridad privados de un local bailable con la LUC, hasta orquestar una denuncia periodística contra uno de los principales dirigentes de la coalición de gobierno, que no fue más que replicar una versión interesada sin aporte propio alguno.
Pero dejando de lado todo este “ruido”, en la recta final de esta campaña es bueno concentrarse en dos elementos que deberían ayudar a decidir a cualquiera que esté consustanciado con el futuro del país.
Si hay dos temas centrales para que ese futuro nacional sea próspero y con mejoras claras en la calidad de vida de los uruguayos, son la seguridad pública y la educación. Ambos, se juegan mucho en las urnas este domingo.
Hablando de seguridad pública, las gestiones del Frente Amplio apostaron claramente a un modelo. Un modelo inspirado en una mirada causalista del delito, que cree que el delincuente es víctima de un sistema injusto, y no alguien que de forma consciente toma decisiones equivocadas. Un modelo ideológico, y que no ha funcionado en ningún país.
¿Vamos a cortar este incipiente camino de mejora? ¿Le vamos a entregar el país de nuevo a los fanáticos y a los que no pudieron hacer nada cuando tuvieron todo para mejorar en estos dos rubros clave?
Dicho esto, ese modelo contó para su implementación en Uruguay con dos cosas clave. Primero, plazo y estabilidad. El ministro Bonomi y su equipo tuvieron una década de apoyo político absoluto para implementar ese modelo, cambiar jerarcas, modificar organización, todo. Contaron además con recursos materiales más que suficientes, ya que coincidieron con un tiempo de bonanza económica que permitió al gobierno mejorar salarios, comprar equipamiento, armar incluso una estructura de comunicación más que ambiciosa para mostrar sus “logros”.
Los resultados, después de una década de este proyecto, fueron de un fracaso esplendoroso. Desde los datos duros, hasta el propio clima social en materia de seguridad, son expresivos de que no se logró nada. Es más, los propios jerarcas y sus comunicadores “amigos” empezaron a justificarse diciendo que teníamos que acostumbrarnos a eso. Por suerte eso no pasó, la gente votó otra opción, y los datos muestran que se ha mejorado sostenidamente.
¿Queremos cambiar eso ahora? ¿Le vamos a dar la razón a los que fracasaron durante una década sin justificación?
El segundo tema es la educación. Toda la gente entendida del tema en Uruguay reconoce que tenemos un problema muy grave en materia educativa en el país. ¡Menos de la mitad de los jóvenes terminan la secundaria!
Casi tan unánime como esta conclusión, es cual debería ser el camino para mejorar. Y pasa por reducir la burocracia en los organismos que dirigen la educación, a la vez que dar más autonomía a los centros educativos, tanto para seleccionar a su personal, como para experimentar con los contenidos.
Solo hay un sector que rechaza los datos de que la educación en Uruguay va barranca abajo. Y que se niega a aceptar las medidas que tibiamente van en camino que recomiendan todos los expertos, incluidas en la LUC. Y son los sindicalistas radicales que dominan la educación, corresponsables directos en el estado lamentable de las cosas.
Durante los 15 años del Frente Amplio se aumentaron recursos y se apostó a la postura de los gremios, dándoles poder político y beneficios económicos. Los resultados siguieron siendo lamentables. Y cuando Tabaré Vázquez quiso hacer algo para cambiar, tuvo una revuelta interna, y todo quedó igual. Este gobierno asumió el reto, y empezó a cambiar cosas. No se crea que lo que está en la LUC es una revolución ni nada parecido. Pero es apenas el inicio de un camino en la dirección correcta. Que ahora enfrenta este desafío del estamento sindical para que todo siga como siempre.
Como ciudadano, cada uruguayo tiene la responsabilidad de tomar una decisión este domingo, que impactará fuertemente en la vida futura de toda la sociedad. La pregunta es, ¿vamos a cortar este incipiente camino de mejora? ¿O le vamos a entregar el país de nuevo a los fanáticos y a los que no pudieron hacer nada cuando tuvieron todo para mejorar en estos dos rubros clave?
La respuesta, estimado lector, la tiene usted este domingo en las urnas.