El candidato Orsi y el narcotráfico

El intendente de Canelones, e inminente precandidato, Yamandú Orsi, hizo declaraciones fuertes. Señaló, que “la clase política no es consciente de los riesgos que corremos de no atender bien ni entender bien la magnitud del narcotráfico y del crimen organizado”.

Se trata de una afirmación que contiene amplia dosis de algo que se ha vuelto demasiado común en la política; aborda un tema serio y sensible, parece decir mucho, pero en el fondo no dice absolutamente nada. ¿Quién no es consciente de los riesgos del narcotráfico o del crimen organizado en Uruguay? Desde hace años que la seguridad es un tema central en la agenda pública, se han votado cantidad de leyes y reformas al Código Penal para intentar frenar el problema. ¿Acaso Orsi propone algo novedoso y diferente? No hemos escuchado nada en ese sentido.

Pero las palabras del inminente precandidato esconden dos problemas.

El primero, es que parecen obviar el pequeño detalle de que Orsi, más allá de sus buenos modos, talante amigable, y tono dialogante, es el precandidato del MPP. Y ese grupo político controló de forma excluyente las políticas de seguridad en este país durante al menos una década. En ese plazo no solo no se hizo nada demasiado efectivo para enfrentar al narcotráfico y al crimen organizado. Sino que los mismos crecieron de manera significativa, al igual que las cifras de delitos vinculados a estos delitos, como ajustes de cuentas, embarques de drogas, o extorsiones y acoso a vecinos honrados en barrios de contexto crítico.

Es más, en tiempos en que varios dirigentes de ese sector político azuzaron la mentira de que podría haber vinculaciones del actual gobierno con el narcotráfico, o de que existiría una “asociación para delinquir” en la Torre Ejecutiva, hace pocos días un tribunal condenó a una persona por estar vinculada al transporte de más de cuatro toneladas de cocaína a Europa. Y resulta que esa persona tenía vínculos políticos con el MPP.

Es más, en el hipotético caso de que Orsi llegara a ser el próximo presidente del Uruguay, lo más probable es que el ministerio del Interior vuelva a estar en manos de gente como Charles Carrera, o Mario Layera, figuras centrales de las gestiones del fallecido Eduardo Bonomi. Y personas tan eficientes en su lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, que permitieron que el mayor capo mafioso italiano, se escapara de la cárcel Central olímpicamente. Y que habilitaba que el mismo tuviera encuentros amigables con otro dirigente de un cartel de droga mexicano. De nuevo, ¿quién no es consciente dentro del sistema político nacional de los riesgos del narcotráfico y el crimen organizado?

El segundo problema serio es que no hay grandes medidas políticas que se puedan tomar desde un país como Uruguay para enfrentar este gravísimo tema. La guerra contra las drogas, impulsada tanto por los sectores más conservadores como por los colectivismos de izquierda, ha fracasado de manera rotunda. Y a menos que haya un cambio de enfoque muy radical a nivel mundial, no como el absurdo proyecto de estatización de la marihuana en Uruguay, los márgenes de ganancia que deja el narcotráfico, le permiten al crimen organizado tener una capacidad económica inmanejable para un país como el nuestro.

Hay sí un par de cosas que se pueden hacer. Primero, ser muy celosos en la aplicación de la ley a todo nivel, y mostrar a estas organizaciones que nuestro país no es un blanco fácil desde donde operar. Y, por otro, tener una policía eficiente y capaz, que impida el desarrollo de guetos liberados para el narcotráfico en nuestro territorio. Ambas cosas, parecen haber mejorado mucho desde la salida del MPP del ministerio del Interior. Y no se ve que Orsi haga ningún tipo de propuesta innovadora, o ni siquiera autocrítica de los años en que su grupo político manejó la seguridad del país.

Entonces, más allá de las palabras obvias, y los diagnósticos repetidos y predecibles, no queda claro a qué apunta el inminente precandidato con este tipo de afirmación. Afirmación que parece tirar al sistema político en su conjunto la responsabilidad de un problema que obligaría a mirar para su propio lado. Y para el que en el fondo, no se ofrece nada nuevo.

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