Dilma abre sus cartas

Desde que terminó el proceso electoral en Brasil, con la previsible victoria de la candidata oficialista Dilma Rousseff, la gran incógnita era cómo encararía su gestión la primera mujer presidente de la historia del país. Si bien se daba por descontado que sería una prolongación del gobierno de Lula, que fue su "inventor" político, había dudas sobre si Dilma podría dar a su gestión un giro hacia la izquierda, de acuerdo a sus orígenes políticos.

Esta definición resulta clave para una región, donde Brasil se ha convertido en la gran locomotora económica, y especialmente para Uruguay, de quien el vecino norteño es hoy el principal socio comercial. Se suma a esto la ansiedad general por ver cómo manejará el nuevo equipo económico el vital aspecto de la cotización del Real, una de las principales víctimas de la "guerra global de divisas" que bautizara el propio ministro de Economía de Brasil, Guido Mantega.

Tal vez por eso es justamente en el área económica que la nueva presidente ha estado más activa. Si bien en un comienzo generó algún revuelo con la salida del presidente del Banco Central durante los ocho años de Lula, Henrique Meirelles, un "ortodoxo" que presidió el Bankboston en Estados Unidos y que defendió a rajatabla la independencia de su oficina, las aguas volvieron rápido a su curso. Se ratificó la continuidad del ministro Mantega, y se nombró como sucesor de Meirelles a un hombre de su confianza, Alexandre Tombini. Para reafirmar el rumbo, y dar un respiro a quienes desde Uruguay viven desvelados por el temor a una devaluación en Brasil, el ministro Mantega anunció un paquete de medidas para controlar la cotización del Real. Entre ellas un fuerte recorte del gasto público para así poder bajar las tasas de interés y reducir el endeudamiento público. Esto busca frenar el ingreso de capitales especulativos, algo que ya se había intentado con el aumento doble que tuvieron los impuestos a las operaciones financieras para las inversiones extranjeras en colocaciones de renta fija.

La otra área clave en la que Dilma ha mostrado que seguirá la línea de Lula es la política exterior. El nuevo canciller, Antonio Patriota, es un funcionario de carrera de Itamaraty, mano derecha de su antecesor Celso Amorim, y un hombre pragmático y preparado. Fue embajador en Washington, mantiene excelentes relaciones con EE.UU., y su principal interés ha sido la reformulación del Consejo de Seguridad de ONU, donde Brasil busca hace años un puesto fijo. También ha sido confirmado en su puesto el asesor político Marco Aurelio García, hombre clave en la articulación con los gobiernos latinoamericanos, en una muestra de que continuará la política pragmática de Lula de exhibir una postura próxima a la izquierda tan en boga en la región, pero trabajando muy cerca de Washington en los temas importantes.

Por encima de estas dos grandes áreas, el resto del gabinete conocido hasta ahora muestra señales de lo que un analista brasileño definió como "continuismo pragmático" de Dilma. Han sido mantenidos los ministros de Defensa Nelson Jobim (el cual según WikiLeaks es gran aliado de EE.UU.), así como el de Agricultura, Wagner Rossi, hombre cercano al "agronegocio", con tanta influencia en Uruguay. También regresa como Jefe de gabinete Antonio Palocci, primer ministro de Economía de Lula, que debió renunciar tras el escándalo del "mensalao", y se habla de la posible incorporación del empresario Jorge Gerdau, un guiño para el poderoso sector industrial de San Pablo.

Este panorama auspicioso se ve, según analistas brasileños, opacado por dos dudas. La primera es cómo resolverá Dilma el protagonismo de Lula, quien ya ha intervenido más de la cuenta en el delicado proceso de transición. La otra es si se trata de una continuidad honesta, o si pasados algunos meses, y aprovechando las elecciones municipales de 2012, en las que varias figuras del gobierno aspiran a cargos importantes, la nueva presidente buscará darle un tono más personal a su gabinete. De cualquier manera, lo visto hasta ahora permite albergar un cauto optimismo de que las políticas de Brasil sigan siendo las que lo han llevado a convertirse en la gran potencia emergente global y las que, aunque sea por contagio, han favorecido esta época de bonanza histórica que viene disfrutando Uruguay.

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