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La agenda política ha estado marcada en los últimos dos meses fundamentalmente por la discusión sobre el incremento de algunos precios de la canasta de consumo, a raíz de la entendible preocupación de los uruguayos por este tema.
Es indudable que estos movimientos en los precios tienen un impacto directo sobre la capacidad de consumo de las personas, especialmente entre las de menores ingresos, por lo que la atención al asunto desde el gobierno y la oposición es estrictamente razonable.
La problemática requiere cierto contexto, partiendo por el golpe derivado de la situación internacional. En primer lugar, porque las políticas monetarias expansivas que se desarrollaron en muchos países para incentivar la recuperación económica luego de la crisis derivada por la pandemia ya había provocado un alza importante de los índices de inflación en casi todo el mundo. En este sentido, el caso uruguayo en 2021 dónde el índice de precios al consumo disminuyó respecto al año anterior fue una excepción a la regla.
En segundo lugar, como es evidente, la guerra en Ucrania, la menor oferta de algunos bienes al mismo tiempo que una mayor demanda provocaron un nuevo shock de precios. La buena noticia para el país es el nivel de precios de algunos productos de exportación como la carne, la leche o la soja que se ubicaron en términos similares al boom que cesó hacia 2013 - 2014. La mala noticia fue que el incremento del precio del petróleo tiene un natural e inevitable impacto en el precio de los combustibles, con su derrame en otros precios de la economía. Es este segundo impacto el que sumado al anterior está causando que en Europa, Estados Unidos y la región se estén batiendo récords de inflación que no se veían desde hace 40 años.
La economía tiene sus reglas y luchar contra ellas en forma voluntarista suele ser una fórmula condenada al fracaso. A veces hay eventos desafortunados contra los que simplemente no hay muchos más remedios que esperar que sea el propio mercado el que los aplaque, lo que finalmente ocurre si se toman las medidas adecuadas desde la política económica. Vale decir, enfrentar esta situación con medidas populistas de alto costo fiscal no solo tendrá un impacto cuasi nulo sobre el nivel de precios sino que comprometería uno de los grandes logros de nuestro país en los últimos años, que es la mejora en los indicadores fiscales y en la perspectiva de la calificación de riesgo soberano.
La economía tiene sus reglas y luchar contra ellas en forma voluntarista suele ser una fórmula condenada al fracaso. Las medidas populistas a quien más perjudican es a los más necesitados.
El presidente de la República ha venido recibiendo distintas propuestas de los partidos socios de la Coalición, así como también desde el Frente Amplio. Las medidas que se han tomado hasta ahora, centradas en la carne, fideos y aceites ciertamente no han buscado alterar el IPC, sino amortiguar el impacto del incremento de precios sobre los consumidores, lo cual tiene sentido en las actuales circunstancias.
Es posible ampliar algo estas medidas, por ejemplo, llegando a algunos artículos más o ampliando el mes de aplicación originalmente previsto, pero tampoco contamos con un gran arsenal de municiones para disparar sobre el objetivo inflación. Si grandes potencias como los Estados Unidos se han tenido que conformar con una inflación anualizada a marzo de 8,5% es que realmente no es tan sencilla la tarea de atajar un aumento generalizado y sostenido de precios. Los congelamientos de precios propuestos, o que los supermercados dejen de ganar dinero en algunos artículos ciertamente son medidas desencaminadas. El salir rápidamente a repartir dinero a trabajadores o jubilados se parece mucho a lo que se hace en la vecina orilla de nulos resultados sobre el nivel de vida de las personas y consecuencias fiscales y monetarias perversas.
El desafío no es sencillo, pero el problema requiere actuar con seriedad. Las medidas populistas a quien más perjudican es a los más necesitados, que terminan sufriendo más que nadie las inestabilidad macroeconómica que generan. El alza del nivel de precios es, en buen romance, inevitable, y la acción sobre algunos precios concretos parece una decisión acertada y necesaria.
Seguramente veamos bajar los actuales niveles de inflación hacia el segundo semestre y nuestro país culminará el año con una inflación muy razonable en términos de lo que será la comparación internacional en 2022. Mientras tanto, le economía crecerá este año a una tasa superior al 4%, se generarán más de 40.000 empleos, aumentará el ingreso de los hogares y disminuirá la pobreza. Mirando todos estos factores, sin comprometer lo fundamental, es como el país logrará atravesar esta tormenta de precios de forma exitosa.