Credenciales le sobran

Es mujer, es joven, viene de Rivera, tiene una reconocida actuación como asesora legal de grupos feministas, trabajó en la Corte Electoral y desde que asumió la nueva directiva del Codicen con Robert Silva a la cabeza, se desempeña como secretaria general de dicho Consejo, lo que le permitió conocer desde muy adentro tanto el funcionamiento de la enseñanza como la transformación que se ha puesto en marcha.

Lo único que no ha hecho Virginia Cáceres Batalla, es dar clases en Secundaria. No es profesora liceal y eso alcanza para que el senador frenteamplista Sebastián Sabini considere que no reúne las condiciones para ejercer el cargo y por lo tanto, no corresponde votar a favor de la venia que confirmaría su designación.

No siempre ni en todo momento es necesario, ni siquiera es bueno, que quienes conducen la enseñanza pública vengan del carozo mismo de sus instituciones. A veces (no en todos los casos, es verdad) es saludable que su conducción esté en manos de personas que conocen el tema, que han trabajado en él, pero que en realidad provienen de otra área profesional y por lo tanto aportan una mirada abierta, sin ataduras ni compromisos.

Lo primero que hay que destacar, y que Sabini debió valorar, es que quien aspira a dirigir la Anep es una mujer. Nunca antes la dirección de esta institución estuvo en manos de una mujer. Muchas integraron, a lo largo de los años, el Consejo e hicieron valer su presencia, pero ninguna hasta ahora, presidió el organismo.

Este no es un dato menor, al que se suma el de su juventud. Con 40 años y una trayectoria muy rica y variada, Virginia Cáceres Batalla aportará una visión generacional distinta, novedosa, que mucha falta hace.

Los argumentos del senador Sabini son endebles pero no inesperados. Si el candidato hubiera sido un veterano profesor de Idioma Español con 30 años de trabajo en un liceo barrial de Montevideo, también lo hubiera vetado y para ello encontrado otros argumentos que justificaran su postura. Y si hubiera habido un tercero, con un perfil totalmente distinto a los anteriores dos, también se hubiera opuesto.

La cuestión, para el senador frentista, no es si el candidato reúne o no condiciones, es si lo designa la dirección de esta Anep y lo propone este gobierno. Por lo tanto, sea quien sea, hay que oponerse. Urge ponerle trabas a todo lo que venga del actual gobierno,

Credenciales tiene Virginia Cáceres, y de sobra. Su tarea en estos años le permitió participar de decisiones claves y conocer muy a fondo el funcionamiento de la enseñanza pública de este país. Quizás mucho más que el mejor de los profesores que haya dedicado su vida a enseñar su asignatura en un liceo como hay tantos y cuyos méritos podrían ser bien evaluados en otra coyuntura de la enseñanza, no en esta.

Este es un asunto que los sindicatos de la educación nunca entendieron. Ellos creen que por el solo hecho de ser sindicalistas o docentes, les corresponde dirigir los destinos de Anep.

La función sindical implica manejarse con habilidad en determinados terrenos, que corresponden a los de defender el área laboral y salarial de los profesores. A su vez, la docencia exige conocer bien la asignatura a enseñar y saber plantarse con firmeza y claridad en el aula. Ninguno de los dos fue formado, ni es esa su tarea, para diseñar políticas y estrategias globales en el área de la enseñanza. Son cosas bien distintas. Puede ocurrir, y en ese caso la valoración se haría según otros parámetros, que algunos profesores se hayan interesado en lo vinculado a políticas educativas y se hayan especializado tomando cursos de posgrado universitario.

Desde el momento en que Sabini rechaza a la postulante (y presuntamente con él, lo hace toda la bancada frentista), la pregunta ahora es cuál sería su modelo ideal para ocupar ese cargo. Qué tipo de perfil es el necesario. Presumimos que no está pensando en figuras emblemáticas de Fenapes como Marcel Slamovitz o José Olivera, que son militantes políticos, no sindicales (aunque digan serlo) y que sus alumnos hubieran preferido no tenerlos de profesores, no solo por sus peculiares cualidades como tales (por ellos mismos confesadas) sino por lo que faltan haciendo uso (y tal vez abuso) de su licencia sindical.

La nueva directora tiene que terminar el período iniciado por Robert Silva y dejar bien encaminada la transformación educativa en la que ella, desde su anterior cargo, se involucró. Lo sensato sería que se le otorgue la venia y permitir que cumpla con la tarea encomendada.

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