Combate a los cantegriles

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Si hay algo que debe ser prioridad de un gobierno es buscar soluciones para que sus ciudadanos y sus familias pueden vivir en una vivienda digna.

No en ranchos de lata, hacinados en una pieza, rodeados de aguas servidas y pozos negros, condenados a entornos que carecen de servicios mínimos donde campea el “pichi”, la droga y la delincuencia y solo pueden sobrevivir en la lucha del día a día.

¿Qué presente y qué futuro les espera? ¿De qué inclusión social, empezando por la educación, se puede hablar en esas condiciones y en ese contexto?

La Constitución de la República es muy clara además. El artículo 45 establece que “Todo habitante de la República tiene derecho a gozar de vivienda decorosa. La ley propenderá a asegurar la vivienda higiénica y económica, facilitando su adquisición y estimulando la inversión de capitales privados para ese fin”. Un mandato que muchos se han salteado.

No Luis Lacalle Pou. Desde su primera candidatura a la Presidencia, allá por 2014, el tema de los asentamientos ha sido una de las principales preocupaciones. Y hoy, ya Presidente, sin la presencia prioritaria de la pandemia que azotó al país durante dos años, está dispuesto a llevarlo adelante. Hay más de 600 asentamientos en el país donde viven unas 200.000 personas que esperan una ayuda y una oportunidad para vivir mejor. Un informe del periodista Sebastián Cabrera que publicó El País el pasado domingo (“Casa propia; apuran plan para cantegriles) describe la realidad que se vive en esta materia.

El gobierno ha puesto ahora el pie en el acelerador. No solo hay una planificación desde el Ministerio de Vivienda con la incorporación de la Dirección Nacional de Integración Social y Urbana (Dnisu) que tiene a la arquitecta Florencia Arbeleche (técnica y especialista en el tema, hermana de la Ministra de Economía) al frente del plan de regularización de los asentamientos, sino que se ha creado un fideicomiso con fondos del Instituto Nacional de Colonización que permitirá gastar hasta 240 millones de dólares en tres años en estos planes, en forma paralela al presupuesto ya aprobado del ministerio. “Es una nueva inyección que nos habilitan” explicó (muy satisfecha) la ministra Irene Moreira.

Desde su primera candidatura a la Presidencia, allá por 2014, el tema de los asentamientos ha sido una de las principales preocupaciones del hoy presidente Lacalle Pou. Y si hay algo que todos tienen claro, es que cumple con sus promesas electorales.

¿Mucha plata? ¿Poca plata? Es lo que hay. “Pensar en un país sin cantegriles cuesta 2.000 millones de dólares, Cuatro o cinco millones sale un solo asentamiento. Son unos US$ 1.200 el metro cuadrado”, señala la ministra.

El déficit habitacional en todo el país (también se trabaja con el Congreso de Intendentes y el Mevir) es enorme y, a esta altura, endémico porque salvo los esporádicos y solitarios intentos de Mujica presidente y su Plan Juntos, muy poco se ha hecho en años anteriores. La prioridad en tiempos frenteamplistas cuando eran épocas de “vacas gordas”, y el dinero ingresaba a paladas en el país, no fueron nunca los asentamientos sino las inversiones faraónicas en el Ancap de Sendic, la Pluna que “rescató” Astori, el Antel Arena de Cosse, la Regasificadora del propio Mujica, el Fondes y su velita al socialismo del mismo Mujica y los más de 70.000 funcionarios públicos que engrosaron la planilla burocrática estatal a impulsos de todo el Frente Amplio.

Si sumamos todo ese lastre de los pseudo gobiernos progresistas que tuvo el Uruguay durante 15 años, ¿cuántas viviendas, escuelas y policlínicas pudieron construirse en todo el país?

Antes, y durante años, fue época de mero asistencialismo y cero preocupación por cambiar la realidad. Ahora se va a hechos concretos para hacerlo.

Ya comenzaron las obras en varios asentamiento de Montevideo, sobre todo en el vasto paraje del Cerro y sus alrededores. Zonas como La Paloma, el Primero de Mayo, la Ruta, Juventud 14 y Pernambuco entre otras. El próximo 29 de abril se inaugurarán las primeras casas, y ya se está trabajando en un taller de realojo a los nuevos propietarios que incluye la explicación de la responsabilidad que implica ser propietario y, entre otras cosas, pagar cuentas.

Y se arranca fuerte en esas iniciativas no en una época de bonanza económica, sino con los números maltrechos que fueron heredados y luego por los efectos de una pandemia que se instaló en el país durante dos años, mató a miles de personas y exigió luchar todos los días y a toda hora, sin escatimar gastos, para vencer.

Solo es de esperar que al Pit-Cnt y su leal compañero el Frente Amplio no se les ocurra una nueva campañita para juntar firmas y promover un referéndum para hacer trizas esta iniciativa, que no hay dudas es muy buena.

Felices Pascuas.

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