Ancap se le acabó la paciencia”, dijo el presidente de su directorio refiriéndose al sindicato. A los uruguayos también.
¿Qué problema tienen los trabajadores sindicalizados de la empresa pública, que están en permanente conflicto? Los uruguayos no lo saben, y si lo saben, no lo entienden.
Los sindicalistas dicen que el conflicto es a causa de la decisión de Ancap de asociarse con alguna empresa privada para rescatar el sec- tor pórtland, que funciona a pura pérdida.
Para el sindicato, eso sería una privatización. Habría que señalar que la solución propuesta no se refiere al conjunto de Ancap. Por eso la empresa entiende que simplemente busca un socio para hacer viable lo que hasta ahora no lo ha sido.
Los empleados de Ancap, sea cual sea la decisión que tome la empresa, no perderán su empleo ni se les reducirá su salario. Por lo tanto, en lugar de parar deberían celebrar. Trabajan en un área que sufre un drenaje constante de dinero, pero sea cual sea la solución final sus puestos no corren peligro.
¡Cuántos trabajadores del sector privado estarán envidiando ese enorme privilegio!
Por lo tanto, si no están parando por cuestiones que afecten su continuidad laboral y salarial, ¿por qué paran? Parecería que quieren ocupar el lugar del directorio y ser ellos los que decidan las políticas empresariales: una usurpación de funciones.
La cosa es más complicada aún. Paran por algo que no tiene sentido y además vuelven a parar porque no se les paga los días no trabajados.
Se trata entonces de medidas sindicales tomadas sin un atisbo de riesgo. Pueden llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias porque saben que no pierden nada.
Ni en las normas que regulan a la empresa ni en la Constitución está prevista una “codirección” entre directorio y empleados sindicalmente organizados. Lo cual es lógico que sea así.
Si los dirigentes de Fancap creen que tienen a la empresa acorralada al lograr que “pierda la paciencia”, sería bueno que sepan que los uruguayos en este tema apoyan a la empresa. Y lo hacen por el simple motivo de que ella tiene razón a lo largo y ancho, de principio a fin.
Que el sector que produce pórtland trabaje a pérdida desde hace años y en forma constante, implica que los uruguayos estamos subsidiando su funcionamiento. Es decir que para que esa área siga funcionando con números en rojo, pagamos más caro otros productos de Ancap. Básicamente, la nafta.
Por lo tanto, con su protesta, el sindicato está dañando a la gente y está trancando la buena marcha del país. Perjudica a los uruguayos sobre un asunto que a sus afiliados no los daña.
Sería hora que los uruguayos, siempre mansos en estas encrucijadas, se lo hagamos saber al sindicato. Que entienda que su reclamo es perjudicial para el país y para los verdaderos dueños de la empresa pública.
Es que el problema es que el sindicato actúa como si fuera el dueño de Ancap. Como se trata de una empresa estatal, insisten en que es “nuestra”, dando a entender que eso nos incluye a todos, cuando en realidad piensan que el “nuestro” se aplica solo a ellos, el sindicato. Habrá que recordarle otra vez más, que no es así y por lo tanto procede mal.
El directorio de la empresa fue designado por un gobierno elegido por la gente en las urnas, con venia de un Senado también elegido por la gente. Los dirigentes sindicales, sin embargo, fueron elegidos tan solo por los afiliados a la Federación, que ni siquiera son todos los empleados de Ancap.
Ni en las normas que regulan a la empresa ni en la Constitución está prevista una “codirección” entre directorio y empleados sindicalmente organizados. Lo cual es lógico que sea así, en la medida que los objetivos de uno son muy diferentes a los objetivos del otro.
Por lo tanto, las estrategias empresariales las decide el directorio y son indebidas las presiones ejercidas por el sindicatos para impedirlas.
En este caso, Ancap está enfrentado a una disyuntiva para cortar el enorme déficit que implica la producción de pórtland. Una solución es buscar un socio. La otra es cerrar ese sector en forma definitiva, que no por ello dejará de faltar pórtland en el país. No hay una tercera salida.
Si el sindicato insiste en tirar de la cuerda hasta el infinito, como parece ser su intención, terminará ocurriendo lo último: el cierre definitivo. Será una forma de sacarse el doble problema (el déficit y el conflicto) de una buena vez. Y aún así sus empleados no perderán sus puestos pues serán reabsorbidos en otras áreas de la empresa.
Los dirigentes de Fancap deberán revisar su postura y entender que el país no los acompaña. Como dijimos al principio, no es solo a la empresa que se la acabó la paciencia. Es a todos nosotros.