¿Coalición en octubre y en mayo?

Se acercan las definiciones del año electoral y naturalmente se plantean distintos escenarios para la Coalición Republicana (CR) de manera de definir la mejor forma de comparecer a los comicios generales de octubre de 2024 y a los departamentales de mayo de 2025.

Hay un supuesto que ya nadie pone en duda: se enfrentarán dos grandes coaliciones, la CR por un lado y el Frente Amplio (FA) por el otro. Sin embargo, más allá de esa evidencia, es claro que la estructura de ambas es muy diferente. El FA es un tejido de colcha de retazos izquierdista en el que la última palabra siempre termina siendo la de los tupamaros y los comunistas; y la CR está formada por cinco partidos distintos, ligados por un compromiso programático nacional y, en cada departamento, vive circunstancias municipales diferentes.

La clave está en definir para la CR cuáles son los mejores mecanismos electorales que le permitan sumar sus votos para alcanzar una mayoría que supere a los apoyos que obtendrá el FA. Para las elecciones generales de octubre, es evidente que ese mecanismo es la reedición del viejo principio de acumulación sectorial que desde siempre caracterizó a nuestro sistema de partidos.

Con la reforma de 1997, esa acumulación se da para el mes de octubre, con la comparecencia de distintos partidos, con sus candidatos a presidente y sus listas parlamentarias, de manera de que sea el pueblo votando el que decida qué orden de preferencia tiene cada uno, y cuáles son sus reales apoyos populares. Con las cartas vistas, entre octubre y noviembre los partidos de la CR se pondrán de acuerdo en un compromiso por el país para gobernar en el período 2025- 2030. De esa forma todos apoyarán al candidato a presidente más votado que disputará la presidencia en el balotaje contra el candidato del FA.

En este esquema, la CR debe dejar que cada partido actúe con libertad, captando apoyos allí en donde mejor se siente y sintonizando así con un amplio abanico de sensibilidades ciudadanas. Limitar la coalición para octubre de 2024 haciendo que los cinco partidos comparezcan bajo un mismo lema, por ejemplo, es por tanto completamente equivocado, ya que el efecto “catch all” del rastrillo electoral más amplio se autolimitaría con un solo candidato a presidente, sin matices ni opciones diferenciadas.

Muy distinto es empero la arquitectura electoral para mayo de 2025. Primero, porque la Constitución prevé hasta tres candidatos a intendente por lema, algo bien distinto al candidato único presidencial por partido. Segundo, porque hay al menos ocho departamentos de enorme hegemonía partidaria histórica del Partido Nacional (PN). Y tercero, porque es evidente que en Salto, Canelones y Montevideo, la sumatoria de los partidos de la CR bajo un mismo lema es requisito necesario para poder disputar con chances al FA esas intendencias.

Así las cosas, la CR tiene que ser lo suficientemente pragmática como para dejar que en cada departamento las dirigencias de sus partidos definan qué ingenierías electorales quieren llevar adelante para ganar las municipales. El planteo de Cabildo Abierto (CA), por ejemplo, de exigir en cada departamento un candidato propio a intendente de los tres que habilita la Constitución para un mismo lema, y sino es así CA se presentaría de forma independiente en las municipales en todo el país, parece poco práctico: ¿por qué habría que darle a CA un candidato a intendente propio en Lavalleja, por ejemplo, cuando allí en 2020 la relación PN- CA fue de 24.000 votos contra 2.000? La exigencia de CA, con realidades como la de Lavalleja, implica poner una condición que, se sabe, es políticamente imposible de cumplir.

Es deseable que la CR se consolide en todo el país. Pero para ello debe aceptar la realidad tal cual es, y propiciar una comparecencia bajo un lema común allí en donde, efectivamente, el peso histórico de sus partidos o el tamaño de la circunscripción electoral sean tales que hagan que así convenga a todos.

Con ese sentido pragmático es que el Partido Colorado ha encarado el tema. Ese es el camino que debe seguir el PN a su vez, abriendo generosamente las puertas de su lema departamental a sus socios de coalición, como ya ocurrió en 2020, por ejemplo en Rocha, y que redundó en triunfos destacados, como por ejemplo los del propio Rocha o de Río Negro. CA deberá, aquí también, hacer madurar sus posiciones para que primen el pragmatismo y los intereses de toda la CR. De otra forma, estará obrando en favor de la estrategia del FA.

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