Ceder ante el mal ¡jamás!, luchar incansablemente ¡siempre!” fue la contundente respuesta del joven presidente ecuatoriano Daniel Noboa (36 años) ante la ofensiva narco que arremetió contra la prensa, en un ataque en vivo y en directo que dio la vuelta al mundo y sacudió duramente al país.
Hombres encapuchados, con fusiles y granadas, tomaron un canal de televisión pública durante el noticiero del mediodía, sometieron a los periodistas e hirieron a dos trabajadores. Fue un claro mensaje de grupos narcos para infundir temor y marcar su presencia, en una nación que viene muy golpeada por las bandas terroristas de las drogas.
Guayaquil, ciudad portuaria y la segunda de Ecuador por su importancia, hace tiempo que se ha convertido en el principal escenario de la violencia narco. Es más. Esta ofensiva se inició el pasado domingo cuando Adolfo Macías alias “Fito”, uno de los capos más temidos y jefe de la principal banda criminal del país (se estima que existen 22 bandas) conocida como “Los Choneros”, desapareció de la prisión de Guayaquil. Nadie dio explicaciones de cómo pudo ser su escape, porque no hay carcelero que arriesgue su vida.
La huida de Fito desencadenó una violenta arremetida y motines en distintas cárceles, con un saldo de más de 16 muertos, 178 funcionarios retenidos por los presos y distintos ataques terroristas en locales de la ciudad de Guayaquil. 48 horas después de la fuga de Fito, escapó otro jefe criminal, Fabricio Pico, uno de los líderes de los Lobos, enemigo de Los Choneros, acusado entre otras cosas de planificar el asesinato de la fiscal general.
Desde hace poco tiempo pero con inusitada violencia, Ecuador se ha transformado en un nuevo bastión del tráfico de drogas, con proliferación de bandas enfrentadas por el control del territorio, pero unidas en su guerra contra el Estado.
Pero el tema de los narcos de Ecuador no son un hecho aislado. Es solo uno más del auge que se viene dando en esta región del mundo de la mano de los narcotraficantes. Veamos un poco como al boleo: Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia son centros tradicionales de las bandas narco. A eso hay que sumarle la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) por donde anda o anduvo en estos días nuestro conocido Sebastián Marset. Ese es uno de los puntos top para este negocio de plata o muerte. Allí tiene su territorio el Primer Comando Capital, surgido en 1992 en la cárcel brasileña de Carandiru, tras un sangriento motín.
Un informe de la BBC de Londres recoge la opinión del Centro de Investigación del Crimen Organizado que considera que “esta organización criminal es la más grande y mejor organizada del Brasil, cuenta con miembros en la mayoría de los estados del país y controla las rutas de tráfico de droga entre Brasil, Bolivia y Paraguay”. Y más adelante apunta que “cada vez hay más evidencia de que el grupo está incursionando en otros países del continente, incluido Perú, para el tráfico de cocaína, y Uruguay, para la exportación de drogas a África y Europa”, algo que suena bastante conocido.
También tenemos muy cerca de Uruguay lo que ocurre en la Argentina, sobre todo en la ciudad de Rosario. Se ha convertido en un escenario donde pululan las bandas de narcos, con su secuela de delitos y violencia. La frontera con Uruguay es fácilmente agujereada, mientras que los barrios rosarinos se manejan con toque de queda de acuerdo a las informaciones que manejan las fuerzas de seguridad.
Uruguay, mientras tanto, sufre diariamente las consecuencias de grupos criminales en forma de ejecuciones y de menores que se vuelven consumidores. Pero el tema de la droga y el narcotráfico sigue y crece. Ocurre simplemente que los delincuentes reclutados por el hampa se multiplican mucho más rápido que aquellos apresados por las fuerzas de seguridad. Es muy fácil: los delincuentes “laburan” las 24 horas, pero la lucha contra ellos es de tiempo parcial. De noche no se trabaja porque los allanamientos están vetados por la Constitución.
Hay solo cuatro países en el mundo que no permiten los allanamientos nocturnos: Uruguay, Cabo Verde, Mozambique y Guatemala. ¿Por qué? Es una disposición que estaba de moda en el siglo XIX. Los jueces y fiscales hoy dan garantías que antes eran bastante complicadas. Dar ventajas hoy al narcotráfico es directamente regalarse y regalar a todo un país. La Coalición Republicana apuesta a un cambio en la Constitución que permita pelear de noche contra el narco también.
El Frente Amplio no está de acuerdo. Así van.