Por casi 50 años, Daniel Rodríguez Oteiza fue un puntal de la redacción de El País.
La noticia de su repentino fallecimiento, ayer, en la noche, ha conmovido a todos los integrantes de la gran familia del diario. No sólo de la redacción; de comercial, de administración, de la imprenta. Es que para Daniel, el diario, sus pasillos, sus escritorios, su gente, eran mucho más que elementos de un lugar de trabajo. Eran su vida.
Ingresó a El País luego de la clausura de Acción, y desde ese día, hizo todos los trabajos que en todo este tiempo y con todos los cambios tecnológicos, se han podido hacer en un diario. De crónicas parlamentarias a editoriales, de tapas con titulares a seis columnas, a coberturas de sociales.
El hecho de haber sido durante muchos años editor de cierre, esa persona que se queda hasta la madrugada para que el diario salga puntual y perfecto, hacía que sus horarios fueran a contrapelo del resto de los humanos. Verlo llegar sobre las 5 o 6 de la tarde, siempre sonriente con su taza de té, en el momento en que la redacción ingresa en su pico de frenesí, era una postal clásica de El País. Y su campechano paseo por la redacción, siempre dispuesto a una charla, a un comentario, una seña de identidad del diario.
Daniel mostró una dedicación, una pasión y un compromiso con la tarea, muy difícil de encontrar hoy en día. Lo vamos a extrañar.